2024-10-20

HASTA EL PROPIO FRANCISCO MORENO DENUNCIÓ ARBITRARIEDADES

Colonos alemanes de Bariloche no eran colonos y a veces, ni siquiera alemanes

En 1907 el experito desmenuzó una lista de 14 beneficiarios de supuesto origen alemán, en la cual solo cuatro cumplían los requisitos de la ley en vigencia. Sus críticas cayeron en saco roto.

Las arbitrariedades que cometieron algunos funcionarios nacionales al entregar tierras en el área de Bariloche y el Nahuel Huapi a comienzos del siglo XX no pasaron desapercibidas. Hasta el propio Francisco Moreno levantó la voz para denunciar que la mayoría de los alemanes beneficiados por la Nación no eran auténticos colonos, no vivían por aquí o ni siquiera eran de origen alemán. Ese era el cuadro de situación en 1906, cuando naufragó el pequeño vapor “Helvecia”. Precisamente, la embarcación era propiedad de una compañía al menos polémica en su accionar.

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En su libro “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros-2010), la historiadora Laura Méndez recaló en la controversia. “Fueron muy numerosas las quejas de los habitantes de la región y de algunos funcionarios sobre las arbitrariedades cometidas en el reparto y adjudicación de tierras en el Gran Lago. En enero de 1907, un artículo firmado por Francisco Moreno publicado en el diario La Prensa, bajo el sugestivo título "Colonia Nahuel Huapi. Explotaciones y mistificaciones", denunciaba al Gobierno por favorecer a las compañías chilenas -específicamente a la Chile-Argentina- ya los colonos alemanes por sobre otros en el proceso de adjudicación de tierras en la región”.

Por entonces, gobernaba en la Argentina José Figueroa Alcorta, quien había asumido la presidencia en reemplazo de Manuel Quintana. Si bien en los aspectos políticos y económicos el mandatario continuaba con la política agroexportadora hacia Gran Bretaña que había profundizado Julio Roca, su sector no comulgaba con los seguidores del expresidente, ya por entonces retirado de la política.

Para el experito en Límites, “hay favoritismo: un ejemplo que prueba la veracidad de esa manifestación, lo ofrece un aviso oficial publicado en aquella colonia (se refería al Nahuel Huapi) por el agrimensor comisionado por el gobierno, en el cual se transcribe una lista de 14 colonos alemanes para que presentaron sus solicitudes sobre las tierras baldías de la reserva… De esos catorce colonos alemanes, solo cuatro pueden ser considerados como cuentos y en las condiciones legales que son: Oscar Runge, Otto Goedeke (sic), Gaspar Potthoff y Ernesto Heine, los cuales ocupan personalmente las tierras y las trabajan haciéndolas productivas”, corroboró Moreno.

El columnista sostenía que “en cambio, los diez restantes, llamados colonos alemanes son producto de una artificiosa mistificación” y puntualizaba precisa información. “Gustavo Whinkler reside en Ñorquinco y es empleado de la sucursal de la Compañía Comercial y Ganadera de Chile. Bernardo Book, hijo, es un menor de edad, cuyo padre posee, por otros medios, mayor cantidad de tierra que la que permite la ley”, siempre según Moreno.

Su relevamiento continuaba: “Enrique Potthoff no es alemán, sino chileno, hijo de alemán”, como muchos de los que se asentaron en estas latitudes después del cambio de siglo. Pero, además, “Luis Horn no es ni ha sido nunca colono. Es subgerente de la Compañía de Tierras Chile-Argentina”. En tanto, “Otto Muelhlepfordt (sic) no ocupa ningún lote, y es un empleado de la concesión Anchorena, en la isla Victoria”.

Con vehemencia, añadía el exexplorador que “Federico Reichett tampoco es colono, sino empleado de la casa comercial de la Compañía Chile-Argentina. Juan Neu, no es alemán, como se le hace figurar, sino francés. Carlos S. Rooth reside a 40 leguas de la colonia, y es empleado en la sucursal que en Guagun Nilleo (sic), posee la Compañía Chile-Argentina”. Se refería al paraje donde años después y ferrocarril mediante, se instaló Ingeniero Jacobacci.

La denuncia incluía a “Stollmayer”, que “nunca fue colono, y ahora está en Perú”. También a “JC Boor (que) es empleado de la Chile y vive en Comallo. Se exige al ministro y al nuevo gobernador que tomen cartas en el asunto”. A pesar de la denuncia enérgica y detallada, pareciera que nadie en Buenos Aires tomó nota del asunto porque tres años después, Moreno insistió con sus denuncias.

En la segunda oportunidad, subrayó que las “arbitrariedades en el mercado de tierras” favorecían “a las grandes compañías chilenas”, según el relato de Méndez. Pero, además, objetó “la dilapidación de dinero público en tareas de mensura que nunca se desarrollaron con seriedad”. Palabras de Moreno en una columna de opinión que publicó en otro medio: “se me dice que en mensuras y explotaciones de tierras fiscales se han gastado 22 millones de pesos y muy pocos serán los trabajos de esa clase que tengan el valor de su costo” .

En el mismo texto subrayaba que en la región del Nahuel Huapi “la Compañía Chile-Argentina (es chilena en verdad) tiene grandes propiedades adquiridas de antiguos aprovechadores de las facilidades que en mala hora dio el Gobierno argentino a personas que jamás poblarían por ellos mismos las tierras que se les concedieron”. La paréntesis era del propio Moreno. He ahí parte del pecado original que explica la sempiterna concentración inmobiliaria en Bariloche.

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