Dina Huapi, Península San Pedro y el lago Gutiérrez tuvieron antaño otros nombres
Antes de que Carlos Wiederhold levantara su almacén donde hoy está la intersección de Avenida 12 de octubre y Quaglia estuvo en la zona un militar argentino que, además, se había desempeñado como gobernador del Territorio Nacional de Santa Cruz. El explorador llegó con el cometido de pasar el invierno en el área del Nahuel Huapi mientras la relevaba y el escrito que legó es de importancia para sumar conocimientos sobre el pasado de Bariloche cuando el poblado todavía no existía.
Ramón Lista y sus acompañantes llegaron aquí durante la estación más fría de 1894 y dos años después, el primero publicó una síntesis de sus observaciones en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino. En sus líneas pueden encontrarse denominaciones que, si bien ya se expresaba en castellano, no perduraron hasta la actualidad y se perdieron cuando decidieron oficializarse nuevas, sea a través de Parques Nacionales o de otras reparticiones oficiales. Además, constató que ya estaban asentados otros pobladores un año antes de la apertura de “La Alemana”, la casa de comercio de Wiederhold.
El militar y exfuncionario también arriesgó algunas hipótesis que posteriormente, nadie pudo comprobar. Al hacer un poco de historia sobre los territorios que pisó, escribió Lista que “hacia el año 1704, el padre Felipe Lagunas restableció la misión de Nahuel-Huapí (sic), edificando la iglesia u oratorio en la mayor de las dos islas inmediatas a la desembocadura del arroyo emisario del lago Gutiérrez, hecho que nos ha parecido incontestable en vista del hallazgo de huesos humanos y varaderos para jalar las embarcaciones sobre las playas de ásperos guijarros y cortantes lajas, de aquella pequeña isla”.
Se refería a la que en el presente llamamos Huemul, pero su especulación no tuvo ecos posteriores, aunque se admite que en una tercera etapa de su funcionamiento la posición jesuita se situó en el margen sur del lago. En otro párrafo de sus anotaciones, al comentar sus excursiones, mencionó que “en otra llegamos a la Laguna Larga, pequeño lago oblongo que ya hemos mencionado con el nombre de Gutiérrez”, aclaró. Quiere decir que, por un tiempo, las dos denominaciones convivieron. La segunda la había determinado Francisco Moreno en 1880.
En su escrito no mencionó al poblado de San Carlos porque todavía no existía. En los últimos días de mayo, Lista y sus acompañantes habían arribado “al llano de Tequelmalal y a las ruinas del fortín Chacabuco. Ahí cerca, entre adustas montañas que se elevan hasta la región de las nieves eternas, desenvuelve su napa azul el lago Nahuel-Huapí que semeja un mar interior cortado por canales y boscosas islas”, describió.
Invierno amigable
Evidentemente, aquel invierno resultó un tanto benévolo, porque según el viajero, “es muy raro que nieve o llueva dos días de seguido y cuando esto ocurre, sopla a las pocas horas el viento del Oeste que barre las superficies y derrite la nieve. Por otra parte, el frío es poco intenso, los animales -caballos u otros- viven bien al raso, no faltándoles el necesario alimento, que allí consiste en diversas gramíneas y apetecidas hojas de maitén”.
En balsa por el Nahuel Huapi. Sin fecha. Archivo General de la Nación.
Para 1894 “la población” era “todavía muy escasa en las inmediaciones del lago”. Anotó Lista que “se halla de trecho en trecho alguna estanzuela (sic) o parada de ovejas, en donde siempre se está seguro de recibir la mejor acogida”. Precisó que “prescindiendo de la primera quincena de junio de 1894, que la pasamos mitad en viaje y mitad alojados a la orilla del Limay, el resto de ese mes lo empleamos en pequeñas excursiones hasta la llamada Península del Sud, especie de martillo formado por el lago en sus continuos ataques a la tierra firme. En una de esas breves e interesantes caminatas reconocimos los cerros de Tequelmalal y el valle inmediato de Ñhirhuao (sic)”.
Pueden reconocerse fácilmente a la Península San Pedro y al cerro Leones de la actualidad, a cuya sombra florece Dina Huapi. En el interior de la elevación, el grupo dio con “algunas cavernas con pinturas murales indígenas”, destacó. En cuanto al alojamiento del que disfrutó “a la orilla del Limay”, fue proporcionado por la “casa de Zavaleta, distante unos 1.300 metros del desagüe del lago”. Sería entonces el primer poblador no mapuche de la vecina localidad.
En otra de sus correrías Lista y su grupo llegaron “a la Laguna Larga pequeño lago oblongo”, al que, en otro pasaje de su texto, mencionó como el Gutiérrez. Entre el 1ro de julio y el 8 de agosto, “la temperatura media del día fue de 0 a 5 centígrados, habiendo llovido despacio cinco veces y nevado tres; con vientos variables del Sud, Norte y Noroeste”. En efecto, fue un invierno benévolo: no es habitual que en esa estación del año soplen vientos del norte. Nótese que Lista no registró vientos del oeste, los más comunes.
Para la margen septentrional del lago, consignó el excursionista que el 19 de agosto estaba “en viaje hacia el Correntoso... Cruzamos un arroyo grande, luego otro mayor. A las 2 p. m. hacemos alto al borde de una ensenada con tres islotes, uno más alto que se singulariza por un roble muy coposo. Discurriendo desde la ensenada a través del bosque, llegamos a un riacho, bastante caudaloso y de apurada corriente. Debe de ser el que llaman los campañistas o vaqueros chilenos Río Bonito. Lo vadeamos en tres pies de agua, seguimos a través de los árboles y a poco bajamos a la playa del lago en donde alistamos el alojamiento, mientras comienza a nevar con fuerza”. El río Bonito desagua al noroeste del actual Puerto Manzano.
Lúgubre rumor
Al día siguiente, el invierno del Nahuel Huapi se expresó con todo su rigor. “Ha llovido y nevado abundantemente durante toda la noche, larga noche en que oímos el lúgubre rumor del viento que cruza el cipresal. La madrugada es triste y sigue cayendo la nieve en gruesos copos... Sigue nevando en la tarde. Las mulas relinchan de frío, mientras escarban y escarban en busca de una brizna de pasto”, evocó en su escrito.
Detrás de esa alameda encontró reposo el contingente de Lista.
La nevada continuaba 24 horas más tarde. “El aspecto de los alrededores es de una desolación imponente. La nieve se extiende por todo el bajo, formando tantos mogotes y repliegues como hay matas de pasto y troncos de árboles tumbados. Las cumbres visibles, blanquean también; y más lejos, en el último límite del horizonte un espeso velo de vapores acuosos forma una cortina con reflejos de alborada”.
El 22 de agosto salió el Sol y la partida continuó con su avance por la orilla del lago, hasta detenerse en las orillas del Correntoso, “que lo es a la verdad el angosto canalizo de aguas cerdosas y profundas, de una diafanidad sorprendente. En los alrededores hay alguna nieve, pero no tanta como en la vega que hemos cruzado para llegar al canal”. En la mañana del 23, se asomaron los viajeros al lago que hoy lleva el mismo nombre, pero creyeron que se trataba del Frías que había mencionado Eduardo O'Connor en sus escritos.
Es muy ilustrativo que, según Lista, el lago Correntoso no figurara en 1894 “en ningún plano moderno”. Ante la persistencia del mal tiempo y ante el estado que presentaban las mulas, el grupo resolvió regresar hasta las posesiones de Jones, de donde había partido para cumplimentar el último tramo de su viaje. “Después de la fatiga y el hambre, nos calentamos al fuego, dormimos y comemos espléndidamente”, admitió. Valiosa semblanza de la geografía que pisamos todos los días, cuando todavía no la hollaban tantos caminantes.