2024-12-01

ASÍ VIO EL LAGO EDUARDO O’CONNOR

El Nahuel Huapi: “Tres leguas de contornos parabólicos perdiéndose en lontananza”

Estaba al mando de la primera embarcación de la armada que navegó estas aguas en diciembre de 1883. Al retorno, casi no cuenta el cuento.

El calendario marcaba el 13 de diciembre de 1883 cuando un hombre de mar dio cauce libre a su faceta de escritor al ingresar en pequeña embarcación al Nahuel Huapi. “Presentóse (sic) a nuestra vista un grandioso panorama en forma de inmenso anfiteatro que desarrolla un horizonte de millas de metros; desplegándose una dilatada superficie líquida en una extensión aproximada de tres leguas, de contornos parabólicos, perdiéndose en lontananza y teniendo por base una extensa cadena de montañas de cimas altísimas, cubiertas de nieve. Nada más imponente y caprichoso que la disposición de las crestas salientes de las montañas”.

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La descripción se incluyó en un informe militar y lleva la firma de Eduardo O'Connor. La escribió cuando, después de agotadores esfuerzos y varias frustraciones anteriores, por primera vez una unidad de la Armada Argentina pudo ingresar al lago, luego de sortear la obstinada oposición del Limay. La lancha en la que se desplazaba la tripulación reducida recibió esa misma jornada el nombre de “Modesta Victoria”.

La actuación del futuro vicealmirante durante el avance de las fuerzas armadas fue rescatada por Enrique González Lonzieme en ocasión del Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto, que se celebrará en General Roca en noviembre de 1979, a instancias de la Academia Nacional de la Historia y de la última dictadura cívico militar. Historiador naval y capitán de navío fallecido en 1997, el autor tituló a su contribución “Personajes de la Conquista del Desierto: el vicealmirante Eduardo O'Connor”.

En ausencia de su jefe, Erasmo Obligado, quien había liderado los viajes anteriores, su subordinado fue designado “jefe de la Comisión Exploradora Argentina que debía realizar un nuevo intento por llegar por vía fluvial al lago Nahuel Huapí”, reconstruyó González Lonzieme en 1979. Volvió a alistarse el vapor “Río Negro” con el que la misión partiera de Patagones el 10 de octubre de 1883.

Gracias a las experiencias previas, “la subida se realizó en esta oportunidad con relativa rapidez, habíada cuenta de la fuerza de la corriente, pues el 12 de noviembre ya había alcanzado el famoso Peñón de Río Negro, donde nuevamente debieron detener la marcha del vapor. ”. Dos viajes atrás, los marinos habían designado de esa manera a una gran formación pétrea que se destacaba donde el Collón Cura se juntaba con el Limay.

Por entonces, los dos ríos presentaban su estado natural, antes que las grandes represas hidroeléctricas y embalses los transformaran. Era proverbial la violencia de las aguas: “Se trataba de un recodo del Limay que rodea un alto peñón contra el cual golpean las rápidas aguas del río y forman impetuosos remolinos. Obligado trató de vencer el escollo, pero el buque perdió el gobierno a causa de los remolinos, su máquina no alcanzó a vencer el ímpetu de la corriente y estuvo a punto de naufragar al golpear reciamente contra las paredes del peñón al que llamaron por ese motivo. Río Negro”, narró el historiador naval.

Dos años después de aquella frustración, la nueva expedición se encontró en una circunstancia similar. “O'Connor trató de vencer el escollo, pero fracasó también en su intento, por lo que, al igual que Obligado, debía seguir el viaje a bordo de una lancha y un chinchorro; pero, a diferencia de su jefe y para desvincularse de la bajante de las aguas, dispuso que el vapor volviera al río Negro pues él lo haría con sus botes al finalizar la expedición”.

Así las cosas, “continuaron, pues, a la sirga y finalmente el 13 de diciembre entraban a vela al lago Nahuel Huapí y O'Connor bautizaba a su lancha con el sugestivo nombre de Modesta Victoria”. Según su biógrafo, “hombre de exquisita sensibilidad, quedó profundamente impresionado por la majestuosa belleza del paisaje que conforma las orillas del famoso lago y así lo manifiesta en su informe oficial”.

Además del párrafo que está más arriba, agregó el marino: “Monolitos gigantescos de varias formas elevándose a las nubes, figurando ruinas de castillos fantásticos,… torres truncadas, cimientos de construcciones sin concluir y, en fin, contornos de objetos y seres extraños como la imaginación más rica pueda forjar… La inmensa superficie líquida solo es interrumpida por una gran isla cubierta de vegetación. El silencio es solemne y ningún ruido interrumpe la serena tranquilidad de las aguas en sus raros días de calma. La superficie se presenta entonces como un espejo de plata…”

Para escribir su ponencia, Enrique González Lonzieme consultó el “Parte informe de la exploración del Limay y lago Nahuel Huapi”, manuscrito por el propio navegante. Después del arribo que tanto trabajo demandó a la Comisión Exploradora, “la tarea de O'Connor y sus hombres en este escenario se prolongó por casi dos meses, durante los cuales realizaron un prolijo levantamiento hidrográfico”, completa el texto.

Hasta que el 7 de febrero de 1884 “dieron por terminadas esas tareas y emprendieron el regreso; navegación por los rápidos del Limay que sortearon hábilmente, no sin poner en peligro la embarcación y aún sus propias vidas; como le ocurrió en una oportunidad al mismo O'Connor quien, al dirigir la Modesta Victoria desde la popa, cayó al agua en medio de los remolinos del río, salvándose a duras penas de morir ahogado”.

La embarcación amarró en la entonces Villa Roca 10 días después y el 19, siempre de febrero, encontraron al “Río Negro” a la altura de Chichinales. Tiempo después, el contingente llegó a Patagones a bordo del vapor. En mayo siguiente, O'Connor fue designado segundo comandante de la bombardera “República” y se alejó de la región. Seguramente, jamás olvidó ese chapuzón en las aguas del bravío Limay.

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