2023-06-16

¿QUIÉN PROVEYÓ DE DATOS SOBRE PATAGONIA A LAS ESTANCIAS INGLESAS?

Contate una de espías

No fue una película de ficción, sino la realidad a fines del siglo XIX. El registro que un marino de la Marina Real llevó de su viaje por la región, orientó la solicitud de concesiones de tierras

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por parte de capitales británicos.

Siempre se abrigaron sospechas sobre las auténticas intenciones de George Musters al realizar su célebre viaje por Patagonia, entre 1869 y 1870. Para algunos estudiosos, se trató lisa y llanamente de un espía. Pero si bien es cierto que sus indagaciones sirvieron para que, décadas más tarde, capitales británicos quisieran quedarse con las mejores tierras del norte patagónico, también es verdad que el Ejército Argentino se valió de sus relevamientos, cuando decidió avanzar desde el río Negro hasta Nahuel Huapi vía Valcheta y actual Línea Sur.

Al observar los mapas catastrales que reproducen sobre el papel las concesiones que obtuvo la Argentine Southern Land Company (Compañía de Tierras del Sud Argentino), el agrimensor Christian Müller observó que “la línea punteada que une las concesiones de Sierra Colorada, Cansu Lafquen, Epu Lafquen, Mari Lafquen y Huanu Luan corresponde al itinerario del comandante de la Marina Real George Chaworth Musters de 1870”. En particular, corresponde a la zona central de la provincia de Río Negro en el presente.

Admite Müller que “si bien no existe reconocimiento oficial de que Musters fuera un espía inglés algunos autores como (Julio) Vezub no dudan en considerarlo como tal”. Entre otras contribuciones, el historiador que reside en Puerto Madryn es autor de un importantísimo libro sobre Valentín Sayweke y su rol en la así llamada Gobernación Indígena de Las Manzanas. ¿Por qué la sospecha?

Es que, según el agrimensor barilochense, “sus planos terminaron en la Royal Geographical Society y sirvieron de base para la solicitud de tierras que hiciera la Compañía. No he encontrado confirmación pero se decía que la ALSCo era en parte, la mismísima Corona británica”. Además, las muestras o dibujos sobre plantas que aportó Musters, “fueron identificadas por el director del Royal Gardens – Kew”, institución que todavía existe.

Otro tanto sucedió con “las muestras minerales colectadas clasificadas en el Museum of Mines”, añade el racconto de Müller. En manos de los “inversores” tanta información, “las concesiones serían ubicadas en los lugares utilizados por los indios como paraderos por la existencia de agua y la calidad de sus pastos”, completa la investigación, en relación a las rutas que utilizaban asiduamente mapuches, gününa küna y aonikenks al menos, desde mediados del siglo XVIII.

“Me surge al ver los itinerarios de Musters en la documentación oficial, si la información generada por el marino no sirvió también al propósito militar argentino de la Campaña de los Andes al sur de la Patagonia, notificando sobre la ubicación de los aborígenes en el territorio, sus lugares para repostar, aguadas, etc. Tengamos en cuenta que los ingleses y el Gobierno nacional eran aliados económicos y el territorio ganado fue dividido entre ambos”, admite el investigador.

El viajero británico tenía vínculos con sectores del poder argentino, “según Francisco Juárez, Muster era masón de la Logia Excelsior 617 de Buenos Aires desde 1864 y este hecho ya deja de ser una cuestión aislada y se van transformando en un hilo conductor de la historia del Gobierno argentino de esos años”. En páginas anteriores de “Las colonizaciones del Nahuel Huapi. Patagonia-Argentina” (Edición del Autor-2017)”, el investigador se había referido a la pertenencia masónica de los hermanos Roca, Carlos Pellegrini y de varios de los primeros funcionarios del Estado nacional en Patagonia.

Añade la obra de Müller que “años más tarde, un itinerario similar al seguido por Musters será cubierto por la línea del ferrocarril y mantendrá por muchos años la estancia Pilcañeu como punta de riel y uniría algunas estancias de la Compañía con el puerto de San Antonio. Si bien los estudios técnicos comenzaron en 1908 a cargo de los ingenieros Arturo Gasperson, D. L. Reaburn, Guillermo Juárez y Emilio Frey, en la cartografía catastral de 1905 ya se puede ver un trazado tentativo”.

Como saben quienes están familiarizados con la historia de Bariloche, “recién en 1929 se completaría el tramo San Antonio-Pilcaniyeu y allí, casualmente -ironiza el agrimensor- en la estancia inglesa, se paralizarían las obras”. Para que las vías comenzaran a funcionar hasta San Carlos de Bariloche hubo que esperar cinco años más. El poblado no entraba en el diseño de los intereses ingleses. Musters no llegó a husmear por aquí.

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