2024-09-15

ESCENARIO DE LA AVALANCHA DEL 4 DE SEPTIEMBRE

Su nombre se repite maquinalmente: ¿a qué López homenajea el cerro?

Como buena parte de la toponimia de la región, el bautismo corrió por cuenta de Francisco Moreno, aunque un explorador al servicio de Chile lo había designado de otra manera.

Fue escenario de la avalancha que se cobró una víctima fatal el 4 de septiembre último y todavía su nombre circula a escala nacional cuando se producen novedades en el estado de salud de los sobrevivientes. Es uno de los sitios clásicos en los circuitos turísticos de Bariloche y nadie o casi nadie se pregunta a quién homenajea, de tan común el apellido que se instituyó para denominarlo. Entonces, quizá venga bien refrescar el origen de la toponimia y algo de su historia.

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¿A qué López saluda el cerro que tanto caracteriza al paisaje barilochense hacia el Oeste? Como muchos de los otros nombres que hoy parecen naturalizados, su imposición corrió por cuenta de Francisco Moreno cuando anduvo por aquí en su segundo viaje y todavía no era perito en Límites. En su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche 2004), Juan Martín Biedma anotó escuetamente que el bautismo se produjo “en recuerdo del patricio”.

No queda claro si el investigador se refería al abolengo del homenajeado o su trayectoria militar, aunque en realidad, tal vez no exista contradicción al respecto. Es que Alejandro Vicente López Planes -su nombre completo- en efecto formó como capitán en el Regimiento de Patricios durante las Invasiones Inglesas y según la tradición histórica, la unidad se conformó con los elementos más granados de la sociedad porteña.

Si bien obtuvo el Doctorado en Leyes en la Universidad de Chuquisaca (hoy Bolivia), su inclinación por las letras se manifestó rápidamente, a tal punto que después del triunfo de las armas de Buenos Aires ante el intento británico, compuso un poema al que tituló “El triunfo argentino”. Cuando se produjo la revolución en mayo de 1810, participó de la jornada decisiva del 22 y, una vez en el poder las nuevas autoridades, formó parte de la llamada Expedición Auxiliar al Alto Perú como secretario de su jefe, el coronel Francisco Ortiz de Ocampo. Sin embargo, no fue más allá de Córdoba y retornó a la capital insurrecta.

Ocupó algunos cargos y se vio envuelto en las intrigas de la época, pero si quedó en la historia fue por su talento como poeta. Integrante de la célebre Asamblea del Año XIII, en la que defendió los intereses de Buenos Aires, recibió por parte del cuerpo legislativo el encargo de escribir la letra de una Marcha Patriótica, que, con el paso del tiempo, se convirtió en el Himno Nacional Argentino. Llamativamente, la música es obra de un español: Blas Parera.

La Asamblea aprobó la tarea de escritor y músico el 11 de mayo de 1813, cuando las Provincias Unidas del Río de la Plata todavía no iniciaban el camino de la independencia y observaban con atención los acontecimientos europeos para ver qué dirección adoptar. Como también afirma la tradición, la Marcha Patriótica se entonó por vez primera en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, pero esa es otra historia.

En la década siguiente y al renunciar Bernardino Rivadavia a su fugaz presidencia durante un período de preeminencia unitaria, López y Planes -forma en la que perduraron sus apellidos- ocupó de manera efímera la presidencia de la Nación, sólo para disolver el no menos efímero Congreso de la Nación y convocar a elecciones en la provincia de Buenos Aires. Como el infortunado Manuel Dorrego le confiara el cargo de ministro, tuvo que exiliarse en Uruguay cuando Lavalle fusiló a su excompañero de armas durante las guerras de la independencia.

Después, López y Planes se acercó al rosismo, pero pareciera que más bien Moreno quiso rendirle homenaje por su contribución a la identidad argentina, Himno Nacional mediante. En el ámbito de las letras, el letrista de la canción patria formó parte en sus inicios del Salón Literario, el espacio del que surgió la así llamada Generación del 37, claramente opositora a Rosas. De ese núcleo participó su hijo, Vicente Fidel López.

Si bien prevaleció la intención del futuro perito, el cerro López corrió el riesgo de llamarse de otra manera. En 1856 anduvieron por aquí Francisco Fonck y Fernando Hess, viajeros de origen alemán al servicio del Gobierno de Chile. Después de recalar en la península San Pedro -ellos impusieron ese nombre- el primero “quedó asombrado por el aspecto sumamente pintoresco e imponente de un cerro que se elevaba frente a dicha península”, consignó Biedma en su obra.

“Como le hizo acordar al Monte Pilatus (sic) que había visto en Suiza, le dio este nombre al cerro”, señaló el investigador argentino en su texto. “La leyenda cuenta que Poncio Pilatos, preso de crueles remordimientos, anduvo recorriendo tierras y llegó a un lago de aspecto muy sombrío al pie del nombrado cerro suizo. En su desesperación, se precipitó al lago hallando en él la muerte”, reconstruyó Biedma.

Quizás haga falta recordar que el romano en cuestión era el gobernador de Judea en tiempos bíblicos y fue quien dispuso el asesinato de Jesús. Cuando tuvo en sus manos el diario de viaje de fray Francisco Menéndez a fines del siglo XIX, Fonck dudó si su “Monte Pilato” no fuera el Catedral del sacerdote, pero con el paso del tiempo la polémica perdió sentido. Si bien el creador del himno nunca estuvo por aquí, tal vez sea preferible que el cerro lleve su apellido y no el de personaje tan lúgubre.

 

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