BENROTH, UNA FIRMA DE CULTO QUE MANTIENE LA TRADICIÓN
En el Día del Chocolate, el recuerdo de un pionero barilochense
Ciertas efemérides en algunos lugares tienen más resonancia que en otros.
Así, cuando el calendario marca 13 de septiembre, Día Internacional del Chocolate, en Bariloche, la fecha tiene una repercusión especial.

Bariloche y los chocolates, una unión fructífera (foto: Eugenia Neme).
Resulta claro que se trata de una ciudad chocolatosa.
En el centro de la localidad, las chocolaterías se multiplican, para deleite de los lugareños, pero, sobre todo, de los turistas, ya que el producto es un emblema representativo de este sitio de la Patagonia y se ha transformado en un atractivo más.
Es decir, en otros lugares, cuando se piensa en Bariloche, la mente inmediatamente se direcciona al lago, la montaña, el esquí, quizá los perros San Bernardo, por qué no el Nahuelito, pero, invariablemente, sí o sí, al chocolate.

En todas sus variantes, el chocolate dice presente en Bariloche (foto: Eugenia Neme).
El festejo tiene un origen lejano.
La idea surgió en Francia, en 1995, a partir de recordar al británico Roald Dahl, el autor de la Charlie y la fábrica de chocolate, que había nacido el 13 de septiembre de 1916 (falleció en 1990).
La iniciativa rápidamente fue adoptada también en Estados Unidos, a partir de la coincidencia con el natalicio del fundador de The Hershey Chocolate Company, Milton Hershey, quien también llegó al mundo un 13 de septiembre, aunque, en su caso, de 1857 (murió en 1945).
La celebración, de a poco, llegó a varias partes del mundo, y, como ya se dijo, en Bariloche tiene un significado especial.

Para todos los gustos... (foto Eugenia Neme).
Y es cierto lo que se indicó en uno de los párrafos iniciales de esta nota: el centro barilochense está repleto de firmas chocolateras. Pero también existen otros lugares que se guardan como tesoros para entendidos.
Un ejemplo claro es Benroth, que si bien en algún momento también tuvo su espacio en la calle Mitre, desde hace años se resguarda como sitio de culto en donde se encuentra la fábrica, algo más “arriba” del centro, en Beschtedt 569.
Se trata de un emprendimiento familiar que nació hace más de medio siglo.

Chocolatería de culto (foto: Eugenia Neme).
El iniciador fue Bernardo Benroth, quien falleció el 5 de enero de 2023, a los ochenta y seis años. En 2022 había partido su esposa, Aileen Rita Sills.
Hablar con Bernardo era disponerse a escuchar historias de un Bariloche de otros tiempos, con los colonos como protagonistas. Su padre, don Rodolfo, fue uno de ellos, oriundo de Sajonia. Bernardo lo recordaba como “el primer aventurero de la familia Benroth”.
Así, contaba que su papá había cruzado el océano a principios del siglo XX para llegar a Brasil. Permaneció un tiempo en una colonia germana de Mato Grosso, para luego pasar a la Argentina, más precisamente a una localidad del nordeste de Misiones, Eldorado.
Ahora bien, hasta el mismo Bernardo decía desconocer la razón que llevó al padre a desembocar en la Patagonia. “Tal vez alguien le dijo que fuera para el sur porque había lugares muy lindos”, teorizaba.

Para muchos, el mejor chocolate patagónico (foto: Eugenia Neme).
El artesano chocolatero, con bastante nostalgia, contaba: “Yo pude vivir los últimos momentos de todos esos colonos que llegaron a Bariloche. Mi mamá falleció en el 39 y mi papá se instaló en un lote que había solicitado ella, que era argentina, porque él nunca renunció a su nacionalidad. Aquel terreno estaba unos mil metros arriba de la laguna El Trébol”.
La infancia de Bernardo transcurrió en una ruralidad que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. “Podías ir al lugar que se te diera la gana. Pescar, acampar, dormir… era una maravilla”, rememoraba.

Bernardo, cuando estaba por cumplir ochenta años (foto gentileza de Noelia López).
¿Pero cómo llegó aquel hombre amante de la naturaleza a abrir una chocolatería?
Tenía casi ochenta años cuando, con el pelo blanco y unos ojos celestes de una profundidad lacustre, en su local de la calle Beschtedt narraba: “En mis tiempos, cuando terminabas el primario, no existían opciones. No te decían: ‘Andá a trabajar’, pero había que hacerlo. Estuve un tiempo en un almacén ubicado en Llao Llao, y luego apareció una vacante en la confitería Tribelhorn, en Mitre y Beschtedt, que era de un suizo. Parecía el club del pueblo, porque iban todos. En el 56 hice el servicio militar. A partir de ahí, trabajé dos temporadas en el hotel Correntoso, de los Capraro, y otros dos en el hotel Catedral. Me casé, compré un terrenito, hice mi casa… Un día apareció don Adolfo Fenoglio y me ofreció un puesto. Trabajé con él cinco años. Era un señor, un italiano serio, con gran alma, muy correcto. Luego me independicé. Entre las temporadas, comencé a levantar este lugar. Armé un horno y empezamos con pastelería, hacíamos pan dulce… ¡Resultó un desastre! –reía–. Tenía diez mil pesos ahorrados, y se fue todo… Don Aldo me decía: ‘Vendé chocolates, que te va a ir mejor’. Él me dio una ayuda extraordinaria. Así empezamos. Y siempre trabajamos en familia”.

Bernardo y su hija Silvina (foto de Facundo Pardo).
Aileen y Bernardo tuvieron cuatro hijos: Bernardo, Silvina, Cecilia y Anita.
Es cierto que Aileen y Bernardo, físicamente, ya no están, pero sus auras permanecen y el trabajo que forjaron continúa a través de dos hijas.
Silvina, en Bariloche, está a cargo del clásico local de Beschtedt.
Creaciones chocolatosas en Villa La Angostura (foto gentileza de la familia Benroth).
Cecilia, en tanto, desde la década del ochenta, hace lo propio con un negocio en Villa La Angostura, en avenida Arrayanes 171.
Ambas son fabricantes.

Silvina en la actualidad, en el clásico local barilochense de Beschtedt (foto: Eugenia Neme).
Precisamente, Silvina evocó la historia familiar y sostuvo: “Mi papá y mi mamá comenzaron con la chocolatería en 1965. Yo me crié en la fábrica, así que te imaginarás que siento pasión por el chocolate. Desde 1990, me hice cargo de la empresa y junto con mi marido, Eduardo, y también mis hijos Michelle y Lucca, seguimos llevando adelante a Benroth Chocolates, innovando y siguiendo la tradición”.