2024-10-13

EN BARILOCHE SE PASABAN SEMANAS SIN MATE, QUEROSÉN O TABACO

Mujeres se engalanaban y hombres se afeitaban cuando llegaban tropas de carros

Hoy sería impensable vivir sin yerba, pero la escasez fue moneda corriente en el pueblo a comienzos del 1900. Cada vez que arribaban los troperos, había fiesta.

En el Bariloche de entre siglos, 125 años atrás, el desabastecimiento de bienes que hoy nunca faltan podía extenderse durante meses. De ahí que cada vez que llegaba un sufrido convoy de carros proveniente de Neuquén, la costa atlántica o el sur, la exigua población considerara el arribo como una auténtica fiesta popular. Hasta los mejores trajes y vestidos se ponía el vecindario para recibir a los esforzados carreros.

Lee también: Facundo Villalba sobre el veto a los presupuestos universitarios: "Las universidades son fundamentales para el desarrollo"

Alrededor de 1970, Julio Riesgo escribió un texto que tituló “Transportes y recuerdos”, una semblanza que, en sus primeros párrafos, destaca la importancia que tenía para el pueblo cada llegada. El hilo narrativo del auto comienza con breves historias de pobladores: “Tres nombres que después se afincarían en Valle Nuevo (El Bolsón) tuvieron que ver con los albores vurilochenses (sic): Santiago Parra que fuera sargento de la Campaña al Desierto y a fin de siglo formaba parte del destacamento del ejército, sito en el enclavamiento actual de LU8; Bernardo Blanco, antiguo vecino del lugar y después un hábil rastreador de la Policía Fronteriza; y María de los Milagros Cárdenas de Salaberry, la primera tropera del Departamento Bariloche, cuando era un acontecimiento como de fiesta el llegar tropas de cuatro, seis, ocho y más carros, al son de flautas, tintineando cascabeles”. ¿Quiénes tocarían esas flautas?.

Lee también: "Después de Bariloche a la Carta, ya nos preparamos para la Navidad”, expresó Lucio Bellora

Resaltó Riesgo que “¡representaba tanto el hallarse día y noche, por días y acaso semanas, sin mate, sin kerosene, sin tabaco, y sin tantos de los llamados pequeños vicios! ¡Así parecía romería, al escucharse a lo lejos los sones de las flautas, y las mujeres se adornaban con los mejores trapos mientras los hombres rasuraban sus crecidas barbas; y gritaba los chiquillos corriendo junto a los mulares que se acercaban a la posta enclavada primero ante la casa de Widerhold (sic), luego ante la barraca de La Chile-Argentina y más tarde, enfrente del boliche de Félix Pettiti, donde los troperos refrescaban las gargantas sedientas y ansiosas!”

El libro del cual extraemos tan precisas descripciones lleva como título “Bariloche ¡Cuándo era ayer!” (Editorial Melipal). Más que una sola narración, incluye varios artículos que Riesgo publicó en diversos momentos de su vida en esta ciudad, a través de distintos medios gráficos. “¿Veis los maruchos, jinetes de yegua madrina, con sus rodilleras de chiva y sus abarcas de cuero de oveja? Ahora, hartos de polvo, sudor y las incontables jornadas; y en el invierno, ateridos de frío, harto mojadas sus ropas, cansados, y en el largo cabello los trazos de escarcha”.

Con los convoyes, no solo hacían su ingreso mercaderías al pueblo. “Junto a ellos, llegaban bultos de toda forma y dimensión, nuevos colonos, viajeros, trashumantes, quincalleros, amantes de aventuras, pillos, bandidos y a cual más esforzado pionero. Y vino y se fue Laura Buillón, de triste recuerdo junto Enrique Place, que en 1902, se arriba a Cholila donde llega a poseer una estanzuela; y entra Manuel Criado Flores, para retornar al Paso de su nombre, que lo ocupa definitivamente el 1° de mayo de 1904”.

Siempre según el autor, “pasa Mario Reguiló un bilbaíno con ansias del sur; y viene con sus herramientas el vasco Gregorio Ezquerra, con su experiencia en ebanistería y el mejor documento de aquellos tiempos: la palabra, y llegan valijas, con deseos, ilusiones, afanes de paz, esperanzas”. Además, “viene Primo Capraro, teniendo 31 años, tras viajar por Austria, Alemania y Suiza; y entra en Londres trabajando para la Cía. Minera Mother & Sons”.

Después de consagrarle varios párrafos de su texto, consideró el autor que “al hablar de la obra de Capraro es justicia mentar a otros pioneros, escasamente conocidos por cada una de sus trayectorias”. Por ejemplo, “especial por la documentación de prueba, no puede pasar desapercibido Federico Eduardo Baratta. Débese a su insistencia el logro de tierras del lote número 8 (a nombre de él y de Capraro), de 625 hectáreas, cerca del Correntoso y rodeado por los lagos del mismo nombre y Espejo; (al 7 de junio de 1903 lo visitaron juntos, pero, el 14 de diciembre de 1902 lo registró Baratta sin haber llegado aún a Argentina su socio)”. Los paréntesis están en el original.

Más sobre la historia de los carros. El 8 de enero de 1903, Baratta solicitó “de Destefani y Lerín por un lado, de A. Viterboy por otro y de A. Sarno en tercer lugar, que le dieran precios”, en primera instancia de “un carro completo, con toldo, para campo; como para cargar 3.000 kilos a 3.500 más o menos”. Además, “guarniciones para tiraje a caballos 4 a 6”, al igual que el “costo en esa de los caballos para carro”, entre otras averiguaciones. “Los tres eran herreros y guarnicioneros, vecinos de General Roca”, completó Riesgo. Bariloche y sus épocas de tracción a sangre.

Te puede interesar