2022-04-03

QUEDA EN EL NAHUEL HUAPI, FRENTE A LA PENÍNSULA SAN PEDRO

¿A qué debe su nombre la isla de los Víveres?

Su denominación recuerda la superación de una emergencia alimentaria que sufrió la tripulación de la “Modesta Victoria”, en el verano de 1884. En pocas jornadas, el problema se invirtió.

Al este-noreste de península San Pedro, muy cerca de la margen norte del lago Nahuel Huapi, una isla lleva un nombre un tanto enigmático. No se debe a que en su apretada superficie contenga sembradíos generosos, frutos silvestres y menos aún, ganados a disposición. A tal punto que más bien, podría llamarse isla Almacén o Depósito, pero, sin embargo, se bautizó como isla de los Víveres, denominación que perdura hasta hoy. ¿En qué episodio surgió?

Hay que remontarse a las primeras presencias de las Fuerzas Armadas argentinas en estas latitudes. “En enero de 1884 reconocía el lago Nahuel Huapi la comisión exploradora argentina encabezada por el teniente de la Armada, Eduardo O'Connor. En la isla Victoria, a la cual el día 16 bautizaron con el nombre de Victorica, descubren que solo les quedan tres latas de sardinas para ocho personas”. Angustiosa constatación.

Para reconstruir las alternativas que traemos a colación, Juan Martín Biedma se basó en el Tomo I de los “Estudios generales”, de Santiago Albarracín. Volcó su síntesis en “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004), obra de consulta permanente. Pues bien, en el verano de aquel año, O’Connor y su gente atraca “la pequeña embarcación que los conducía, la Modesta Victoria, en la margen Norte del lago frente a la isla y despachan al guardiamarina Elías Romero, para que por tierra se comunique con fuerte Chacabuco”.

La fortificación en cuestión quedaba más allá del nacimiento del Limay, de manera que no se trataba de un simple trote. De hecho, “la espesura del monte lo obliga a regresar”. Antes que se generalizara el hambre, “envían entonces a la Modesta Victoria tripulada por Erdman y Zorrilla con igual fin, mientras, el resto espera en la costa”. Entre tanto, “algún alivio a la afligente (sic) situación aportó un soldado de caballería, que apareció al día siguiente con carne y algunos otros víveres”.

De pronto, la escasez se convirtió en molesta abundancia porque “con los víveres que trajo la Modesta –charqui fresco principalmente– y los que aportó el teniente O´Connor, que con el caballo del soldado se había trasladado hasta el fuerte, tuvieron provisiones en mayor cantidad que las que la prudencia aconsejaba estibar en la lancha”, reconstruyó Biedma. Recordemos que se trataba de una embarcación relativamente pequeña, la primera en sortear con éxito los rápidos del Limay en dirección al Nahuel Huapi.

Entonces, “para prevenir la repetición de la carestía de víveres y no tener que ir a buscarlos nuevamente al fuerte Chacabuco, pasaron a una isla cercana y, donde existe un peñasco ahuecado, algo como una gruta”, los marinos “depositaron la cantidad que por el momento les estorbaba, pues la abundancia hacía menos exigentes los estómagos”, ironizó el autor al cual recurrimos.

Finalmente, “acondicionados de la mejor manera posible los víveres y abrigados de la intemperie, bautizaron los marinos aquella isla con el nombre de lo que allí quedaba depositado, llamándola la isla de los Víveres”. A pesar de otras denominaciones que aparecen en cierto mapa, fue la que prevaleció hasta hoy. En el presente, una excursión náutica conduce hasta sus intimidades.

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