“MUJERES Y DICTADURA” EN LA UNRN
¿En Bariloche no pasó nada? Golpe certero al negacionismo
¿Fue diferente la violencia que imprimió la dictadura en el noroeste de la Patagonia? ¿De qué manera la padecieron las mujeres de Bariloche, Línea Sur y demás zonas de la provincia de Río Negro? Algunos de estos interrogantes y seguramente otros que puedan surgir se ventilarán el próximo jueves (21 de mayo) cuando en una de las sedes de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) se dé a conocer un volumen de autoría colectiva y testimonios múltiples. El conjunto desmiente aquel indiferente lugar común: “acá no pasó nada”.
“Mi aporte es una contextualización histórica que da cuenta de los testimonios y de dónde provienen”, le dijo a El Cordillerano Pilar Pérez, historiadora barilochense que participó del libro. “Lo que en Historia llamamos habitualmente estado de la cuestión, es decir, recuperar las producciones, sobre todo de los últimos tiempos, para contar un proceso que tiene una temporalidad diferente a lo que suele ser la dictadura en el resto del país”, adelantó.
La producción se titula “Mujeres y dictadura. Memorias sobre la historia reciente de Río Negro desde una perspectiva feminista”. Salió de imprenta en los últimos meses de 2025 a través de la Editorial UNRN y después de presentarse en otras localidades de la provincia, llegó el momento de hacer otro tanto en Bariloche. Para nuestra interlocutora, la propuesta “nos obliga a pensar desde la década de 1960, después de la provincialización, para enmarcar y entender mejor qué sucedió durante la última dictadura”.
Docente de la asignatura Historia social de la Patagonia en la carrera de Antropología, para acometer su trabajo escuchó “las 18 entrevistas que habían realizado las compañeras de la Sede Atlántica para ver cómo hacer el recorte temporal a partir de los testimonios y teniendo en cuenta lo que para ellas era relevante y significativo”, enmarcó. “La gran mayoría empezaba su narrativa a comienzos de los 70, con trayectorias laborales, estudiantiles y familiares bastante diversas, porque la selección fue sobre mujeres de prácticamente, toda la provincia, sobre todo de las ciudades, pero también hay testimonios de la Línea Sur”, informó.
“Me resultó muy significativo ver que las situaciones de violencia que vivieron fueron antes del 24 de marzo de 1976. Si bien después se dieron operativos como en el resto del país, con secuestros grupales, detenciones arbitrarias y allanamientos, habían comenzado bastante antes, sobre todo para aquellas que habían sido estudiantes en la Universidad del Comahue, militantes en la Juventud Peronista o en otras agrupaciones de izquierda”, aportó la investigadora y docente.
Formas violentas
Como común denominador, “todas eran muy jóvenes, porque salvo alguna excepción, estaban en sus 20 años iniciando sus familias y tenían una construcción o deseo de país por el cual luchaban, soñaban y militaban día a día”, señaló. Entonces, “que el corte sea 1974-1975 es una de las marcas importantes de registrar”, apuntó Pilar, que es doctora en su disciplina. Sucede que “en general, tenemos muy asociada la dictadura a los secuestros y desapariciones como formas de violencia, pero escuchándolas, uno puede registrar una variedad de formas de violencia”.
El volumen. Gentileza: Carlos Espinosa.
En efecto, se ejerció a través de “algo muy íntimo o familiar o de presión sobre la vida misma de esa mujer. Muchas de ellas tuvieron a sus compañeros presos y tuvieron que movilizarse”, además de afrontar “la estigmatización social” y “la discriminación por parte de los mismos vecinos o familias”. El estigma significó “carreras profesionales cortadas o sumisión violenta al silencio, al no poder contar lo que estaban padeciendo”, explicó la investigadora. “Se pueden ver en estos relatos las muchas formas que tuvo la violencia que la dictadura imprimió, en particular, sobre mujeres”.
A la luz de su experiencia, “el libro tiene varios hallazgos, pero lo que se vuelve muy evidente es que es un golpe contra la narrativa del acá no pasó nada. A partir del negacionismo que estamos viviendo en el presente, podemos hacer una retrospectiva más larga. Acá en Bariloche y en otros pueblos de la Patagonia, sabemos que la ausencia de procesos judiciales durante muchas décadas y de investigaciones en profundidad durante los años 90 y 2000, fueron un caldo central para la construcción ese relato del acá no pasó nada. ¿Cómo pasaría algo en la Suiza argentina?”, ironizó la historiadora.
“A pesar de que las experiencias fueron distintas, uno puede identificar el plan sistemático de represión de la dictadura” inclusive aquí. “Poner todas esas voces juntas da cuenta de cómo se fue instrumentando la violencia en distintos ámbitos, de forma sostenida y cada vez peor”, ilustró. “También el silencio al que esas mujeres fueron sometidas después, al retorno de la democracia”.
No es casual que la contribución salga a la palestra desde la editorial de una universidad estatal, “es un ejemplo de las funciones que tiene la universidad pública en zonas periféricas”, resaltó la docente e investigadora. “Las investigaciones doctorales, que son las de más largo plazo y hablan sobre el plan sistemático de la dictadura en el norte de la Patagonia, fueron financiadas por el CONICET y las universidades públicas”, resaltó.
La historia vista desde acá
Puede advertirse que “descentralizar el sistema de ciencia y tecnología, crear universidades donde antes no las había, es abrirle la puerta al conocimiento sobre qué pasó a nivel regional”, destacó. “No solo para discutir esa idea del acá no pasó nada, sino también para pensar el proceso a nivel nacional, al que siempre conocimos centrado en Buenos Aires o en el cordón fabril industrial de nuestro país”.
Otro aspecto de presentaciones anteriores.
Como contrapartida, “tenemos realidades económicas diferentes y la dictadura también pensó de formas diferenciadas a la región patagónica. No es que acá no pasó nada, sino que la instrumentación fue diferente”, insistió Pilar. “Por ejemplo, los centros clandestinos de detención en la Zona Centro eran efectivamente clandestinos. Aunque los vecinos escucharan gritos, no se sabía qué pasaba allí. En cambio, en el norte de la Patagonia, según las investigaciones de Pablo Scatizza, la mayoría fueron centros de detención clandestina”, diferenció.
“El juego de palabras da cuenta de que aquí lo clandestino fue la detención, pero los espacios físicos eran comunes, como comisarías o subcomisarías, lugares de tránsito permanente en su trabajo cotidiano: veían pasar a la gente con ojos vendados para ser torturados”, cuestionó. “Estas particularidades van sumando matices y nos hacen saber y entender cómo la dictadura se instrumentó y qué alcances tuvo para esta sociedad en particular”, estableció la historiadora.
La cita se pactó para las 17 del próximo jueves en Anasagasti 1463 (Aula B 103). Además de nuestra vecina participarán de la presentación las compiladoras Mariana Rulli y Lucía Zanfardini; más otra de las autoras: María Marta Quintana. También estarán presentes Eugenia Cattáneo y Adriana Battistón, del Archivo Provincial de la Memoria; junto con algunas de las entrevistadas.
“Es la primera presentación en la que participo. En los actos que se están dando se reúne mucho público y se le da voz a quienes fueron protagonistas, que en general cuentan o refuerzan algo de sus relatos. Muchas veces hay estudiantes, gente más joven u otros que también quieren contar las experiencias que tuvieron durante la dictadura y se arma un diálogo muy cálido”, adelantó Pilar. “Doloroso, pero necesario”. Ninguna duda.