LOS ROCA, ÁLVARO BARROS Y BERNAL FUERON MASONES
La masonería moldeó el origen de la propiedad privada en Patagonia
Desde presidentes hasta directores de Tierras, las primeras determinaciones que signaron los destinos de la tierra en Bariloche, Dina Huapi y resto de la región se adoptaron bajo códigos masónicos.
La masonería desempeñó un rol definitorio en la conformación de la propiedad en el área de Bariloche, Dina Huapi y todo el noroeste patagónico. Fueron masones Liborio Bernal y Adrián del Busto: el primero se hizo de una vastísima extensión de tierras que llegó hasta el arroyo Ñireco en los albores de los poblados, cuando fue gobernador del Territorio Nacional de Río Negro. El segundo se asentó en esta ciudad y desde aquí, dirigió a la temible Policía Fronteriza.
El Instituto de Investigaciones Históricas del Museo Roca, afirma que “la masonería funcionó como una entidad organizada que dio su apoyo al Gobierno nacional durante las campañas militares en la Patagonia. Cuando concluyeron, los funcionarios masones, en su mayoría liberales, se instalaron en los nuevos territorios nacionales y residieron como ciudadanos apoyando al Estado a través de la participación cívica local. Eran miembros de familias de prestigio y/o de las fuerzas armadas”. Una manera un tanto aséptica de describir sus maniobras.
La institución aporta que “algunos reconocidos personajes miembros de la masonería fueron el general Liborio Bernal, adjudicatario de lo que hoy es la zona de Dina Huapi y gobernador de Río Negro (1894-1897), o el marino Adrián del Busto, quien se instaló en Bariloche y desde allí comandó a la Policía Fronteriza de Río Negro. También fue el caso del primer gobernador de la Patagonia (1878-1882), el coronel Álvaro Barros, quien pertenecía a la Logia Regeneración 5 y cuando se asentó en Carmen de Patagones presidió a la Logia Estrella de Patagones desde 1879”.
Menos condescendiente es la investigación que llevó a cabo Christian Müller, quien pone en evidencia cómo, cuando tuvieron poder de decisión sobre el destino de las tierras, funcionarios masones beneficiaron a otros masones (ver notas anteriores de El Cordillerano sobre la misma temática). El agrimensor subraya en su contribución que “Carlos Pellegrini, Manuel Marcos Zorrilla y Nicasio Oroño fueron reconocidos masones”.
Oroño fue titular de la Oficina Central de Tierras y Colonias, desde se mostró permeable a las aspiraciones de las estancias inglesas. Zorrilla fue fugaz ministro del Interior y recibió 15 mil hectáreas por parte del Estado en zonas neuquinas precordilleranas. También estuvieron a su disposición las tierras donde después se levantaron Villa Regina y General Godoy, en la provincia de Río Negro.
Explica Müller que “el poder laico y liberal venía manejando los destinos del país desde hacía mucho. La república estaba en manos del materialismo de estado masónico, como lo llamaba Don Bosco. Los anteriores presidentes: Mitre, Sarmiento y Roca también formaron parte de logias masónicas y veremos los símbolos plasmados en la documentación oficial”. Las aseveraciones pueden leerse en “Las colonizaciones del Nahuel Huapi. Patagonia-Argentina” (Edición del Autor-2017).
Para constatar qué pensaban los masones de sí mismos, el autor trae a colación una cita de Andrés Cassard: “La Masonería es el adelanto hacia la luz en todas las líneas del progreso, moral, intelectual y espiritual. Es el verbo encarnado en la humanidad; es una emanación divina; es el Dios hombre en acción, llevando a cabo la grande obra de la regeneración social, transmitiendo a través de los tiempos y del espacio, al seno de las generaciones, esa luz radiante que debe conducir al género humano de la ignorancia a los esplendores del saber, y de las miserias y sufrimientos de la vida a la felicidad y eterna bienandanza”. La obra consultada data de 1872. Tales postulados justificaban cualquier procedimiento.
Por otro lado, “Rudecindo Roca, Gran Maestre de la masonería y hermano de Julio Argentino expresa en su mensaje del año 1895-96: Entre nosotros, en nuestro Oriente Argentino (Supremo Consejo y Gran Oriente de la República Argentina), hoy la política debe consistir en llevar a nuestros hermanos [masones] de valía a los asientos de las municipalidades y de los consejos de educación, a las bancas del legislador nacional y del legislador provincial, a los tribunales de justicia, a la administración pública en general y dondequiera que exista elemento dirigente de la masa y el elemento educador, para que nuestra enseñanza penetre en todas partes, en la educación, en la administración y en la política”.
Fue precisamente lo que sucedió. “Como vemos, los ‘hermanos’ ya se encontraban ocupando puestos clave en la administración central y estos extenderían sus dominios a la Patagonia”, concluye Müller. “El primer gobernador de la Gobernación de la Patagonia, el coronel Álvaro Barros, era masón desde el año 1866 y cuando llegó a Carmen de Patagones ya existía la Logia Estrella de Patagones que presidió a partir de 1879”, corrobora el análisis. Bastante lejos de la épica de los pioneros y los “primeros pobladores”.