Aprendió a cocinar en Chaco con su mamá y ahora prepara comida de montaña en Bariloche
Las delicias que dieron forma al almuerzo de pretemporada organizado por Luigi Bosca en Bariloche fueron delineadas por el chef ejecutivo del hotel Catedral, Rodrigo Salas, cuyas propuestas culinarias para el evento —fondue de queso y bocados diversos— se disfrutaron en dos espacios del lugar, el salón Hans y el restaurante La Raclette.
Rodrigo es chaqueño y ha recorrido un largo camino: “Salí de Chaco cuando tenía dieciocho años. Fui a estudiar cocina y comencé a viajar. Estuve en Brasil, Paraguay, Uruguay… Precisamente, dirigía un restaurante en Punta del Este del que los actuales propietarios de este hotel eran clientes. Ellos estaban encantados con la cocina que hacía allá y me dijeron: ‘Queremos que seas parte de un nuevo emprendimiento’. Así que vine enseguida, para preparar los equipos y armar los menús”, cuenta.
Eso fue hace dos años. Desde entonces, disfruta de esta parte de la Patagonia tan lejana a su norte natal. “Me gusta mucho el clima”, afirma.
En la cocina, su ámbito natural.
Cuando él llegó a Bariloche, el restaurante La Raclette estaba concesionado y funcionaba en un espacio diferente al actual. Este año, el nombre fue adquirido por el hotel y se optó por brindar una oferta culinaria relacionada con el paisaje que enmarca al establecimiento: “Queremos que vuelva a mostrar un perfil de comida de montaña, con fondue y guisos, por ejemplo”, dice el chef, quien destaca que el evento de Luigi Bosca sirvió para mostrar esos nuevos rasgos gastronómicos: “Ha sido el reestreno de La Raclette”, explica, informando que, habitualmente, más allá de los huéspedes, pueden disfrutar del sitio personas que no se encuentren alojadas en el establecimiento, aunque aclara que, para concurrir, hay que reservar.
Rodrigo, bandeja en mano.
En cuanto a sus preferencias a la hora de ponerse el delantal y encender las hornallas, señala: “Me gusta mucho la cocina de olla. Me encanta hacer guisos y estofados, todo ese tipo de cocciones largas, porque me recuerdan a los platos con los que me crie”.
“Mi mamá es cocinera, y yo comencé a cocinar acompañándola", evoca con cariño, para después señalar: “Cuando tenía cinco o seis años, en vez de ir a jugar al fútbol, me metía en la cocina con ella”.
Buen ánimo de trabajo en el equipo de cocina.
Sobre el panorama culinario que ha encontrado en la localidad, Rodrigo considera que “en Bariloche hay un gran nivel gastronómico”.
“Varias personas están haciendo cosas interesantes y apostando por la ciudad, y eso es importante para que haya propuestas durante todo el año, no sólo en alta temporada”, considera el chef, que, al momento de definir la gastronomía que desarrolla en la actualidad, sonríe y dice: “Es una mezcla de la Patagonia y Chaco”.