Columnistas
16/09/2019

Por mi culpa, por mi culpa…

Por mi culpa, por mi culpa…

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Mucha gente vive con culpa que no es otra cosa que ira contra uno mismo porque existe un conflicto entre lo que uno hace y lo que cree que debería hacer. La culpa es altamente destructiva para el ser humano porque nos dice que somos malos y merecemos castigo.

Todos hacemos cosas negativas y nos sentimos mal por ello. Hay ciertas acciones que son malas en todas partes como robar, engañar, estafar, etc. A veces somos capaces de reparar el daño que nos hacemos a nosotros mismos y a otros, y a veces no. Pero vivir con culpa permanente sin poder liberarnos de ella puede llegar a afectarnos la salud.

¿Dónde se inicia la culpa? Por lo general, en la niñez. Cuando una criatura corre, se golpea con la silla y llora, muchos padres expresan: “¡Silla mala! ¡Pobrecito mi bebé!”. El mensaje que le están transmitiendo es: “Tu sufrimiento vino de afuera, la culpa es de la silla que es mala”. De este modo, ese niño crecerá y les echará la culpa de lo que le sucede a otros.

La mejor actitud de una mamá y/o un papá en este caso sería decir: “Hijito/a, no corras porque podés golpearte”. Así se le enseña a ser responsable y no a culparse o culpar a los demás. Muchos adultos se excusan diciendo: “Mis padres no me motivaron para estudiar y prepararme para la vida”. Y algunos, que son padres, incluso sin darse cuenta culpan a sus hijos por no haber podido hacer lo que deseaban.

Pero por mucho que desplacemos la culpa en alguien más, lo cierto es que cada persona adulta es 100% responsable de su vida y sus acciones. Cuando hacemos o dejamos de hacer algo, se debe a que tomamos la decisión de que así sea. Pero es más fácil ponerse en la posición de víctima y culpar a otro. Algo muy común también es que un hijo se sienta culpable porque sus padres se separaron.

Es importante saber (y enseñarles a nuestros hijos) que de chicos no somos responsables; cuando nos convertimos en adolescentes, somos corresponsables con nuestros padres; y cuando ya somos grandes no deberíamos echarle la culpa de nada a nadie porque “la responsabilidad de mi vida es mía y de nadie más”.

¿Cómo actúa alguien que se siente culpable?

- Se genera privaciones inconscientemente y dice, por ejemplo: “No tengo tiempo de hacer actividad física”; o: “No tengo suficiente dinero para gastar en mí”. En el fondo, no se siente merecedor.

- Pone obstáculos inconscientes para crecer y avanzar. Como no cree merecer nada bueno, se autoconvence de que ya está grande o no tiene capacidad para hacer lo que le gustaría hacer o siempre deseó hacer. La culpa siempre obstaculiza una vida mejor.

- Vive auto-reprochándose todo lo que hace. La persona se reprocha constantemente lo que hizo y además lo que no hizo. “¿Por qué hice eso o no hice eso?”, se pregunta. Siente impotencia porque cree que se ha equivocado.
La manera de salir de la culpa es reconocer nuestras equivocaciones y modificar nuestra actitud (reparando lo que hicimos mal, si es posible). Y, sobre todo, saber que somos merecedores de todo lo bueno que la vida tiene para ofrecernos y disfrutarlo.

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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