2024-09-15

POR POCO NO FUE ESCENARIO DE OTRA TRAGEDIA

El valle del Van Titter y su relación con una historia más bien difusa

Poco se sabe de la persona a quien recuerda la denominación del arroyo cordillerano. Para aproximarse a una semblanza, hay que detenerse en la segunda presencia de Francisco Moreno en el Nahuel Huapi.

Por poco no se produjo otra tragedia el último miércoles, apenas seis días después de que tuviera lugar la avalancha mortal en cerro López. En esta oportunidad, también se registraron varios y considerables desmoronamientos de nieve, pero el solitario esquiador que transitaba entonces por el valle del Van Titter no sufrió mayores consecuencias. Una vez más, tenemos tan incorporada la toponimia que la repetimos sin mayores reflexiones, aunque en esta ocasión el homenajeado goza de menos celebridad que otros apellidos o nombres ilustres.

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Dicho en castellano: ¿quién fue Van Titter? Juan Martín Biedma afirmó en su obra que así se llama el arroyo que nace en el área central del cerro Catedral y desagua en el lago Mascardi. El autor de “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004) aseveró que la denominación alude a “un belga, Antonio Van Titter, veterano del Paraguay y marinero del Vigilante”.

La entrada en su detallada obra es más bien breve, pero añadió un par de pistas sustantivas: “Acompañó a Francisco P. Moreno en su segundo viaje al Nahuel Huapi en 1879 y lo ayudó en su dramática fuga de las tolderías de Caleufú”, finaliza el sintético aporte. Sucinto, pero con un par de pistas que se pueden seguir para ver qué fue de la vida del belga que prestó su apellido para designar a un hermoso rincón de las cercanías.

En rigor, cuando el grupo de Moreno llegó a estas latitudes ya transcurría 1880 y las cosas habían cambiado y mucho desde su primera permanencia en Nahuel Huapi (1876). Desde el año anterior las tropas argentinas permanecían en fortificaciones sobre el río Negro y Neuquén, después de concretar la primera fase de la Campaña al Desierto. Antes de enfilar con decisión hacia la cordillera, el futuro perito en Límites tuvo que concretar otra misión.

“A comienzos de 1879, el Gobierno le encomienda la exploración de la costa patagónica para ubicar territorios aptos para colonizar”. Según Biedma, “se lo proveyó de un barco inadecuado”, precisamente el “Vigilante”, que tenían un porte de 100 toneladas y al parecer, resultaba “más conveniente para la navegación fluvial que marítima”. De su tripulación formó parte entonces Van Titter, siempre según la reconstrucción del autor de “Toponimia…”

En determinado momento, Moreno desembarcó y dejó que el “Vigilante” continuara su recorrido, para rumbear hacia el oeste. Se hizo acompañar por “Francisco Bovio, dos marineros y dos indios”, puntualiza el relato. El resto del periplo es relativamente conocido: el pequeño contingente costeó el río Negro hasta tomar rumbo sudoeste, pasó por Valcheta y Maquincho, para luego desembocar en Tecka, donde acampaban momentáneamente Inacayal y Foyel con su gente.

Entre suspicacias y tensiones, el 8 de enero el explorador reinició su marcha, en esta ocasión, en dirección al Nahuel Huapi. Para que no tuviera mayores inconvenientes, el primero de los loncos dispuso que lo acompañara Utrac, uno de sus hijos. Según la tradición geográfica, fue durante ese periplo que Moreno “descubre que la división de las aguas en algunas regiones de la Patagonia no coincide con las altas cumbres, hecho nuevo en la geografía hasta ese entonces”, ponderó Biedma.

Si bien supo que el lago que estuvo ante sus ojos el 23 de enero se denominaba en mapudungun Karülafken (Lago Verde), el porteño le impuso el nombre de Gutiérrez. Donde actualmente se encuentra el Paseo de las Colectividades, se produjo el episodio que para la historia más difundida fue una captura y para las nuevas investigaciones, una solicitud de Sayweke para que mediara y lograra la libertad de varios parientes suyos que estaban prisioneros de Conrado Villegas.

Según la versión de Biedma -afecto a la hipótesis de la captura- “Moreno consigue despachar a parte de sus hombres para advertir a Bovio (había quedado en Cholila) y queda con los más fieles: José Melgarejo, Antonio Van Titter, Utrac y Gavino. En Caleufú es recibido hostilmente por la indiada y debe comparecer ante el consejo de los caciques, presidido por Shaihueque (sic)”.

Una vez en el histórico río y siempre según la interpretación de la fuente que utilizamos, “por orden del cacique debe escribir (Moreno) al gobierno pidiendo la libertad de los indios prisioneros. Como salvoconducto para los chasquis portadores de las cartas envía al belga Van Titter”, precisamente. Se supone que debía marchar hacia la Confluencia, es decir, donde hoy está Neuquén. Después, las huellas del europeo se pierden en la maraña de la historia.

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