2024-05-12

1944: SEIS METROS EN BASE DEL CATEDRAL Y 1,20 EN PLAZA BELGRANO

“Cuando se fue la nieve quedaron huesos arriba de los árboles”

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La nevada que tuvo lugar ochenta años atrás fue especialmente virulenta en El Foyel y Mallín Ahogado. Aunque permanecen inéditos, la escritora Albertina Rahm recogió algunos testimonios.

Está por verse si 2024 queda en la historia por la magnitud de sus nevadas, aunque la que cayó hasta el último lunes llamó la atención no solo por la cantidad de centímetros que acumuló, sino también por su carácter prematuro. En cambio, a través del testimonio de vecinos y vecinas que la vivieron, no quedan dudas: la de 1944 fue apabullante. Si solo en plaza Belgrano se juntó 1,20 metros, puede deducirse su altura en el alto o en la zona de los kilómetros.

Llamó la atención sobre la historia meteorológica de Bariloche y la región Albertina Rahm, a quien el cronista consultó inicialmente para ver si podía establecerse un paralelismo entre las nevadas de 1984 y la del fin de semana anterior. La vecina respondió inicialmente esas inquietudes al marcar similitudes y diferencias, pero estableció que realmente histórica fue la que tuvo lugar 80 años atrás.

Albertina es escritora. En 2017 publicó “Nervaduras” a través del Fondo Editorial Rionegrino (FER) y antes aún, “Cuando el agua se vuelve vidrio”. Precisamente y aunque desde la ficción, en sus cuentos están presentes el frío, la nieve, la búsqueda de leña, las precauciones que había que tomar y otros condimentos que caracterizaron al invierno barilochense durante décadas y en algunos casos, hoy mismo.

Vecina de la calle Fagnano, donde vivió la nevada de 1984, escribió un texto breve que se titula “Del cuarenta y cuatro”, que todavía permanece inédito. Además de narrar en sus líneas las peripecias por las que tuvo que pasar Jorge Mange aquel año gélido -cuando contaba con apenas 13 años- también incluyó los testimonios de otros vecinos que describen la intensidad en ocasiones trágicas que alcanzó la nevada.

Albertina recogió testimonios a la manera de una cronista. “La nevada del cuarenta y cuatro fue la más grande que vi en mi vida. Yo tenía entonces dieciocho años y sí que me acuerdo. Cómo no acordarme”, inquirió Filiberto Gallegos, cuando compartió aquellas peripecias. “En lo que ahora es la plaza Belgrano vi a un hombre que se había quedado sin leña y cortaba ramas de ñires secos y las ponía en una carretilla”.

En la ocasión, Gallegos tuvo un gesto de esos que ya no abundan. “Ya que andaba por ahí me puse a ayudarlo”. Evidentemente, también sintió curiosidad: “Agarré una rama derechita y la clavé en la nieve: un metro veinte y decían que en la base del Catedral cargó seis metros. Nevó durante un mes”, le dijo a la escritora. “Cuando le pregunté si la nevada era de abajo -le decimos así a la que viene del Este- con una risa solapada me dijo: de todos lados caía la nieve”.

Más allá de la humorada, de ahí debió venir, porque castigó especialmente zonas que quedan al sur de Bariloche. “En los campos de El Foyel y Mallín Ahogado fue tremendo, nunca visto antes”. En este caso, aportó su testimonio Irma Alegría. “Vacas, caballos, todos muertos. Un desastre, solo se pudieron salvar algunos que pudimos encerrar en el galpón. Y cuando se fue la nieve, viera usted la cantidad de huesos desparramados por el campo. Huesos arriba de los árboles. Nunca se volvió a ver algo como eso”. No, la verdad que por acá no.

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