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BARILOCHE EN UNA DE SUS HORAS MÁS DIFÍCILES

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16/01/2026

A 30 años de los incendios que calcinaron el cerro Catedral

También había ardido el valle del Challhuaco, mientras regía los destinos ambientales del país María Julia Alsogaray. Recuerdos que se torna necesario refrescar ante tantos fuegos recientes.
Una imagen de ese momento. Gentileza El Cuco.
Una imagen de ese momento. Gentileza El Cuco.

La temporada de incendios había comenzado temprano en 1996, pero hubo una tarde en la que se condensó el drama: a las 15:30 del 19 de enero el fuego se hizo realidad en la ladera norte del cerro Catedral y con velocidad inusitada las llamas alcanzaron 20 metros de altura. Apenas dos horas después, las autoridades dispusieron la evacuación de Villa Catedral. Inclusive hoy, cuando estamos muy familiarizados con las llamaradas del verano, sorprenderá la magnitud que 30 años atrás, alcanzó la destrucción ígnea.

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Las cosas venían mal desde el mes anterior. Con su primer aniversario recién cumplido, El Cordillerano titulaba el 11 de diciembre: “Preocupante sucesión de incendios intencionales”. Según la cuenta que llevaba el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF), desde octubre iban 58 siniestros. Hasta ese momento, se habían controlado sin mayores dificultades. Hasta el momento…

La primera alerta significativa llegó pocos días más tarde desde el cerro Carbón, cuando se desataron dos focos que pusieron a prueba los medios locales. El intendente de Bariloche, César Miguel, avisaba que, entre el SPLIF, Parques Nacionales, el Ejército, Defensa Civil y otras reparticiones, se había circunscripto el daño a 30 hectáreas. Pero avisaba el entonces jefe comunal: “a pesar de los escasos medios con los que se cuentan”.

En los primeros días de 1996, era común que las humaredas dificultaran el tránsito por la Ruta 258, hoy Ruta 40 Sur. A pesar del feriado, el 1º de enero por la noche tuvo lugar una reunión interinstitucional a la que había convocado la Municipalidad. “Lo cierto es que no se lograron muchos avances en la reunión, mientras que algunas de las partes van tomando cautelosa distancia en lo que hace a compromisos”, observó la crónica de este diario.

Rápidamente se vieron afectadas casas en Villa Catedral.

Los riesgos quedaron en inapelable evidencia el 19 de enero, cuando a partir de las 15:30 estalló el drama en el Catedral. Al combate inicial concurrieron el SPLIF más bomberos de Ruca Cura y Melipal, pero poco pudieron hacer ante llamas que alcanzaron 20 metros de altura. El fuego tomó hacia el Camino Viejo, pero el viento hizo de las suyas y gracias a las chispas, cruzó rápidamente calles y caminos para amenazar a Villa Los Coihues.

El hombre de Anillaco

Simultáneamente se registraban siniestros en Río Turbio (Chubut) y recién se daban por controlados los fuegos en el valle del Challhuaco, estropicio que hizo que el mismísimo presidente de la Nación, Carlos Menem, dijera que se tomarían las “medidas necesarias para evitar que se repitan incendios forestales en las reservas naturales del sur argentino”. Solo promesas.

A 48 horas de su inicio, este era el panorama: “recorrer la ruta hacia Villa Catedral muestra a los ojos humo incesante en los distintos sectores de las laderas, mientras que, en otros, un paisaje desolador. En algunos, se apreciaba a lo largo de las horas de ayer, la labor de bomberos y voluntarios en una lucha denodada para impedir que el fuego se propagase, tarea ésta que demandó un esfuerzo que, en muchos casos, superó las fuerzas previstas”, anotaba este diario. Felizmente y como en Epuyén (Chubut) días atrás, fue la lluvia la que llegó para dar una considerable mano.

Sin embargo, no faltó quien se encargó de acercar más leña al fuego: el 25 de enero, este diairo reprodujo declaraciones de María Julia Alsogaray, para quien “los medios que puso la Nación a disposición, a través de la Policía Federal y el Ejército, no fueron debidamente coordinados”. Según la funcionaria, “desde el día viernes (19 de enero) hasta el domingo a la tarde, reinó una gran descoordinación en el tema del Catedral. Tengo las evaluaciones técnicas para demostrarlo y lo peor que puede suceder en un incendio es que no haya unidad de mando”.

Según Alsogaray, en el cerro “estaba trabajando personal de la gobernación, Policía Federal, regimiento de alta montaña y personal de la Municipalidad. La coordinación de eso le correspondía al gobernador”. Por entonces, regía los destinos de rionegrinas y rionegrinos Pablo Verani, quien obviamente, no se iba a quedar callado. María Julia hizo saber que no tenía a la sociedad barilochense en su más alta consideración.

La lluvia se hizo compañera.

Al saber de la recolección de firmas que pedía su renuncia después de las experiencias del Challhuaco y Catedral, expresó: “la gente de Bariloche está recibiendo el impacto de una campaña muy injusta. Es muy fácil poner una mesa en una esquina y decir: la culpa la tiene fulano de tal, firme para que se vaya… Pero la realidad es que la comunidad de Bariloche viene luchando desde hace muchos años para que la Provincia le transfiera el cerro al municipio. Evidentemente, las partidas presupuestarias asignadas a este tema, tanto a nivel municipal como provincial han sido escasas. La nación ha hecho lo que ha podido en el momento oportuno”, se excusó.

Tres provincias

Por entonces presidía la Comisión de Ecología y Desarrollo Humano del Senado de la Nación el rionegrino Remo Costanzo, quien solicitó al Poder Ejecutivo que detallara “el perjuicio ecológico ocasionado por el incendio que alcanzó a tres provincias”, en relación con todos los siniestros. Era del mismo signo partidario. A esa altura, el fuego se ensañaba con el Valle del Rucaco y se había llevado 1.800 hectáreas, solo en los alrededores de Bariloche.

Tampoco aflojaba en el cerro San Martín, a pesar del esfuerzo de los combatientes de las diversas jurisdicciones y de los voluntarios del Club Andino Bariloche. Otras 12 mil hectáreas de vegetación se habían perdido en la zona de la estepa, afectando tanto a campos neuquinos como rionegrinos. Ver el sobrevuelo de aviones hidrantes se convertía en rutina para el vecindario de Bariloche.

“Me tiene harto”, respondió a su turno Verani, ante las declaraciones de María Julia. “La señora no vino a la entrevista que mantuvimos con el ministro de Interior, Carlos Corach”, cuestionó el rionegrino. “Esto me ha colmado la medida de la paciencia. He tratado de no hacer imputaciones, de callarme, pero la Provincia ha tratado de llevar adelante todas las cosas y de Parques Nacionales y de esta señora, no recibimos ni siquiera la presencia. Se fue a Tucumán a cazar pajaritos, en lugar de venir a Río Negro”.

Para los funcionarios provinciales, resultaba claro que Parques Nacionales mantenía “su jurisdicción en la protección y conservación del medio ambiente natural en el cerro Catedral”. Si bien por la norma en vigencia el organismo nacional transfería 1.920 hectáreas para su utilización como centro turístico y deportivo, se establecía que Nación “mantendrá su jurisdicción en la protección y conservación del medio natural en los terrenos cedidos”.

Mientras transcurría la polémica, voluntarios chilenos luchaban contra el fuego sobre el Balcón del Lago Gutiérrez. Juan Atienza, el líder del grupo, tuvo palabras elogiosas para Felipe Ivandic y Alejandro Contreras, dos de los nombres con los cuales las y los barilochenses nos tuvimos que familiarizar en el aciago verano de 1996. En forma simultánea, unos 60 hombres del SPLIF hacían su tarea en el arroyo Casa de Piedra.

Al mes siguiente, los incendios en la ladera sur del cerro Otto eran asuntos de todos los días y la temporada ígnea no terminaba nunca. Pareciera una licencia poética, pero es verdad que los sucesos que tuvieron lugar en el verano del 96 quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva de las y los barilochenses. Al cumplirse tres décadas exactas, mantenerla viva parece más urgente que nunca.

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