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¿QUIÉN FUE ANTONIO SAMORÉ?

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10/04/2022

El cardenal que evitó la guerra más ridícula

El cardenal que evitó la guerra más ridícula
El cardenal que evitó la guerra más ridícula

En los últimos meses de 1978, los ejércitos chileno y argentino se medían, a través de la cordillera. La tensión se fundamentaba en el así llamado conflicto por el canal de Beagle. El enviado papal fue el encargado de desactivar la bomba.

Vista desde hoy parece la trama de una mala película, pero en los últimos meses de 1978, la Argentina y Chile estuvieron al borde de una guerra. Lejos quedaba la herencia del Abrazo de Maipú, aquel encuentro entre San Martín y O'Higgins que, al finalizar la batalla de patriotas versus realistas, pareció sellar hermandad entre países que todavía no terminaban de nacer. Pero pocos meses después del Mundial y de la mano de dos dictaduras, ambos ejércitos se medían, cordillera de por medio.

En un punto, se trata de historia reciente que muchas y muchos de los lectores recordarán, sin que haga falta un mínimo ejercicio de la memoria. Además, cuatro años atrás se cumplió un aniversario redondo de la tensión y hasta una obra teatral de elenco binacional celebró que la sangre no llegara a ningún río. Pero para las generaciones más jóvenes, quizás haga falta explicar la trascendencia que, de golpe y porrazo, adquirió el cardenal Antonio Samoré.

Cuando irrumpió en la vida de argentinos y chilenos, ya contaba con 73 años. Italiano, recibió la designación de cardenal presbítero en 1967 y, ese mismo año, fue elegido como presidente de la Comisión Pontificia para América Latina, de manera que no desconocía la realidad en la que tuvo que intervenir directamente, 11 años más tarde. Desde 1974, fue cardenal obispo y nada hacía prever que tuviera que desempeñar rol político tan trascendente.

En octubre de 1978, asumió como papa Juan Pablo II. Al mismo tiempo, con la excusa del diferendo por el canal de Beagle y las célebres islas, Picton, Lennox y Nueva, las dos dictaduras empujaban a sus respectivos pueblos a las armas. En un contexto de creciente agresividad, Samoré fue designado como representante papal especial ante la Argentina y Chile, para procurar una resolución pacífica del conflicto limítrofe.

El tristemente célebre Luciano Benjamín Menéndez, general de división y comandante del III Cuerpo de Ejército, dijo en aquella coyuntura fatídica: “Si nos dejan atacar a los chilotes, los corremos hasta la isla de Pascua, el brindis de fin de año lo haremos en el Palacio La Moneda y después iremos a mear el champán en el Pacífico”. Por su parte, Gendarmería cerró fronteras y tampoco se permitió el tránsito de mercaderías brasileñas hacia el vecino país.

Del lado chileno no era que primara la cordura. El dictador Pinochet admitió, años más tarde: “Llegamos al borde de la navaja. No fuimos a la guerra, pero si hubiéramos entrado en ella nos habríamos empeñado con todos los medios y a lo mejor no nos habría ido tan mal. Me habrían levantado una estatua, que es a lo que aspira todo militar”. A confesión de parte, relevo de toda prueba.

En ese contexto, Samoré comenzó su trabajo el 24 de diciembre. Por entonces, declaró: “Veo una lucecita de esperanza al final del túnel”. Su mediación en nombre de Juan Pablo II, evitó la guerra inminente entre los dos países, que se encaminaron hacia la firma del Tratado de Paz y Amistad, que se celebró en 1984. No pudo presenciar la consecuencia más importante de su tarea, porque falleció el 3 de febrero de 1983.

Más tarde, se decidió que el paso cordillerano que antes se conocía como Puyehue o Rincón llevara su nombre. Es el que hace tiempo, tanto en Bariloche como en Villa La Angostura, en Osorno y Puerto Montt, se espera que reabra, después de la crisis que significó la pandemia de COVID-19. Vincula, a través de la cordillera, a la Ruta Nacional 231 con la trasandina CH 215. Relaciona de manera vital a dos pueblos que nunca debieron necesitar de un mediador papal.

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