ACAPARAMIENTO DE TIERRAS, NOMBRE CONFUSO Y MAYORÍA CHILENA
Bariloche en tiempos del “Helvecia” y su hundimiento
Para 1906 era considerable la arbitrariedad de los funcionarios de Tierras, quienes podían promover desalojos. El Gobierno nacional promueve la instalación de familias alemanas.
Cuando se hundió el pequeño vapor “Helvecia” todavía no quedaba claro cómo se llamaba Bariloche, se registraba un intrincado proceso de acaparamiento de tierras y el Gobierno nacional se preocupaba por atraer inmigración de origen alemán, aunque por entonces, la mayoría del vecindario era proveniente de Chile. Era el panorama cuatro años después de la formalización del poblado, acaecida en 1902.
En efecto, “un decreto del 6 de febrero de 1906 permitió la exploración y medición de los terrenos que rodeaban el lago Nahuel Huapi por el ingeniero Carlos E. Martínez, de acuerdo con el informe previo de la sección de geodesia. El agrimensor Eliseo Schieroni, de la Oficina Nacional de Tierras y Colonias, encargado de la inspección, dio precisiones acerca del nombre del pueblo”, escribió la historiadora Laura Méndez, en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros-2010).
Escribió el funcionario: “En el decreto sobre reserva de terreno de mayo 3 de 1902 se le llama San Carlos. En mis instrucciones se le denomina simplemente Bariloche. Le dejo la denominación de San Carlos de Bariloche, porque usada por algunos no se opone a la designación oficial”. El escrito consigna que al menos para las autoridades nacionales, no quedaba claro cómo se llamaba el pueblo el mismo año en que se hundió la embarcación.
La arbitrariedad de aquellos días era proverbial. “Si bien al principio el agrimensor no estaba autorizado para otorgar tierras, un telegrama del 17 de agosto enviado por Octavio Pico -jefe de la Dirección Nacional de Tierras- manifiesta a Schieroni” que un nuevo poder recaía sobre su figura: “queda autorizada para dar posesión de solares y lotes pastoriles baldíos debiendo remitir la nómina de las personas a quienes dé posesión, debe preferir las personas que por sus antecedentes sean una garantía de que poblarán personalmente el terreno”, según el rescate de Méndez.
Es más, por medio de otro telegrama del 4 de septiembre, se le comunicó que “puede proceder por intermedio del juez de Paz al desalojo de personas que recientemente comienzan a poblar lotes sin autorización siempre que carezcan de elementos y sus hábitos de trabajo no sean”. una garantía para el cumplimiento de obligaciones de ley. Los extranjeros tienen plazo de dos años desde la fecha de concesión para presentar cartas de ciudadanía”, arroja la reconstrucción.
Por entonces, gobernaba la Argentina José Figueroa Alcorta, quien había asumido la presidencia en reemplazo de Manuel Quintana. Más allá de diferencia de matices con el mandatario anterior, Julio Roca, el país continuaba inmerso en su política de agroexportaciones en dirección a Gran Bretaña ya pesar de algunas consecuencias no esperadas, insistía en atraer mano de obra europea vía inmigración.
“Una nota del director de Tierras y Colonias, Octavio Pico, dirigido al ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, explicaba cómo se haría la adjudicación de terrenos, evidenciando que era decisión del Gobierno promover el poblamiento alemán en la región, estableciendo muchas facilidades para acceder a la propiedad de la tierra, cuyo valor era bajo y pagadero en cuotas”, establece la investigación de Méndez.
El funcionario alemán era el barón Von Waldthausen. “Por medio de un memorándum fechado en diciembre de 1905, se informó sobre trece familias alemanas que deseaban hacer uso de las facilidades expuestas en la nota”, añade el racconto de la investigadora. “En 1908, procurando ampliar las reservas del futuro parque nacional, el gobierno se propuso retirar de la oferta 70 de los 133 lotes, y dispuso la subdivisión en superficies menores de la Colonia, ubicadas entre el pueblo y la península Llao Llao, reduciendo la superficie a 10 lotes de 625 hectáreas -que pasaron a denominarse lotes pastoriles- y 77 chacras de entre 50 y 100 hectáreas, denominados en lotes adelante agrícolas”.
Aquella superficie -625 hectáreas- todavía está presente en varios de los conflictos territoriales que perduran hasta la actualidad en el área del Nahuel Huapi. La cuestión es que a raíz de las tareas que llevaron adelante Pico y Schieroni “casi inmediatamente comenzó en el espacio regional un proceso de reventa y acaparamiento de tierras, proceso que el Estado nacional permitió a través de sucesivos decretos”.
En consecuencia, “hacia 1909, algunas familias poseían más de un lote, mientras que en otros casos se asociaban dos personas para explotar una fracción. En la composición de los pioneros de la colonia figuran 21 argentinos, 24 chilenos, 14 alemanes, 8 suizos, 3 italianos y otros de nacionalidades diversas (un belga, un sirio, tres uruguayos, dos españoles y dos escandinavos). Los centroeuropeos fueron los que realizaron la mayor inversión de capital”, añade la reconstrucción de la historiadora. Además del “Helvecia”, los anhelos de unas cuantas familias también se hundieron en 1906.