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FUE EL QUE CONVALIDÓ EL PODER EJECUTIVO DE LA NACIÓN

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06/10/2024

El nombre de Bariloche, fruto de una exageración y un error

El nombre de Bariloche, fruto de una exageración y un error
El nombre de Bariloche, fruto de una exageración y un error

En sus orígenes, se adquirió el poblado a una local comercial y además, se dio por válida una denominación mal transcripta.

Inmediatamente después de la Campaña al Desierto, los nombres que identificaron a los espacios aledaños a donde hoy se emplaza la ciudad eran los mapuches históricos, como Tequel Malal o inclusive Nahuel Huapi. Después, al prosperar el emprendimiento de Carlos Wiederhold, comenzó a llamarse San Carlos al incipiente poblado. Pero como en la Argentina ya había decenas de pueblos con nombre idéntico hubo un problema a resolver para el Correo.

Fue su intervención la que imprimió la denominación San Carlos de Bariloche al pueblito a principios del siglo XX. Esa es la especulación que compartió Susana Bandieri en su “Historia de la Patagonia” (Editorial Sudamericana-2005). La historiadora neuquina, especializada en la región, indicó en su libro que “si bien el turismo, sobre todo internacional de altos ingresos, es en la actualidad uno de los rubros que mayores entradas producen en la Patagonia frente a la crisis de las actividades productivas antes dominantes, no hay todavía trabajos suficientes para reconstruir desde la historia tal proceso, con la sola excepción de su expresión más antigua en el tiempo, la ciudad de San Carlos de Bariloche, que cuenta con una interesante producción historiográfica”.

En efecto, tales trabajos determinaron con precisión cuáles fueron los orígenes de la ciudad, después de la Campaña al Desierto (1879-1885). “Recuérdese que la localidad del oeste rionegrino […] reconoce un pasado ganadero común con el resto de las zonas andinas por su condición fronteriza. Migrantes chilenos y colonos suizos y alemanes radicados en las provincias del sur de Chile fueron los primeros en aventurarse a estos lugares luego de la conquista militar”.

Como más o menos se sabe, “en el sitio donde hoy se encuentra la ciudad de San Carlos de Bariloche se instaló primero, en 1895, un almacén de ramos generales, propiedad de uno de esos pioneros, Carlos Wiederhold, de origen alemán. El comercio, llamado primero 'La Alemana' y luego 'San Carlos', daría sin proponérselo nombre al futuro asentamiento. Dicen que el correo, para no confundirse con otros lugares llamados de igual modo, decidió agregar al paraje el nombre con que se conocía el famoso paso de conexión con Chile que usaban los indios del lugar –llamado de los 'vuriloches'-, luego por deformación Bariloche”, según la especulación de Bandieri.

En realidad, ya hacia 1850 se hablaba de Bariloche, aunque en mapas chilenos de principios del siglo XIX se lee claramente “Paso Buriloche”. La versión más difundida habla de un error que se cometió al redactar el decreto que reconoció la existencia del poblado de San Carlos. No obstante, la confusión parece datar de medio siglo antes, cuando al momento de comentar un mapa que tuvo como autor al chileno José de Moraleda alrededor de 1810, Ignacio Domeyko escribió Bariloche cuando en la cartografía del primero se lee claramente Buriloche.

Entre otros, esclareció el asunto Juan Martín Biedma, autor de “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi”, obra de consulta periódica por nuestra parte. Según ventiló, “Bariloche” se refiere “al famoso paso cordillerano” que, según su criterio, descubrió al jesuita Guillelmo a comienzos del siglo XVIII. Su “nombre correcto es Vuriloche o Buriloche. Así lo mencionan los primitivos cronistas y viajeros. El uso de la voz Bariloche es un error, como ya hace 60 años señalando a Fonck”, sostuvo Biedma hace más de cuatro décadas.

Por su parte, Francisco Fonck publicó su obra sobre los viajes del sacerdote Menéndez en 1900. En ella el investigador escribió que “la lección (sic) Bariloche usada con frecuencia por los autores modernos y aceptada oficialmente en la República Argentina por la denominación del departamento Bariloche, no está bien fundada a mi humilde modo de ver. Parece que es debido a un error de pluma o de imprenta en que es fácil incurrir por consistir la diferencia solo en una vocal”, según interpretó.

Fue Fonck -chileno de origen alemán- quien afirmó: “Tengo el conocimiento de un ejemplo relativo a este mismo caso. Antes de publicarse la obra de Olivares yo escribía también Bariloche siguiendo la lección de mi ilustre maestro Domeyko. Pues bien su versión está basada en un manifiesto aunque involuntario error de esta clase: en una luminosa reseña de los adelantos geográficos en Llanquihue hasta 1850 reproduce una cita textual del mapa de Moraleda, escribiendo Bariloche cuando en el mapa dice Buriloche”. En consecuencia, “este error no es moderno como muchos afirman”, subrayaba por su parte Biedma.

De manera que el nombre actual de la ciudad proviene, por un lado, de identificar a un comercio con el conjunto del poblado y por el otro, de una transcripción que se hizo incorrectamente cuando en realidad, nadie pensaba en una ciudad pujante a orillas del Nahuel Huapi. El Correo optó por el nombre que se impuso para simplificar su tarea y el Poder Ejecutivo de la Nación convalidó orígenes tan imprecisos.

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