2021-08-07

OTOÑO DE 1870 EN PILCANIYEU

Postre de manzanas y piñones en el toldo de Foyel

Hoy sería un bocado gourmet, pero en aquella oportunidad, la preparación sirvió para paliar el hambre que sufrieron el inglés Musters y sus compañeros tehuelches, ante la falta de caza.

Durante el otoño de 1870, una columna tripartita acampó en donde hoy se erige Pilcaniyeu. Se conformaba con la gente mapuche de los loncos Foyel y Kintuwal; tehuelches del norte (gününa küna) y tehuelches del sur (aonik’enk). Con los últimos viajaba el marino inglés George Musters, cuyo libro “Vida entre los patagones”, es una joyita a la hora de averiguar cómo se vivía por estas latitudes, una década antes de la Campaña al Desierto.

El contingente de los tres pueblos se dirigía hacia el corazón de Las Manzanas para participar de un parlamento, que sería encabezado por Valentín Sayhueque. Algunos de los párrafos que legó Musters sirven para conocer cuáles eran las predilecciones culinarias de la época, al menos, en esa época del año. Durante su periplo, que había comenzado en Santa Cruz, los viajeros se habían alimentado básicamente de carne de guanaco y de choique.

“Al día siguiente de nuestra llegada a Geylum vino del norte una partida de manzaneros o araucanos con sidra fabricada por ellos y guardada en cueros de oveja, manzanas y piñones, para traficar con eso; y, como de costumbre resultó de ello una francachela escandalosa”. Geylum es el nombre que anotó el británico para el paradero que servía de aproximación al Limay. Según el geógrafo Raúl Rey Balmaceda, coincide con el emplazamiento actual de Pilcaniyeu, en plena Línea Sur rionegrina.

Puede reconocerse en la descripción del europeo a la tradicional chicha, bebida que surge de la fermentación de la manzana. Evidentemente, Musters se molestó por el carácter festivo que adquirió el encuentro entre los mapuches de Las Manzanas y sus parientes de más al sur. Días antes, en inmediaciones de Las Bayas o Ñorquinco, actual jurisdicción rionegrina, el viajero había conocido a uno de los loncos más célebres de esa etapa histórica.

“Foyel me invitó a beber a su costa, pero solo me dejé estar en su toldo lo suficiente para no faltar a la etiqueta; y me retiré a hacer compañía a Hinchel, que no quería beber y que se había quedado al lado del fuego”. Con la gente del último había dado el contingente aonik’enk donde actualmente se erige la localidad chubutense José de San Martín y entre ambos, surgió una buena relación.

Según el relato del marino, “conversamos juntos y esa vez me contó que muchos años antes, aquel lugar había sido teatro de una gran batalla entre los tehuelches y los manzaneros, en la que él, aunque solo era un muchacho entonces, había sido volteado por una bola perdida y había recibido un lanzando estando en el suelo; esa batalla había terminado con la victoria de los tehuelches”. Las hostilidades entre unos y otros habían tenido lugar entre 30 y 40 años antes.

“Al día siguiente de la francachela, como la carne escaseaba, comí en el toldo de Foyel parte de una pequeña torta de maíz y un postre de manzana y piñones; comida en la que hizo los honores la hija de Foyel, linda muchacha de dieciocho años con largos cabellos negros y sedosos, que su doncella, una chica tehuelche cautiva, tenía que peinar diariamente como obligación especial”.

Se trata de la célebre Margarita, que murió 17 años después, cautiva en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Hace poco, investigadores revelaron que su nombre verdadero era Tropa-chun, según se desprende del acta de bautismo datada en diciembre de 1884, ya perdida la libertad de su gente. Pero todavía faltaba para la consumación del drama y su porte impresionó al europeo.

A pesar de las tortas de maíz y del postre que hoy sería gourmet, hicieron ruido los estómagos. “Pasamos en Geylum varios días desagradables y de mucha hambre antes de la partida; había poca caza en las inmediaciones, y el tiempo era frío y húmedo, con una que otra nevada. Durante dos días enteros, Casimiro, Meña y yo, que éramos comúnmente compañeros de mesa, no tuvimos para comer más que un armadillo y unos cuantos pescados que saqué yo de un charco en el arroyo”.

Casimiro era la célebre autoridad de los aonik’enk, cuya partida Musters integraba. El otro comensal, un chileno que también acompañaba el periplo. El armadillo en cuestión, seguramente fuera un piche, otra pieza codiciada en el campo rionegrino del presente. En 1870, el hambre de los viajeros encontró satisfacción cuando al emprender viaje hacia el norte para cruzar el Limay, los cazadores dieron con un gran grupo de choiques.

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