“ARTE, HISTORIA Y COMUNIDAD” EN EL CLUB DEL COLECCIONISMO AFECTIVO
Cuando el acento se pone más en los coleccionistas que en los artistas
Quizá por primera vez en estas latitudes, el acento se puso sobre los coleccionistas y no tanto en los artistas. Además, las impulsoras de la experiencia se preocuparon especialmente por replicar las atmósferas hogareñas en las que habitualmente, descansan las fotografías, los collages, las pinturas y demás obras que dispusieron en la sala Frey. Fue una concreción más del Club de Coleccionismo Afectivo, que precisamente, parece dirigir su mirada más hacia las sensibilidades que hacia aspectos técnicos o formales.
Indirectamente, se abrieron los universos domésticos de Mónica Bussman, Carla Gazzaniga, Soledad Anselmi, Débora Alegret y Chadri Miñones. Fue durante tres jornadas con la excusa de la reciente Noche de los Museos, pero la proyección continúa. “Mostramos cinco colecciones de cinco personas de la ciudad, colecciones que nosotras nombramos Afectivas porque esas personas tienen una relación muy particular con las obras que fueron adquiriendo, comprando o trocando”, introdujo Pilu Danegger, uno de los pilares de Hervidero Galería y de tan particular club.
Precisamente, “también son cinco personas que se sumaron a nuestro proyecto del Club del Coleccionismo Afectivo e hicimos una selección que, para nosotras, muestra la diversidad de artistas y las maneras que hay de coleccionar”, sumó. Su cómplice en los dos asuntos, Bárbara Visconti, añadió que la chance del último fin de semana significó “poder acercarlo (al proyecto) a la comunidad y salir de nuestro lugar, porque nosotras tenemos la galería en el kilómetro 14. Tal vez las personas que circulan por nuestro espacio son conocidas y queríamos compartir con otras, además de habitar esta sala. Es súper importante llenarla de obras y para nosotras era una gran oportunidad”, remarcó.
Imágenes de las imágenes. Foto: Facundo Pardo.
De la charla con El Cordillerano también participó Irina Svoboda, quien reside habitualmente en Comodoro Rivadavia para también es parte de las iniciativas. En particular, ofició de curadora para la muestra en cuestión. “Cuando cada coleccionista afectivo se fue inscribiendo preguntamos si tenía ganas de mostrar su colección”, compartió. “Hicimos una selección de cinco colecciones y después fuimos a cada casa, entablamos una conversación, revisamos la obra y después, para el espacio expositivo, tratamos de recuperar algunos elementos que pudieran dar una idea de hogar, para que se pensara que no era solo una exhibición sino también el recorte de una intimidad, privacidad o una manera de habitar objetos”, resaltó.
Curiosear es lindo
Para Pilu el recorrido resultó gratificante “primero, al ver la cantidad de obras de artistas locales que tenemos en las casas, además de lo lindo que es curiosear y ver esas colecciones”, señaló. “También hay una historicidad en las obras, porque hay artistas de varias generaciones y eso también es interesante: ver cómo se van relacionando las obras entre sí y cómo son depósitos de nuestra historia y vínculos, porque algunas obras fueron adquiridas en una feria gráfica, en una galería o como regalo. Así van circulando las obras de nuestros artistas en los espacios de la cultura de Bariloche”, remarcó.
Desde que se puso en marcha el Club del Coleccionismo Afectivo, las cosas marchan viento en popa. Según Bárbara, “nos estamos encontrando con personas que están muy entusiasmadas con el Club. Es poner la mirada en el coleccionista y no tanto en los artistas, es visibilizar esa práctica y darle mayor fuerza”, proclamó. “La idea es generar una periodicidad en la ciudad con subastas cada cuatro meses, con más muestras de colecciones y que cada vez más, las personas se vayan auto percibiendo como coleccionistas afectivas. Nos encontramos con una muy buena recepción”, insistió.
Atmósferas hogareñas en sala Frey. Foto: Facundo Pardo.
En la ciudad petrolera de la costa chubutense, “tengo un proyecto que se llama Archivo Tuna”, destacó Irina. “Como hay una falta de historicidad en nuestras prácticas, tengo la intención de saldar esa deuda, no solo con acumulación de materia documental, sino también como proyecto que me permita generar situaciones de aceleración de escena”, destacó. “En su momento, editamos una publicación que se llamó Voy a escribir sobre una pared… Ahora estoy acompañado a Hervidero con este mapeo y club, aportando la mirada de lo que se hizo hacia atrás, un poco para romper la lógica del pionero que siempre llega y arranca de cero”, cuestionó. “En Patagonia tenemos un cúmulo de prácticas y un montón de capas de sentido que le fuimos dando. Espero seguir acompañando al proyecto”, anheló.
Para la comodorense, el panorama artístico de Bariloche “está buenísimo. Si bien el Club es abierto, es decir, no solo para barilochenses, el 70 por ciento es de acá y eso ha permitido generar diferentes cruces en base a los nichos establecidos en la localidad. También en cruces intergeneracionales, como pudo verse en la subasta y también en quienes forman parte del Club. Las chicas generaron diferentes estratégicas para que esos encuentros se dieran”, celebró.
La muestra en sala Frey fue “la última actividad de la primera etapa”, estableció Pilu. “Vamos a hacer subastas cada cuatro meses invitando a otros proyectos y encuentros. De a poco vamos a ir recibiendo propuestas de la gente que se va asociando: encuentros de lectura y de conversación, porque también es muy importante encontrarnos para pensarnos y conversar”, resaltó.
Más allá de los momentos de cierre que acompañan a cada fin de año, “siempre es un buen momento para sumarse al Club”, invitó Bárbara. “Somos un tren que pasa y vuelve, pasa y vuelve. Pueden hacerlo entrando a nuestro Instagram: @herviderogalería. Ahí está el formulario que nos sirve para hacer el mapeo y la investigación en la que nos acompaña Irina. Ahí pueden encontrar toda la información sobre las actividades y del Club en sí mismo”, convocó. Un proyecto que reúne “arte, historia y comunidad”. Casi nada.