2025-11-20

PELEÓ CONTRA INGLESES, REALISTAS, PORTUGUESES Y DE NUEVO CONTRA INGLESES

El héroe de la Vuelta de Obligado y su vida de película

Estuvo al frente de las tropas de la Confederación durante el combate que dio origen al Día de la Soberanía. Pero también estuvo en las batallas de Chacabuco y Maipú, entre otras gestas de la historia argentina.

Si hubiera nacido en otros rumbos, ¿cuántas películas se habrían consagrado a su memoria? Sobre su trayectoria apenas si se sabe que comandó a las tropas de la Confederación en la Vuelta de Obligado, donde el 20 de noviembre de 1845 se libró el combate que originó el Día de la Soberanía. Sin embargo, Lucio Norberto Mansilla llevaba por entonces casi cuatro décadas de batirse contra los sucesivos enemigos, de las Provincias Unidas del Río de la Plata primero y de la Argentina después. Como es habitual en la historia, al producirse su muerte en 1871, no recibió homenaje alguno por parte de las autoridades de entonces.

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Nació en Buenos Aires en 1792. “Llevado a las mejores pobres aulas que entonces había en la capital del Virreinato, dióse (sic) a conocer por su carácter entero, por la viveza y claridad de su inteligencia y por cierta audacia genial y arrogante que fueron después los rastros prominentes de su fisonomía simpática e imponente al mismo tiempo”, dice en una nota al pie de su extensa obra Adolfo Saldías. Se trata de “Historia de la Confederación Argentina” (Ediciones Clío, 1975).

En términos de la actualidad, era un adolescente y empezó a acostumbrarse al fragor de las armas, porque “cuando en junio de 1806 el general Beresford se apoderó de Buenos Aires en nombre de la Inglaterra, Mansilla corrió como casi todos los jóvenes de su alcurnia al campo del general Liniers, y asistió bajo el mando de éste a las memorables jornadas del 10, 11 y 12 de agosto que dieron por resultado la reconquista de la ciudad y la rendición de Befesford”.

Lejos de contentarse con ese logro inicial, “en octubre se alistó soldado e hizo la campaña del río de la Plata a las órdenes del mismo Liniers y en socorro de la plaza de Montevideo, sitiada por los ingleses, tocándole ser de los que, bajo el mando del coronel Prudencio Murguiondo, fueron a aprehender al virrey depuesto Rafael Sobremonte. De vuelta en Buenos Aires, asistió al combate contra las tropas británicas en los Corrales de Miserere el 2 de junio de 1807, y a las acciones del 5 y 6 de julio de ese año contra las mismas tropas”. Victoria que terminó con la así llamada Segunda Invasión Inglesa.

Después de la Revolución de Mayo, “en 1812, siendo ya teniente, hizo la campaña del Estado Oriental a las órdenes del general Artigas, contra los portugueses que habían invadido ese territorio. En seguida pasó al ejército patriota del general Rondeau que sitiaba Montevideo, y en 1813 formó parte de la expedición al mando del coronel Domingo French que fue a tomar la fortaleza portuguesa llamada el Quilombo (cursivas en el original), situada en la línea del Yaguarón. En el asalto que llevaron los patriotas el 12 de mayo, el teniente Mansilla fue herido de bala, y el gobierno lo recomendó por su valor”. No sería la última vez que correría su sangre.

Un pibe de 26 años

Después de restablecerse, permaneció en la Banda Oriental hasta la rendición realista el 23 de julio de 1814. Al año siguiente, por órdenes del gobierno, se trasladó a Cuyo, donde un correntino que acento español organizaba el Ejército de los Andes. San Martín, “al abrir sus operaciones, lo nombró 2° jefe de la primera división de vanguardia, a pesar de no ser más que graduado de mayor. En este carácter asistió a la gloriosa batalla de Chacabuco. El gobierno de las Provincias Unidas le acordó por esto el uso de una medalla de oro, y el de Chile lo nombró oficial de la Legión de Mérito y le acordó además una medalla de y cordones. Al año siguiente se encontró en la batalla de Maipú e hizo la campaña al sur de Chile al mando del coronel Las Heras”. Apenas si contaba con 26 años.

Lucio Norberto Mansilla.

Después de la crisis de 1820 y a pesar de contar con amistades en el otro bando, Mansilla se sumó a las huestes de Francisco Ramírez y a su muerte, se desempeñó como gobernador de Entre Ríos. Pero las armas no lo dejaron en paz: “declarada la guerra con el Brasil, el presidente Rivadavia lo nombró en septiembre de 1826 comandante general de la costa”. Luego de organizar las defensas, “como general de división tomó parte principal en el combate de Camacuá, persiguiendo al enemigo y mereciendo ser especialmente recomendado por el gobierno argentino.

Acto seguido, “destacado por el general Alvear al frente de su división, fuerte de 1.800 hombres, mandó en jefe (sic) la batalla del Ombú, en la que derrotó al famoso general brasileño Bentus Manuel que comandaba la mejor caballería del Imperio, dispersándolo de tal manera que no le permitió que se encontrase en la memorable batalla de Cutizaingó, que tuvo lugar tres días después, el 20 de febrero. La participación de Mansilla en Cutizaingó fue brillante, y así lo hizo presente el general Alvear”, aporta la reconstrucción de Saldías.

Al término del enfrentamiento con Brasil y al desatarse la guerra civil después del fusilamiento de Dorrego (1828), “se retiró a la vida privada”. Aunque era cuñado de Rosas, “no quiso tomar parte en ella”, cuando la contienda fratricida enfrentó decididamente a unitarios y federales, pero fue varias veces legislador de la provincia de Buenos Aires. En el recinto “su voz se dejó oír elocuente y arrogante para abogar por los derechos de la República desconocidos y ultrajados por las potencias europeas que pretendían dominar en el río de la Plata”.

No por nada desempeñó un rol central 180 años atrás. “Consecuente con estas ideas”, estuvo “al frente de la resistencia contra los anglo-franceses, en su carácter de comandante en jefe del departamento del norte, batiéndose en el glorioso combate de Obligado y regando con su sangre el campo del honor argentino. Después de Obligado, volvió a batir a los anglo-franceses en Acevedo, San Lorenzo y el Quebracho”, rehízo el historiador.

Ingratitud

Frustradas los anhelos de las potencias coloniales de la época, “Mansilla no tomó armas hasta el año 1852 en que el general Rosas lo nombró comandante en jefe de las fuerzas de la ciudad de Buenos Aires, cuando brasileros, orientales y argentinos venían sobre ella”. Después de la derrota rosista, se exilió en Francia, aunque después retornó. “Cuando murió contaba medio siglo de generalato, que era el general más antiguo de la República”.

El héroe de la Vuelta de Obligado dejó de existir el 10 de abril de 1871. “A su entierro no asistieron las autoridades de la República”. Era presidente Domingo Sarmiento. “A su cadáver no se le hicieron los honores correspondientes al rango de general recomendado a la gratitud pública. Cierto es que en esos días la fiebre amarilla hacía estragos, pero estragos mayores hacen la ingratitud y el olvido para con los grandes ciudadanos, porque esto acusa degeneración, enervamiento o degradación en los pueblos”, consideró con amargura Saldías. Tenía razón. No haría falta mucha imaginación para escribir un guion y que la vida de Mansilla se hiciera película. 

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