SON DESTRUCTORES DE LA BIODIVERSIDAD EN PATAGONIA, PERO…

| 16/11/2023

“Salir a matar ciervos colorados no es la solución”

“Salir a matar ciervos colorados no es la solución”
El ciervo colorado no eligió venir a Patagonia.
El ciervo colorado no eligió venir a Patagonia.

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Gabriela Klier es investigadora en el área Filosofía de la Biología en la Universidad Nacional de Río Negro y aportó varias miradas sobre la problemática que plantean las especies introducidas en la región. No hay salidas fáciles.

Aunque el ciervo colorado sea una especie destructora de la biodiversidad en Patagonia, “salir a matarlos a todos no es solución”. En última instancia, ¿no está la gran mayoría de la población humana actual de la región fuera de su “lugar original”? En ocasiones, el remedio puede resultar bastante peor que la enfermedad y más bien, estamos ante una chance de “pensar prácticas de cuidado y responsabilidad con lo viviente”.

Gabriela Klier es doctora en Biología e investigadora en el área Filosofía de la Biología, con lugar de trabajo en el Centro de Estudios en Ciencia, Tecnología y Desarrollo (CITECDE) de la Universidad de Río Negro. A raíz del gran interés que despertaron entre lectores dos artículos que publicó El Cordillerano a propósito del ciervo colorado y sus efectos perniciosos en la biodiversidad, la consultamos para ver qué puede aportar su especialidad.

La investigadora arrancó con precisiones terminológicas y más preguntas: “en la ciencia no es menor la cuestión de las metáforas en torno a las ideas de colonización, invasión y cómo se piensan las especies invasoras. También, cómo se piensa aquello que está afuera de lugar. Por otro lado, hay una cuestión ética: dónde ponemos el valor cuando se quiere avanzar con una política de cuidado”, inquirió.

En efecto, “¿el valor está en los organismos sintientes, en los ecosistemas, en los humanos y en lo que consideren recurso natural, en políticas de cuidado o en reconocer las diversidades culturales, las distintas ontologías y formas de entender el mundo? Hay diferentes líneas de éticas ambientales que también se vinculan con cuestiones de género, conservación, identidad social y colonialismo, que brindan un marco más amplio para pensar a las especies invasoras”, sugirió.

La doctora Klier. Foto: Eugenia Neme.

Recordó la bióloga que “la Patagonia se arma como paisaje a partir de la introducción de especies invasoras y eso constituye al colonialismo y a la naturaleza. Es de hecho el origen de Parques Nacionales, porque en un momento se trajeron los pinos, los castores y las truchas y después, se dijo: esto no es naturaleza, naturaleza es lo que estaba con anterioridad”, cuestionó.

No hay hojas de ruta fáciles, “las soluciones siempre son problemáticas. La otra vez, en un congreso de ecología, se trató el tema de un bivalvo que llegó a través de los barcos a un lugar determinado y la solución que se planteó fue utilizar un biocida que iba a terminar matando a otros animales”, ilustró. “En Bariloche hay muchos estudios sobre especies invasoras y cómo se puede lidiar con ellas. El marco de restauración ecológica tiene que aportar, pero hay un problema ético enorme”.

Ejemplificó Klier: “no matemos un ciervo innecesariamente versus el ecosistema vale más que la suma de sus individuos o partes... Estas perspectivas no solo habilitan a matar un ciervo, sino también a tener un panda en el zoológico, apresado en función de que la especie subsista”, ironizó. “Son problemas entre el organismo (el animal) o individuo singular y todo el ecosistema”, describió.

Ante la presencia sustantiva del ciervo colorado y otras, “hay políticas en contra de las especies invasoras y muchas investigaciones, pero realmente es complejísimo”, insistió la bióloga. “Hay que considerar la transformación ecosistémica a la par de la transformación de los organismos (animales), de historias de seres y de vidas. Salir a matar a todos tampoco es la solución, porque ni siquiera es viable en términos económicos o rentable, bajo la lógica hegemónica del sistema”, señaló.

Trajo un ejemplo más a colación para ayudar a completar el panorama: “en un momento di clases en un ámbito educativo y una bióloga solía decir que no podía creer que alguien gustara o quisiera a las palomas, porque son invasoras y urbanas. Yo pensaba que al menos, tener algún tipo de sensibilidad por las palomas, aunque no fueran nativas, era un vínculo para conectarse con otras cosas”.

Entre ellas, la posibilidad de “pensar prácticas de cuidado y de responsabilidad con lo viviente”, resaltó la bióloga. “En el fondo, ¿no estamos muchos en la condición de no estar en nuestro lugar original? ¿Cuál es el lugar original? El tema se entremezcla con muchas problemáticas sociales”, concluyó Klier. A fin de cuentas, a diferencia de muchos habitantes de la región en el presente, el ciervo colorado no eligió venir a Patagonia.

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