AL COMIENZO, LAS RELACIONES FUERON TIRANTES
Bariloche contra Parques
La llegada a la ciudad del organismo no estuvo exenta de tensiones. Durante años, no se supo hasta dónde llegaba la jurisdicción municipal y hasta dónde la nacional. Hoteleros cuestionaron severamente el proyecto del hotel Llao Llao.
Si en 2019 todavía Bariloche es una maraña donde confluyen la jurisdicción municipal con la provincial y la nacional, imagínese cuál pudo ser el cuadro a partir de 1934, cuando la Dirección de Parques hizo su arribo al poblado.
Las tensiones fueron tan importantes que al conocerse el proyecto de construir el hotel Llao Llao, los principales empresarios hoteleros se opusieron tenazmente e inclusive, ensayaron una suerte de boicot.
La situación política y social de Bariloche se relacionó de manera directa con el clima que se vivía en Buenos Aires. “En el plano político, los años 30 se iniciaron con la vuelta del autoritarismo al gobierno y la reinstauración del fraude electoral como mecanismo para acceder al poder político. El justismo, en un intento de aumentar sus bases de sustentación […] reconsideró la posibilidad de otorgar derechos políticos a los ‘nuevos ciudadanos’, entre ellos, a los habitantes de los Territorios Nacionales”, anotó la historiadora Laura Méndez en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche”. Su libro es fundamental para entender el devenir de la ciudad desde los momentos previos a la Campaña al Desierto hasta mediados del siglo XX. Por “justismo” hay que entender al sector que respaldaba al entonces presidente de la Argentina, Agustín Justo y cabe recordar que durante el período bajo análisis, Río Negro todavía no era provincia.
Sigue el texto de Méndez: “en este contexto, se realizó en Buenos Aires un Congreso de Municipalidades en 1935, donde se consultó a las comunas de los Territorios Nacionales sobre su posición frente a la provincialización. La Municipalidad de San Carlos de Bariloche se manifestó partidaria de la provincialización de los Territorios Nacionales que por la ley estuvieran en condiciones, y cuyo padrón representara más o menos el 50 por ciento del electorado existente”. Pero como sabemos, hubo que aguardar un par de décadas más para el logro del objetivo.
Es más, “estas manifiestas intenciones de ejercicio de autonomía y de provincialización, en la realidad, se enfrentaron a una mayor presencia e injerencia de los poderes centrales en el espacio regional. La Dirección de Parques Nacionales, organismos nacionales como Agua y Energía, Obras Sanitarias de la Nación y Gendarmería Nacional, entre otros, consolidaron en esta década un proceso de institucionalización en el Gran Lago que poco dejó para hacer al recientemente formado Concejo Municipal”, aporta la investigación.
Puja por el poder
Poco que ver con una atmósfera plácida en una tranquila aldea de montaña. “El hecho de que la ciudad de San Carlos de Bariloche y la Colonia Agrícola y Pastoril quedaran inmersas dentro de un Parque Nacional planteó, además del mencionado conflicto con los habitantes de tierras que Parques consideraba como propias, una serie de conflictos vinculados con las difíciles relaciones entre la Dirección de Parques, el municipio local y otras instituciones de Bariloche, que evidencian una puja por el ejercicio del poder material y simbólico en la región del Gran Lago”, encontró Méndez.
La bienvenida a la institución no fue unánime, más bien al contrario. “Con respecto a la acción de la Dirección de Parques en la ciudad, no todos estuvieron de acuerdo. La Oficina de Tierras y los hoteleros de la ciudad fueron algunos de los que se manifestaron en contra de su irrupción en la ciudad. La Dirección de Parques quitó a la de Tierras la administración de importantes extensiones, muchos de sus empleados, y todos los bienes -incluido el edificio que poseía en la ciudad-, lo que produjo notas de quejas y pedidos de traslado”.
El asunto pasaría a mayores. “También la Asociación de Hoteleros manifestó su disconformidad ante la decisión de Parques de construir el hotel Llao Llao en la península, de primera categoría y de inmensas dimensiones. En una carta que el Director del Parque Nacional Nahuel Huapi, Emilio Frey, envió a Bustillo con fecha del 15 de marzo de 1935, se evidencian con claridad los temores que los empresarios turísticos locales poseían frente a la Dirección de Parques”.
La nota de Frey decía: “Las otras noches hubo una reunión de hoteleros de Bariloche en el Hotel Parque con asistencia de los representantes de Exprinter (señor Voiseau), Eves, Villalonga, Navegación Capraro, senador Patrón Costas, el Director de Aduanas, señor Pinedo, etcétera. En resumen se ha tratado de la situación creada este verano por la falta de alojamiento en los hoteles de Bariloche, llegándose a la conclusión que los hoteleros estarían dispuestos a ampliar las mejoras y comodidades, pero que se abstendrán en atención de que la Dirección de Parques construirá el hotel en Llao Llao”.
También confiaba la misiva: “se ha hablado de que siendo los hoteleros de Bariloche los verdaderos pioneers (sic) que han favorecido la afluencia de turismo construyendo con uso del crédito los hoteles que ahora poseen, cuyas deudas recién les son posible mitigar, ahora se les quiere poner a un lado. Que la Dirección de Parques en lugar de construir el gran hotel en Llao Llao, cuya obra creen prematura, deberá de ayudárseles de inmediato para reforzar y ampliar los hoteles de Bariloche y de los demás diseminados por el Parque, a fin de que estuvieran en condiciones de poder albergar a todos los turistas que vengan en la próxima temporada”.
Observaba Frey que “se ha creado una mala atmósfera por la construcción del gran hotel, que ciertos hoteleros no dejan de inculcar a personas de representación, diputados, senadores, etcétera. Los hoteleros han manifestado que el Estado no debe construir hoteles, que su construcción debe ser iniciativa de empresas particulares secundadas financieramente por la Dirección de Parques”. Méndez encontró la carta en cuestión en la Colección Frey del Museo de la Patagonia. Documentos del desencuentro.
¿De quién es responsabilidad?
El proyecto estatal de incursionar en la hotelería no fue el único factor de irritación entre Bariloche y la Nación. “Otro de los escenarios de conflicto fue la relación entre el Concejo Municipal y la Dirección de Parques”, ahonda el libro de Laura Méndez. “En las actas del Concejo de 1935 se puso de manifiesto la pérdida de autonomía del municipio, quien se subordinó a la Dirección de Parques y delegó en ella algunas de sus facultades, consultándola antes de emprender cualquier acción en el espacio regional. Por ejemplo, para la construcción, a cargo de Obras Sanitarias de la Nación, de las obras de provisión de agua potable a San Carlos de Bariloche, el Concejo Municipal designó representante ante dicha repartición a Exequiel Bustillo, autorizándolo para que en representación del Concejo suscribiera el convenio y tarifas del caso ad referéndum del Poder Ejecutivo Nacional”.
En esa línea, “también se consultó a Parques Nacionales, entre otras cuestiones, para resolver cómo evitar abusos en el servicio de alumbrado público y privado, mediar en el conflicto con los carniceros y la faena de animales, solicitar y obtener fondos de la Comisión de Parques destinados al arreglo de calles sin necesidad de reintegro y para dirimir a quienes correspondieran determinadas tareas, por ejemplo, reparar un zanjón: ¿era ésa responsabilidad de Parques Nacionales, del municipio o de Vialidad Nacional?” Pregunta familiar que todavía hoy suele formularse.
Adrián Moyano