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TAMBIÉN LLEVA SU NOMBRE EL ARROYO CERCANO

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14/11/2025

¿Qué hizo Guillelmo para merecer el homenaje de un lago?

Su historia se vincula con la misión jesuita en Nahuel Huapi. Murió de manera repentina, según los historiadores de su orden, envenenado.
Los jesuitas en Nahuel Huapi, según Chingolo Casalla.
Los jesuitas en Nahuel Huapi, según Chingolo Casalla.

¿Qué hizo para merecer que uno de los lagos más bellos de la región lleve su nombre? ¿Quién fue Juan José Guillelmo? El espejo de agua fue noticia en los últimos días al producirse un accidente por el cual un vehículo se desbarrancó y cayó sobre el arroyo que se llama de idéntica manera. Es una zona muy visitada especialmente durante los veranos, pero creemos no equivocarnos si afirmamos que en general, se desconoce cuáles fueron las andanzas del sacerdote por estas latitudes.

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Su historia se relaciona con la misión jesuita que se erigió en la zona del Nahuel Huapi y su reconstrucción 30 años después de su abandono, cuando se produjo la muerte de Nicolás Mascardi (1673). En el verano de 1704, mientras su colega Laguna iba desde estas costas a Chiloé y retornaba, hizo su aparición en escena Guillelmo, quien inició por su parte la construcción de una iglesia.

Si bien los relatos de los historiadores religiosos destacan la facilidad con que los sacerdotes consiguieron conversiones y bautismos, también reparan en una serie de incidentes que demuestran que su permanencia por aquí no fue del todo aceptada. En 1706, Laguna quiso reprender a un machi que persistía en sus tradiciones y como respuesta, tuvo que soportar unas cuantas bofetadas. Por su parte, el oriundo de Cerdeña -Guillelmo- casi corre peor suerte, cuando boleadoras en mano, otro puelche buscó dar con su humanidad sin suerte.

Según el historiador jesuita Guillermo Furlong, la misión llegó a contar con tres religiosos, pero no fue extraña la presencia militar española, incluida la participación de “indios amigos”. El compañero de Guillelmo dejó de existir en un viaje, presuntamente envenenado al sur de Ruca Choroy. Sin embargo, según Francisco Fonck hay que poner en duda la hipótesis del envenenamiento porque para al menos una de las fuentes, el flamenco ya estaba mal de salud.

Para el chileno de origen alemán, que por su parte anduvo por aquí en 1856, existía “cierta tendencia a la exageración en las apreciaciones de los misioneros que se inclinaban a discernir fácilmente una corona de mártir a sus colegas, por considerarse una muerte violenta más meritoria que la natural, lo mismo que la de un soldado en campo de batalla”. Mártir o no, la gestión del flamenco se había limitado a cuatro años.

Al trascender su deceso, la Compañía de Jesús nombró Superior de la Reducción del Nahuel Huapi a Guillelmo, quien en rigor la había cofundado en conjunto con su malogrado colega. Al justificar su nombramiento, Furlong esgrimió que el sardo “poseía en grado eminente las tres lenguas que se hablaban en aquellos distritos, a saber, la chilena o araucana, la peculiar de Nahuelhuapí y la de los Poyas”.

Cantidad de vacas

Guillelmo quiso imprimirle al establecimiento otro carácter y “compró de los indios del norte cantidad de vacas, y pobló una pequeña estancia, para asegurar el alimento de los de la misión”. Si bien para los sacerdotes regía una prohibición real que les impedía poseer ganado, la estancia debió prosperar significativamente porque 80 años después, “en tiempos de Menéndez (1791-1795) se recordaba todavía en Chiloé el punto en que los padres de Nahuelhuapi habían tenido potrero para este ganado”, escribió por su parte Fonck. Habría funcionado entre los lagos Mascardi y Gutiérrez.

El bellísimo lago que saluda la memoria del sacerdote.

El fortalecimiento económico de la misión fue coherente con otras acciones que implementó Guillelmo más tarde, entre ellas, la apertura del Camino de los Vuriloches. Para los misioneros, unir el Nahuel Huapi con Castro a través de la vía que llamaban Camino de las Lagunas, resultaba tortuoso y poco práctico. El relato jesuita afirma que, en la capital chilota, el sacerdote supo de la existencia de un antiguo paso que trasponía la cordillera y que se iniciaba en el Seno de Reloncaví, a unas 10 leguas del emplazamiento actual de Puerto Montt.

Ese camino se llamaba Buriloche, “por el cual los españoles iban antiguamente a maloquear a los Poyas”, consignó Furlong. Guillelmo conoció sólo aproximadamente su localización porque el viejo soldado que compartió el dato ya no estaba en condiciones físicas de desplazarse para enseñárselo. Con las referencias, el sardo buscó financiamiento mediante la limosna de los vecinos, “los cuales comprendiendo la utilidad de aquel descubrimiento, le dieron víveres, herramientas y cuanto necesitaba a este efecto”.

Después de dos intentos fallido buscó la colaboración de un “indio amigo”, quien señaló que la entrada al Camino de los Furilofche se encontraba “en un lugar llamado los Baños, en razón de unas aguas termales que nacen allí”. Mientras el sacerdote concretaba sus exploraciones, sabía perfectamente que los moradores del Nahuel Huapi “no querían se descubriese, por miedo a que los españoles volvieran por él a molestarlos”. Sin embargo, no prestó atención a esa prevención.

Después de varios intentos y avances graduales, el camino quedó expedito en 1715. Como respuesta, un incendio destruyó la iglesia, la casa de los sacerdotes y las instalaciones para los catecúmenos. Consignó el historiador jesuita Olivares, con enojo: “Nunca se supo quién, ni cómo vino el fuego, yo siempre ha maliciado que los indios Puelches, viendo que el camino se había descubierto, a que tanto repugnaban, por destruir de una vez la Misión, quisieron de una vez abrasarla, pegando fuego a las tres partes; porque si hubiera sido por descuido de la cocina, que nadie supo cómo fue, ni pudo ser ese descuido, hubiera ido el fuego obrando por partes, más fue tan improviso en todas, como aseguraron, que a no despertar con presteza el Padre Guillelmo, se hubiera abrasado”.

¿En Península San Pedro?

A continuación, llegó para hacerse cargo como Superior Manuel Hoyos. En los hechos, el sardo quedó como segundo al mando, aunque sólo por dos años porque su colega recibió otro destino. La reconstrucción se apoyó desde Santiago (Chile) con materiales y se concretó con relativa prontitud. Quizá fuera posible porque desde Ralún ya era factible fletar recuas de mulas y potenciar los volúmenes de carga que se remitían desde Castro.

Hasta un incipiente servicio de correo comenzó a reducir la distancia entre la población chilota y la misión. Durante el interinato de Hoyos, la posición jesuita se habría reconstruido en Península San Pedro, según especulaciones que Fonck elaboró a partir de sus intercambios con Francisco Moreno. Además, se elevó su estatus: por cédula real de febrero de 1713 quedó formalizada su fundación, se estableció que su dotación ascendería a cuatro misioneros y que el sínodo ascendería a 2.000 pesos por anuales, a cargo del presupuesto de Valdivia.

Sin embargo, Guillelmo no pudo constatar esas mejoras. Al comentar los sucesos que terminaron con su fallecimiento, Olivares dejó información preciosa: “Escritas y entregadas estas cartas, fue acompañando al correo hasta lo de Manqueunai, que era el cacique principal de Nahuelhuapi, y a quien todos reconocían por su toqui, que vivía dos leguas o poco más de nuestra casa”

El europeo dejó de existir el 19 de mayo de 1716 y el mismo correo que conducía sus cartas, fue quien comunicó la noticia en Castro. Hay que admitir que las nuevas sospechas de envenenamiento tenían fundamento: “también los indios llevaban a mal el que se descubriese el camino de Bariloche por el recelo de que entrasen por él los españoles, a hacerles guerra, estaba ya descubierto, que no lo podían ignorar”.

“Como el Padre (Guillelmo) fue el autor de este descubrimiento e hizo tanto empeño repetidas veces por hallarle, se vengaron de él ocultamente y sin ruido, para que también el camino se quitase. Estas son mis sospechas: Dios sabe lo cierto, que el Señor le habrá dado el premio de sus trabajos y celo”, citó Furlong. No obstante, Olivares admitía que no tenía evidencias. Por su parte, Fonck también puso en duda la hipótesis del envenenamiento. No mucho tiempo después, la misión fue destruida por completo y nunca se volvió a restablecer. Por su parte, el Camino de los Vuriloches recién se redescubriría en los albores del siglo XX.

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