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13/05/2026

Escritora mapuche de Bariloche compartió instancias con Premio Nobel de Literatura

El escritor de origen sudafricano abrió el ciclo “La palabra indígena” en la reciente Feria Internacional del Libro. Presentó una obra escrita en coautoría sobre los genocidios indígenas en Sudáfrica, Australia y la Argentina.
En la fila de arriba de izquierda a derecha: Tamara Padrón, Maira Ávila, Vanesa Gallardo Llancaqueo, Sandro Rodríguez y Viviana Ayilef. Abajo, Sylvia Iparraguirre, Fabián Siccardi, Liliana Ancalao y John Coetzee.
En la fila de arriba de izquierda a derecha: Tamara Padrón, Maira Ávila, Vanesa Gallardo Llancaqueo, Sandro Rodríguez y Viviana Ayilef. Abajo, Sylvia Iparraguirre, Fabián Siccardi, Liliana Ancalao y John Coetzee.

La presencia de John Maxwell Coetzee en la reciente Feria Internacional del Libro de Buenos Aires logró amplia repercusión en la gran prensa capitalina. Entre otras actividades, el Premio Nobel de Literatura 2003 compartió un espacio con autores pertenecientes a diversos pueblos indígenas de la Argentina y entre ellos, estuvo una vecina de Bariloche: la poeta mapuche Vanesa Gallardo Llancaqueo. Retornó con sensaciones encontradas.

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Además de escribir, nuestra interlocutora es profesora en Letras y enseñante de mapuzungun, es decir, la lengua de su pueblo. En intercambio con El Cordillerano, confió sus pareceres. “Fui invitada a participar de la tercera edición del ciclo La Palabra Indígena: diálogo entre escritoras y escritores originarios. El evento se inició en 2024 con la coordinación de Fabian Martínez Siccardi y Diego Antico y en la edición 2026, fue coordinada por la dupla Martínez Siccardi y la enorme poeta mapuche Viviana Ayilef”, que reside en Trelew (Chubut).

Vecina del barrio El Frutillar, la participación de Vanesa se concretó “en la segunda jornada del jueves pasado (7 de mayo) y tuve la oportunidad de dialogar con el poeta Marcelo Quispe, perteneciente al pueblo Coya-Ava guaraní. En ese dialogo, cuidadosamente coordinado por Vivi Ayilef, fuimos compartiendo palabra conversada y lectura de nuestros textos poéticos”, compartió la poeta.

El día anterior, la escritora tuvo la chance de interactuar con el Nobel de origen sudafricano que adoptó nacionalidad australiana. “La presentación del libro El mal salvaje, de Coetzee y Martínez Siccardi fue el evento de apertura del ciclo y estuvo coordinada por la querida y reconocida poeta mapuche Liliana Ancalao. La sala Victoria Ocampo estuvo llena de sus lectoras, que aprovecharon la oportunidad para verlo y escucharlo en vivo. Quizá, muchas de ellas se encontraron por primera vez con la voz calma, pero certera de Liliana, quien estuvo a cargo de la presentación del libro. En su saludo en mapuzugun se hizo presente todo nuestro pueblo. Llituchelelu dijo: los pueblos que estábamos primero”.

La poeta no se dejó encandilar fácilmente. “Fue importante estar ahí, más que nada para acompañar y sostener la palabra y la tarea de Liliana, que leyó el libro y escribió desde un lugar alejado de los privilegios, por ser mapuche, por ser mujer y por ser mujer indígena. Un lugar muy distinto desde el que escriben Coetzee y Martínez Siccardi: lugares de privilegio por ser hombres, blancos y pertenecientes a la clase hacendada. Desde ese lugar incómodo es que escriben. Su libro aborda las acciones genocidas impulsadas por las clases terratenientes del Estado argentino en el Wallmapu (territorio mapuche) y del colonialismo europeo en territorios de Sudáfrica y Australia”.

Emoción

A pesar de sus cuestionamientos, “me conmovió mucho que Siccardi comenzara saludando en mapuzugun, un gesto de reconocimiento al pueblo mapuche en su larga tarea por el levantamiento de nuestra lengua. Sé que Fabián viene estudiando mapuzugun a través de las propuestas de enseñanza de Pu picheke choike”, un colectivo de Bariloche que precisamente, se consagra a la enseñanza de la lengua. “Por otro lado, el relato que eligió leer en su presentación recupera su memoria de niño en la estancia de su familia y el vínculo con Reyes, un peón williche (gente del sur) que trabajaba allí y con quien generó un vínculo de mucho afecto, por sus gestos de cuidado y enseñanzas con el niño que fuera”.

Como contrapartida, “por el lado de Coetzee me interpeló muchísimo su posicionamiento monolingüe porque solo habló en inglés, quizá porque es un gesto lingüístico que no podemos sostener quienes nacimos en una lengua colonial”, resaltó Vanesa. No obstante, “del relato que compartió este autor, me asombró la semejanza de la colonización para explotar los territorios con ganado ovino y la apropiación de los cuerpos indígenas como fuerza de trabajo”.

Cuando llegó su momento al día siguiente, “desde lo performativo hubo dos gestos que quise poner de relieve”. En primera instancia, “el tukuluwun (vestimenta tradicional) en un recinto como la (Sociedad) Rural. En mi tukuluwun además llevé el newen (fuerza o energía) de tantísimos lamgen (hermano o hermana, cuando quien habla es una mujer), porque fueron realizadas por manos de mujeres, como las de Vero Quintupuray (zomo rütrafe, o sea, platera); de la tejedora Beatriz Marilaf, de Comallo, y del lamgen Mañke Weychafe”. Y en segunda, “la presencia de la wenufoye (bandera mapuche) intervenida con producciones gráficas en defensa del agua y los glaciares que se realizaron en la acción poética impulsada por la Organización Ecologista Piuke en abril”.

La actividad que coprotagonizó Vanesa.

“En cuanto a mi lectura, puse el énfasis en el ejercicio de la memoria al que la poesía me ha llevado: la de nuestro pueblo, la de nuestra gente cautiva en el Museo de La Plata; pero también las memorias familiares que, a pesar de ser sobrevivientes de un genocidio, están plagadas de belleza y luminosidad”, completó Vanesa.

Además de su participación concreta, la escritora encontró momentos gratos en el máximo acontecimiento del sector editorial argentino, y otros no tanto. “Lo más hermoso fue la posibilidad del abrazo y la conversación entre lamgen. El reencuentro con el poeta Bernardo Colipan (Osorno), con Viviana, Liliana y Aye Penchulef (Neuquén). La posibilidad de conocer y conversar con la poeta güluche (mapuche del actual Chile) Graciela Huinao y la escritora argentina Sylvia Iparraguirre”.

Largas charlas

Para Vanesa también resultó fructífero “compartir largas charlas con Sandro Rodríguez, poeta diaguita calchaquí, y con Maira Ávila, ambos médicos y artistas sensibles que sostienen amorosamente tantas luchas en Córdoba”. En la misma línea, “fue valioso conocer al poeta Marcelo Quispe y reconocerme en sus múltiples tareas: saberlo un docente también apasionado de su profesión”. La poeta se desempeña habitualmente en el Instituto de Formación Docente Continua de Bariloche.

Del otro lado de la columna, “no sé si podría decir que algo no me interesó. Más bien me abrumó la multitud en los stands de venta de libros y la naturalización imperturbable frente a una sala denominada Martínez de Hoz. ¿Hasta cuándo homenajearán genocidas?”, volvió a cuestionar la poeta mapuche. No obstante y como dijera, “fue importante estar ahí”.

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