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SU ACTUACIÓN FUE DENUNCIADA POR FUNCIONARIOS NACIONALES

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10/05/2026

En Bariloche, una sociedad alemana se especializó en “reventar” competidores

Comenzó a operar antes del reconocimiento formal de la ciudad, cuando adquirió la empresa de Carlos Wiederhold. A su vez, vendió su infraestructura y giro comercial a la célebre Chile-Argentina.
"La Alemana" solo perteneció a Wiederhold cuatro años. Enseguida la vendió. Colección Roth en Archivo Visual Patagónico.
"La Alemana" solo perteneció a Wiederhold cuatro años. Enseguida la vendió. Colección Roth en Archivo Visual Patagónico.

A Carlos Wiederhold se le atribuye carácter fundacional en Bariloche, pero quizá llame la atención constatar qué tan poco tiempo actuó efectivamente a orillas del Nahuel Huapi. Ya en 1899 vendió la sección argentina de su empresa a la sociedad que conformaban Hube y Achelis, quiere decir que la célebre casa de comercio San Carlos apenas si operó cuatro años bajo su gestión directa.

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Con el primero de sus compradores, cuyo nombre completo era Friedrich Richard Hube Schulz, mantenía lazos de amistad. En tanto, el segundo se llamaba Friedrich Adolf Achelis y pertenecía a una familia alemana que tenía intereses comerciales en África y el sudeste asiático. La actuación de la compañía que conformaron fue objeto de críticas por parte de funcionarios nacionales porque, como mínimo, puso en práctica metodologías mercantiles de dudosa legalidad.

En efecto, Federico Cibils era director de Comercio e Industria en el Ministerio de Agricultura para 1902, el mismo año en que Buenos Aires reconoció, a través de un decreto, la existencia formal de San Carlos de Bariloche. Adviértase el enojo del director con uno de los socios, en particular con el amigo de Wiederhold. “Hube, dueño y señor del lago, sin título alguno de propiedad ni de arrendamiento al Gobierno argentino, tiene allí sus vapores y buques, cuatro casas de negocios, potreros de invernada, corta maderas en la isla Victorica (sic) y en las costas lleva todos los productos regionales a Chile (más de un millón de kilos en lana, cueros, etcétera, al año, según vecinos allí radicados) y trae de contrabando y sin pagar derecho alguno de importación ni impuesto interno, los consumos, ropas, bebidas, tabaco, harina, azúcar, etcétera, de Chile; y ese buen señor, heredero del cacique Inacayal, el antiguo señor del lago, ¡es cónsul argentino en Puerto Montt y recibe subvenciones de Chile por los caminos que hizo y por los vapores que navegan en él!”

El iracundo párrafo se reproduce en “Las colonizaciones del Nahuel Huapi. Patagonia-Argentina” (Edición del autor, 2017), de Cristian Pablo Müller. El libro aporta “una visión histórico-cartográfica” de cómo se constituyó la propiedad privada en Bariloche y zonas adyacentes, después de que estos territorios pasaran a jurisdicción nacional una vez que finalizara la así llamada Campaña al Desierto.

Publicación chilena que saluda al "fundador" de Bariloche.

En rigor, Cibils no hacía más que salir en defensa de otros sectores mercantiles, que evidentemente quedaban en condiciones desventajosas de competencia. “Los comerciantes del lago y del Alto Limay, Zavaleta, Miranda, Leeds y Barton y otros, vienen a comprar comestibles, bebidas, ropas, etcétera, para sus negocios a Buenos Aires y Bahía Blanca y tienen que pagar, como es natural, los artículos con derechos de aduana, impuestos internos, etcétera, mientras que Hube y Acheris (sic), los traen de Chile y sin pagar derechos ni impuestos internos”, insistía.

Ni chileno ni chilenizado

Muy gráficamente, el funcionario nacional establecía que “fácil es presumir, con estas ventajas, quién revienta a quién, y cómo la competencia favorece al comercio y al negociante chileno o chilenizado”. Pero precisamente, no se trataba de trasandinos. Müller pudo establecer la trayectoria de Achelis, quien “desde 1894 a 1898 trabajó en la Dresdner Bank, parte en Bremen, parte en Berlín. En 1899 fundó en Puerto Montt (Chile), con otros alemanes, la sociedad mercantil HUBE & ACHELIS, que se ocupaba de la compra de productos locales chilenos y argentinos y de la venta de productos europeos”.

Ni chileno ni chilenizado, Achelis en 1914 retornó a su país natal, después de apenas una década de permanencia en el país vecino, para residir casi en forma continua en Bremen. Volvamos al reclamo de Cibils: “No pretendo que se expulse a Hube y se impida su comercio, pero sí que regularice aquel su situación, que pague derechos de importación, impuestos internos y las patentes correspondientes, que alquile o compre, si quiere tierra, y, sobre todo, que la soberanía argentina, indiscutible e indiscutida en el lago, sea real, efectiva, con tropas, con Policía, con aduanas y con una colonización propia, fácil de radicar, que sería la vanguardia y el centinela mejor de nuestro derecho allí”.

El tráfico por la cordillera que molestaba al director de Tierras.

Para el funcionario nacional, “los mismos rotos y chilotes o alemanes venidos de Chile, huyendo de las lluvias y de la esterilidad del Pacífico, se radicarían bajo autoridades argentinas, formarían un núcleo nacional y no un fundo chileno”. Se ve que no estaba bien informado sobre el carácter de las tierras en Chile próximas a Bariloche, porque nada tienen de estériles, más bien al contrario.

Según la terminología de Cibils, después de reventar a todos los competidores que pudo, la sociedad Hube & Achelis vendió sus infraestructuras y operaciones a la Compañía Comercial y Ganadera Chile Argentina, que también se aprovechó de posiciones dominantes durante varios años, historia que es más o menos conocida por lxs interesados en el pasado de Bariloche. Por entonces, transcurría 1905. El emporio moldeó la economía prácticamente a su antojo hasta 1917.

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