NO SÓLO COMERCIAR BUSCABA LA ALIANZA ANGLOFRANCESA
El combate de la Vuelta de Obligado y el segundo Uruguay que no fue
El episodio que conmemora el Día de la Soberanía formó parte de la así llamada Guerra del Paraná, que terminó con la victoria de la Confederación en El Quebracho. Londres y París buscaban un segundo “estado tapón”.
Aunque la movilidad de los feriados por cuestiones turísticas pueda desorientar, es el 20 de noviembre cuando se conmemora el Día de la Soberanía en la Argentina. La efeméride se instituyó en 1974, aunque durante la última dictadura militar perdió su condición de día no laborable. Aconteció ese día de 1845 el combate de la Vuelta de Obligado, que estuvo lejos de ser un hecho aislado. Formó parte de la así llamada Guerra del Paraná, conflicto que, de haber finalizado con la victoria de la alianza europea, hubiera sido redundado en el establecimiento de otro estado tapón a la manera de Uruguay en el Litoral argentino.
Hay que poner las cosas en su contexto y ver qué sucedió inmediatamente después. Prácticamente a un mes del hecho de armas, un comerciante inglés de influencia le dirigió una carta al general San Martín, que por entonces mantenía un exilio voluntario en Europa y gozaba de reconocimiento en los círculos gubernamentales, tanto de Francia como de Inglaterra. A mediados del siglo XIX el colonialismo gozaba de su máximo esplendor y gracias a la expansión industrial, la incorporación de nuevos territorios estaba prácticamente naturalizada para Londres y París. Entonces, el empresario en cuestión le preguntó al correntino qué pensaba sobre una posible invasión a la Confederación.
En uno de sus párrafos, el Libertador expresó: “Bien es sabida la firmeza del carácter del jefe que preside la República Argentina... Con siete u ocho mil hombres de caballería, fuerza que con gran facilidad puede mantener al general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres, salga a más de treinta leguas de la capital, sin exponerse a una ruina completa por falta de recursos, tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará a menos (como es de esperar) que el nuevo ministro inglés, no cambie la política seguida por el precedente”. Se dice que los pareceres de San Martín influyeron en los legisladores de ambos países.
En efecto, el combate de la Vuelta de Obligado no fue la única acción en las cuales el gauchaje cruzó armas contra los expedicionarios franceses e ingleses, pero es la que más retiene la memoria colectiva. El escenario del enfrentamiento fue el río Paraná, con sus costas. Allí se batieron con denuedo los contingentes de la Confederación, hasta quedarse sin municiones y verso ante la superioridad tecnológica del enemigo, que traía cañones de carga posterior, una novedad para la época.
Al término del entrevero, escribieron los agresores: “siento vivamente que esta gallarda proeza, se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas, pero considerando la fuerte oposición del enemigo y la obstinación con que fue defendida la plaza, debemos agradecer a la Divina Providencia que no haya sido mayor”. Así se expresó el jefe francés. Su colega inglés informó: “bizarro hecho de armas, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos. Tantas pérdidas han sido debidas a la obstinación del enemigo”.
Después de vencer la resistencia de la célebre línea de cadenas, se sucedieron los desembarcos. El Día de la Soberanía recuerda un combate que terminó en una derrota militar pero quizás, la actitud de aquellos contingentes enviaron la victoria política posterior. Los buques de guerra invasores quedaron dueños y señores del Paraná y pudieron proteger a sus navíos mercantes, pero ningún invasor podía aventurarse tierra adentro. Por entonces, 90 barcos de las potencias agresoras se instalaron sobre el curso de agua con la intención de comerciar y enriquecer a sus fletadores, pero sólo en parte lograron su cometido. El común de la gente miraba con desdén aquellos bajeles.
Años antes, Londres había logrado un éxito considerable al lograr la constitución de un estado independiente entre Brasil y la Argentina. Así finalizó la Guerra del Brasil (1825-1828), que dejó como saldo la escisión de la Banda Oriental del Uruguay. La intención de París y Londres era reeditar esa estrategia y terminar con otro país autónomo en el Litoral de la Argentina. Esa aseveración se prueba claramente al consultar los archivos e inclusivo los debates de los respectivos parlamentos.
En el exterior, las cosas se veían con contundencia. San Martín le envió una misiva a Rosas el 11 de enero de 1846, en la que mencionaba “la injustísima agresión y abuso de la fuerza de la Inglaterra y de la Francia contra nuestro país”. El ánimo del vencedor de Chacabuco era tal, que pese a las ofensas internas que atesoraba en su memoria, había ofrecido su espada y subordinación en orden a combatir al enemigo que acechaba.
Las hostilidades no terminaron en la Vuelta de Obligado. En rigor, la contienda finalizó cuando el 4 de junio de 1846 los invasores sufrieron una derrota considerable en El Quebracho, acción que eliminaron el cese de la agresión. Sabrán quienes instituyeron la efeméride por qué desde 1974 se recuerda una derrota en lugar de una victoria, pero la geografía política de la actualidad mucho tiene que ver con aquellos sucesos. Si la alianza anglo-francesa hubiera cumplido su cometido, Entre Ríos, Corrientes y Misiones sería otro país.