ALEJANDRO IZAGUIRRE ATACA DE NUEVO
“La psicosis es un enigma que resiste a la práctica del psicoanálisis”
Ocho meses después de la primera, salió de imprenta la segunda edición de “Fantasma, síntoma y regresión” (Carminalucis – 2024), el cuarto libro de Alejandro Izaguirre en el que arremete contra “nuevos cuadros psicopatológicos”, o sea, ciertas modas de la práctica psicoanalítica. La nueva versión incluye artículos que no estaban en el lanzamiento inicial y, además, el autor remitió a este medio unas consideraciones a propósito de su obra de Sergio Varela, quien se desempeña en la Biblioteca Énfasis en el Papiro Dorado, del Hospital Zonal Bariloche.
“En esta segunda edición hemos agregado tres nuevas consideraciones con respecto al huidizo concepto (entre comillas) de Fantasma”, adelantó el psicólogo. Se trata de “los objetos lógicos, el deseo prevenido y las vicisitudes del axioma fantasmático”, enumeró. A propósito, “insisten algunas preguntas”, destacó Izaguirre. “Es famosa la indicación de Lacan: no retroceder ante la psicosis… Bueno, nunca supe bien a que se refería. Tal vez porque psicosis - ¿o tendríamos que hablar de las psicosis? - sigue siendo a mí entender un enigma que resiste a la práctica del psicoanálisis”.
Según Izaguirre, “sea como sea se trata de una palabra que al interrogarla nos extravía hacia definiciones lacunarias (es decir, con lagunas), insuficientes” y “paradojales. En su último libro ‘El duelo, la infición del mundo’, la psicoanalista Patricia Fochi retoma un concepto que Freud toma de Theodor Meyner, quien fuera uno de sus primeros maestros: la psicosis alucinatoria de deseo o amentia (sic), estableciendo lazos con el proceso de duelo”.
Explica el especialista que “la amentia puede entenderse como una reacción a una pérdida que se desmiente por insoportable. La tesis pone el acento en la palabra deseo”, es decir, “campo específico de la neurosis”. Ocurre que “en algunos estados alucinatorios a menudo se hace evidente el rasgo de la realización de deseo”.
“Si doy este rodeo es para plantear esa relación posible entre alucinación, duelo y deseo”, plantea Izaguirre. “El telón de fondo no deja de tener al fantasma y a la regresión como partícipes. En definitiva, retomo la pregunta principal en relación con lo que di en llamar casos severos: ¿no retrocedemos también ante las neurosis? Sin duda hay un riesgo y tal vez sea cauteloso correr a refugiarse entre los brazos de los psicofármacos, haciendo entonces vacilar la apuesta de un análisis. Desafíos insoportables de nuestra práctica”, cuestiona.
Por su parte, Varela confió en un texto que tituló “La estructura de los sueños y del fantasma”, que “en estos meses de lectura y estudio, de manera recurrente me aparecían imágenes de un bello film de Alain Resnais, ‘El año pasado en Marienbad’: su protagonista caminando por los pasillos interminables de un hotel, inmenso, lujoso” y “barroco. Por sus interminables galerías, con sus salas desiertas y lúgubres donde los pasos son absorbidos por pesadas y gruesas alfombras, con salas que se suceden una tras otra y desde las cuales, de vez en cuando, pueden escucharse palabras sueltas, algún cuchicheo, fragmentos de conversación, palabras sueltas, intrascendentes, huecas, vacías, pero que parecen guardar la cifra de algún misterio”.
Fragmento de "El año pasado en Marienbad".
“Habitaciones silenciosas, siempre con sus puertas abiertas que impiden la privacidad y el secreto, revestidas con mármoles, espejos, puertas esculpidas y adornos de otro siglo”, continúa Varela. “Hay un exterior posible que se vislumbra desde la terraza del hotel, pero su parque sugiere un laberinto infranqueable. Las puertas de las salas, hileras de puertas interminables. Y en los umbrales criados inmóviles, rígidos, atentos, indiferentes pero que todo lo ven, con una severidad latente, que parecen montar guardia velando algún secreto”, añade.
En la película hay una mujer, “siempre huidiza, a veces indiferente, que aparece y desaparece con una alternancia desesperante de presencia y ausencia. Fantasmal, por momentos casi transparente e insustancial como toda imagen virtual. Inalcanzable pero que se recorta como promesa paroxística. Un ambiente asfixiante del cual el protagonista desea huir, pero no solo, (sino) con ella”.
Entonces, “la película me evoca la estructura de los sueños y del fantasma: hay un predominio absoluto de la imagen, con fragmentos aislados e inconexos de palabras que a su vez transmutan en nuevas imágenes. Y el objeto siempre huidizo, inalcanzable, imposible de tocar y de poseer en su plenitud. Como toda promesa siempre incumplida pero que se repetirá inexorablemente la próxima vez en que sueñe. Siempre el final es evanescente y cercano a la angustia que finalmente nos hace despertar”.
En Bariloche, la nueva edición de “Fantasma, síntoma y regresión” se consigue en librerías Cultura y La Barca.