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ARDEN NUEVAMENTE LOS BOSQUES A SU ALREDEDOR

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10/02/2023

¿De dónde viene el nombre del lago Cholila?

¿De dónde viene el nombre del lago Cholila?
¿De dónde viene el nombre del lago Cholila?

Cuando Francisco Moreno anduvo por la zona en 1896, ya se llamaba así. Un investigador alemán, que también trabajó para el Museo de La Plata, escudriñó sobre el origen de la designación.

Ocho años después, arden nuevamente bosques en derredor del lago Cholila. En 2015, el fuego se llevó nada más y nada menos que 41 mil hectáreas, superficie que casi duplica a la que se incendió entre 2018 y 2021, si consideramos las tres provincias que se dejan atravesar por bosque andino patagónico. Al momento de redactar estas líneas, “apenas” si se quemaban 500 hectáreas. Pero el propósito de los párrafos que siguen es que no se volatilice como cenizas la historia del lugar. Al menos, la de su nombre.

Hacia 1896 viajó por el área Francisco Moreno, en pleno desempeño de su rol como perito en Límites. Por el Tratado de 1881, la Argentina y Chile habían acordado el criterio para deslindar los territorios recientemente conquistados a pueblos indígenas, pero por entonces, nadie sabía a ciencia cierta dónde pasaba la línea de las más altas cumbres que dividen aguas, fórmula que estableció el acuerdo.

En su periplo, el bonaerense venía de examinar “la confluencia del arroyo Lelej con el río Maitén”. También se asomó al lago Epuyén y consignó que “más al sud se levantan, detrás de la alta morena llamada Cabeza de Epuyén, los nevados de Tres Picos (2500 m) que preceden la alta cadena nevada que probablemente corresponde a la cadena central de los Andes, a juzgar por las publicaciones de los exploradores chilenos”.

Moreno reunión estas observaciones en “Apuntes preliminares sobre una excursión a los territorios del Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz”, que publicó inicialmente la revista del Museo de La Plata. El viajero dató su informe en octubre de 1896 y anotó que después de los emblemáticos Tres Picos, “al S.SO. se ve el prolongado bajo de la región de Cholila o Cholula, la tierra de los Chululakenes de la tradición; allí principia la serie de lagos que reconocerá el señor Lange y que alimentan el Fta-Leufú”.

Párrafos más adelante, el perito especuló sobre el origen de tales paisajes. “Aquí, en Caquel-Huincul y Cholila ha existido siempre un enorme lago anterior a la gran extensión de los ventisqueros, y de ese lago son restos los actuales del sistema del Río Puelo y los del sistema del río Fta-Leufú, hoya común que se separó a medida que la erosión, el clima y quizás también los fenómenos volcánicos, produjeron los desagües del oeste que cruzan la cordillera”.

Hasta ahí, la historia geológica. Pero, ¿quiénes fueron los “Chululakenes de la tradición” que apuntó Moreno? Crucemos su aporte con otro, el que legó el investigador Robert Lehmann Nitsche. El alemán permaneció durante 40 años en la Argentina, trabajó precisamente en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata y ahondó significativamente en el estudio de las lenguas indígenas de la actual Patagonia.

El europeo anotó “chulila-kön” y trató de establecer su significado. Se remontó a las anotaciones que hiciera Thomas Falkner a mediados del siglo XVIII, quien, a su turno, consignó “chulilau”, aunque sin extenderse sobre su significado. El inglés, quien a pesar de escribir su “Descripción de Patagonia” nunca anduvo por aquí, confió que había escuchado hablar del río “Chulilaw”. Inclusive, lo incluyó en el mapa que acompañó su obra.

Para Lehmann, el enigma del nombre de Cholila se explicaba así: “Villarino, en su ya citado viaje, se encontró el día 7 de abril de 1783, en la cuenca del río Negro con indios, uno de los cuales fue llamado Basilio Chulilaquin; el 14 del mismo mes habla de indios Chulilaquines (itálica en el original). Los indios con que trató Villarino eran araucanos, y como tal, fácilmente puede interpretarse la voz en cuestión”, arriesgó el alemán. Araucanos se llamaba en su tiempo a las y los mapuches.

Antes de avanzar en su reconstrucción, recordemos que el piloto real Basilio Villarino partió del Fuerte de Patagones en septiembre de 1782 para averiguar si era posible conectar por vía fluvial, el enclave español en el Atlántico con Valdivia en el Pacífico. Sus chalupas avanzaron con dificultad por el río Negro y siguieron por el Limay hacia el sur. Se desviaron hacia el oeste por el Collon Cura y ante la bajante, no pudieron alcanzar el lago Huechulafquen. Entonces, el marino ordenó el regreso.

Volvamos al trabajo de Lehman. Según escribió “Lafken significa mar (lago); chuli no aparece en los antiguos diccionarios araucanos; hemos averiguado por los mismos indios que t’uli, chuli es nombre del ciervo (cervus campestris). Chuli-lafken se traduce, por consiguiente, por Lago del ciervo. El nombre indicado recién vuelve a aparecer en la época actual”, es decir, fines del siglo XIX y principios del XX.

Precisamente, el europeo abrevó en los escritos del perito: “Moreno menciona como situada entre el lago Nahuel-Huapí y el valle Dieciséis de octubre” y sigue la cita que trajimos nosotros antes a colación. Lehman no titubeó: “Creo que no hay duda respecto de la identidad con la tribu de la cual habla Falkner, Cholila, cholula puede interpretarse como Chuli lav, traduciéndose lav como llanura, campo extendido […] y siendo lav al mismo tiempo raíz para lafken. Los indios de que estamos tratando son pues la gente de la llanura del ciervo”, concluye el escrito de Lehmann. Que ningún fuego borre esa historia.

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