MÁS AUGURIOS DE LOS PÁJAROS Y AVES DE PATAGONIA
La loica puede anunciar cosas funestas, pero dejemos que la torcaza vuele alrededor
Hay que procurar que, si aparecen perdices, queden a nuestra derecha mientras nos trasladamos. En cuanto a la torcaza, si vuela alrededor nuestro, es señal de que todo va a andar bien, pero por más bella que encontremos a la loica, hay que tomarse muy un serio varios de sus comportamientos porque las consecuencias pueden ser funestas. También hay comportamientos agoreros por parte de golondrinas y carpinteros patagónicos.
No hace tantos años atrás el viajero se podía cruzar con grupos de perdices relativamente cerca de Bariloche, ya fuera cerca de las banquinas en las rutas principales y con más frecuencia en caminos rurales o vecinales. Ahora es un tanto más difícil encontrarse con las aves que en mapuzungun (lengua mapuche) se llaman füdü, pero tampoco es imposible, de manera que sería importante prestar atención a sus comportamientos.
Vaya a saberse su origen, pero la perdiz es protagonista de un relato que más allá de matices, está presente en la cultura popular de América del Sur. Tiene que ver con un pedido del zorro para cantar como ella, que, al complacer el pedido del mamífero, le cose la trompa. Pero más allá de ese cuento, el caminante o quien se desplace con vehículos, deberá tener en cuenta que si la perdiz se mueve “a la derecha del camino va a ir bien el trámite”, es decir, “habrá buena suerte”. En cambio, “si lo hace a la izquierda, desgracia. Le irá mal” al infortunado testigo.
Aunque en el presente parecen más numerosas sus parientes que llegaron de otras latitudes, la torcaza o koño o maykoño todavía es vecina de esta ciudad. La pasó mal en términos generales unos 50 años atrás, cuando su población se redujo ostensiblemente al sufrir una enfermedad que la puso al borde de la extinción. Se estima que en los últimos años recuperó bastante de su población original y en ese proceso está todavía.
Se dice que “esta ave es símbolo del amor y es considerada un ser amigo de las gentes. Se considera mala suerte criarlas para el negocio. Si vuelan alrededor de una persona es señal que le irá bien. Si huyen de una casa es que en ella habrá pronto desgracia”, indica la sabiduría popular. A diferencia de otras de su especie, a la torcaza le gusta “el bosque nativo y hace sus nidos en los árboles”, aunque puede migrar si llueve mucho.
La cercanía de una loica es fuente agorera de diversas índoles. Para la cultura mapuche tradicional “avisa que hay visita y que hay que arreglar la casa”, pero “si canta encarando a alguien o a un lugar es infortunio”. En cambio, si lo hace “de espaldas a alguien o a un lugar anuncia felicidad”. También anuncia fortuna “si vuela a la derecha”, pero en cambio, “si vuela a la izquierda es desgracia”.
Herida que tiñó de rojo su pecho
No se agota en los comportamientos precedentes la faceta agorera de la bella loica, porque “si canta sobre la casa donde hay un enfermo anuncia su muerte”, pero “si no hay nadie enfermo también anuncia muerte”. Según la tradición del pueblo originario, el colorado de su pecho se originó en una herida que sufrió al término de un furibundo partido de palín de la que participaban varias aves.
A estas latitudes llegaron hace un mes y medio aproximadamente, después de pasar el invierno austral en otras zonas. Es que “recorren largas distancias en sus migraciones y para la construcción de sus nidos realizan más de 400 viajes durante una semana”. Nos referimos a la golondrina, que en mapuzungun se llama pilmaiken. “Si se presenta brevemente anuncia cambio de casa o de mundo”, es decir, en el último caso, muerte. No obstante, “se considera ave sagrada y de paz, así que donde anida no hay desgracias” y “sus nidos deben respetarse”.
El tordo o küreu tiene mala fama porque “no construyen nidos propios, ocupan nidos de otras aves y dejan sus huevos para que se lo críen” y la tarea es aceptada por el chingolo o chinkol, por ejemplo. “Como no tienen vida familiar viven siempre en bandadas”. A pesar de su prensa deficiente “acompaña a los animales que pastan, generalmente de a dos van picoteando los insectos que molestan al animal”. Al parecer, no augura nada.
Las descripciones que traemos a colación aparecen en “Wera wenu werken. Las aves en la cultura mapuche” (2009), un libro que reúne “investigación en terreno” con “supervisión académica” e “investigación bibliográfica”, además de ilustraciones. Son sus autores Wilma Aguas Deumacán, Erwin Nettig Rosales, Néstor Clavería Pizarro y Carlos Laporte. Además de edición física, hay una en PDF que se puede descargar libremente desde Internet.
Del pitío o carpintero también se puede aprender.
Por último, para este recorte de El Cordillerano, al carpintero que suele verse en algunos barrios de Bariloche, en mapuzungun se le llama pitiu y también “avisa los movimientos de la gente. Se dice que una visita lejana envía su pitío para avisar su llegada. “Su nombre es onomatopeya de su canto. Si se para en un árbol y canta tres o cuatro días seguidos será muerte de algún enfermo. Si grita cerca de una casa anuncia visita de una persona que llega por primera vez”, pero “si llora cerca de una casa es muerte”. Mejor, quedémonos con el grito.