2024-09-12

HISTORIAS DETRÁS DE PEQUEÑAS OBRAS DE ARTE

La cerámica como refugio

El Salón Cultural de Usos Múltiples (SCUM), ubicado en Moreno y Villegas, por estos días muestra un panorama particular.

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No es exagerado decir que el lugar, en la actualidad, se asemeja a una galería de arte, con creaciones en cerámica de quienes son parte del colectivo Wizün.

Más allá de que muchas de las piezas en exhibición son utilitarias, es decir, aquellas que se pueden usar a diario, como tazas o platos, por ejemplo, y que hay otras que son puramente decorativas, la totalidad de lo expuesto muestra una calidad notable.

Además, están las historias que existen detrás de las y los ceramistas, las razones por las que se dedicaron a tal actividad. En definitiva, el motivo por el cual, en determinado momento de la vida, encontraron un refugio en la cerámica.  

 

LA BIÓLOGA

Aimé Iglesias comenzó a tomar clases para hacer cerámica hace seis años.

La razón de tal decisión estuvo lejos de resultar agradable.

Amante de los deportes, de repente, una lesión en la rodilla (de ligamentos cruzados) derivó en una operación.

En definitiva, estaba obligada a no realizar actividad física durante seis meses.

“Una amiga hacía cerámica y me recomendó que empezara para probar y, sobre todo, para no volverme loca”, evoca Aimé riendo.

“Me enganché, me gustó, así que después, cuando empezaron a pedirme cosas para comprarme, las hice. Estaba en una etapa de transición laboral, y decidí apostar a esto. Me compré el torno alfarero y luego el horno”, señala.

Lo de la “transición laboral” viene a cuenta de que Aimé es bióloga, y por aquel tiempo contaba con una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) que estaba por culminar.

Ese fue un factor clave para que cada vez se inclinara más por la cerámica.

Igualmente, aún lleva a cabo labores como bióloga… pero, claramente, la actualidad del país en lo que hace al tema lejos está de favorecerla. “Realizo tareas para investigadores del Conicet, ya no tengo la beca, pero me contratan para hacer algunas cosas puntuales”, dice, a la vez que ahonda: “La situación en el organismo es complicadísima, hay mucha desfinanciación. Muchas veces me llaman por proyectos, pero ahora no hay nada, y eso, claramente, me va a afectar, porque si no existe financiamiento no me van a dar trabajo. Así que ahora estoy, sobre todo, abocada a la cerámica”.

De tal forma, la balanza, en su caso, se ha inclinado hacia la elaboración de piezas utilitarias. Por ejemplo, realiza cuencos, tazas, vasos, escurridores de esponjas y de cubiertos, jaboneras, saleros, mates, macetas… Y también fabrica lámparas de aceite, que son algo así como “la estrella” de Cholita Cerámica de Montaña (tal el nombre de su emprendimiento). 

Sus creaciones destacan por ser en cerámica gres. ¿Qué es eso? Ella misma lo explica: “Se hornea a mayor temperatura, es más resistente. Es decir, si habitualmente se hornea a uno mil cien grados, en este caso yo lo hago a mil doscientos cuarenta. Se utiliza otro tipo de esmalte. El resultado es más resistente y las piezas devienen en mayor impermeabilidad”.

 

HACEDORA DE MINIATURAS

Estefanía Bermúdez llegó de Buenos Aires en 2021.

“Sentí que era el momento de salir del nido”, dice, además de remarcar que la ciudad de la furia “estaba muy peligrosa”.

De tal forma, una amistad en Bariloche la hizo mirar hacia esta parte de la Patagonia.

“Decidí dar el salto”, enfatiza.

Tefy, al arribar, ya tenía conocimientos en cerámica.

“Arranqué un taller en 2018, como hobby, y me enganché”, explica, y apunta que su profesora de aquel entonces, Yamila Fontan, también dejó tierra porteña, pero, en su caso, para aterrizar en Córdoba.

La pandemia obligó a varios cambios. En el caso de Estefanía, el trabajo que tenía en una sandwichería quedó inevitablemente atrás y decidió profundizar su costado de ceramista.

“Me gusta mucho la escultura”, remarca.

En su labor se destaca la elaboración de piezas pequeñas, “todas modeladas a mano”, como ella misma recalca. Así, se ven portasahumerios, colgantes y también tazas, lo único para lo que utiliza moldes, aunque luego las interviene manualmente.

“Mi idea, para el futuro, es hacer esculturas grandes”, adelanta.

Cuando hace tres años arribó a Bariloche, durante un tiempo trabajó en una panadería, labor que la ayudó a establecerse en esta parte del mundo, en la que ya se siente plenamente instalada. “Me gustaría viajar, pero teniendo esta ciudad como base”, expresa.

La actualidad la encuentra llevando una vida totalmente de feriante, con la cerámica como estandarte… Y no deja de participar en talleres, para profundizar su conocimiento. Por ejemplo, por estos días participa en dos, uno de los cuales se desarrolla en la Escuela de Arte La Llave.

En Istagram se la encuentra como @soy.dearcilla.

 

“SANJO”, PRESENTE

Iara Rodríguez es parte de la Fundación San José Obrero, ubicada en Soldado Olavarría y José Obrero, en el barrio Nuestras Malvinas, donde llegó este año para ser parte de un taller de cerámica y se integró a un grupo productivo.

“Hacemos mates, tazas, platitos, ceniceros, jaboneras, ensaladeras… Trabajamos con torno y también moldeamos”, cuenta Iara, para quien realizar elaboraciones en cerámica “es ingresar a otro mundo”.

En general, las elaboraciones de la Fundación se comercializan en las denominadas “festiferias” de la entidad.

Lo de sumarse a la propuesta de Wizün, Iaria lo ve como una manera “hacer más conocida” la labor de la institución, donde, recalca, “todo es autogestivo”.

“En San José Obrero encontré mucha compañía. Sobre todo, te alientan a hacer cosas buenas y pensar siempre en mejorar”, enfatiza.

Aparte de las tareas que comenzó a realizar en cerámica, la joven lleva adelante un emprendimiento de lencería. En ese perfil, sus creaciones pueden encontrarse en Instagram como @élevez_votre_âme. La expresión viene del francés, y significa “eleva tu alma”. “Tiene que ver con la idea de que la lencería sea más que aquello que la mujer usa de manera diaria debajo de la vestimenta; que se trate de algo que te haga sentir bien al ponértelo”, explica Iara, quien especifica que trabaja "con encaje y puntillas".

 

En su momento, la muchacha había hecho un curso de corte y confección, pero luego se inclinó por apuntar específicamente a la ropa interior femenina. Y, para poder hacerlo, se concentró en el tema de manera autodidacta, aunque con la ayuda de videos tutoriales.

La actualidad, entonces, la encuentra como emprendedora en dos ámbitos bien distintos, pero siempre de la mano de la creatividad: la cerámica y la lencería.

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