2024-08-29

CON LA PRESENCIA EN BARILOCHE DE SU DIRECTOR, RICKY PITERBARG

Se estrena “Cenizas y diamantes”, la peli sobre Don Cornelio y la Zona

La proyección tendrá lugar el próximo domingo a las 20:30 en Casa Macacha. La banda que lideró Palo Pandolfo marcó una época que todavía se evoca con intensidad.

Un jovencísimo Palo Pandolfo canta “Ella vendrá” en un programa de televisión después de la presentación de atildados conductores. Entre el público presente, un muchacho que luce impecable traje y corbata mueve la patita, al igual que dos chicas que difícilmente conocieran Prix D’Ami. En la escena siguiente, el que iba al frente en Don Cornelio y la Zona sigue con las estrofas del hit, pero ahora está en su territorio: un escenario pequeño, vapores de diversos orígenes, transpiración “y al fin el techo dejará de aplastarme”.

Con la presencia de su director, Ricky Piterbarg, el próximo domingo (1° de septiembre) desde las 20:30 se proyectará en Casa Macacha “Cenizas y diamantes”, largo documental que se estrenó en la edición más reciente del BAFICI y que ahora llega a Bariloche gracias al ciclo Música en las Venas, que impulsa hace tiempo Laura Ferreyra. Una propuesta que atrae desde diversas perspectivas.

“A los que vivimos esa época, nos hace revivir lo que fue nuestra juventud o adolescencia” le dijo el director al cronista, todavía desde Buenos Aires. Por las dudas, recordemos que lejos de la institucionalización que caracteriza a la música en la actualidad, Don Cornelio apenas si brilló por un lustro: 1984 y 1989. Aquel fue “un momento bisagra en la cultura, cuando el rock mutaba de una cuestión más nacional y popular a algo que empezaba a tomar cosas de afuera”, evocó Piterbarg.

Su trabajo “es también una manera de entender al rock como canal de comunicación y una necesidad de hacerlo frente a ese canal”, completó. Por otro lado, “los más jóvenes van a ver en una forma que no es habitual en este momento, las vivencias y sensaciones que en esa época curtíamos los adolescentes o jóvenes, que no se pueden comparar mucho con las de ahora”, comparó el cineasta.

El director que acompañará su película.

Desde ya, “no existía la internet y la transmisión de la cultura era de otra manera, muy desnuda, muy dependiente del contacto, que era fundamental”, recordó. Quienes respondan a la cita del domingo “van a ver cómo se transpiraba en los ensayos porque casi que la película te deja sentir los olores de esos espacios”, dijo, no tan en broma. Piterbarg sabe de qué habla porque en aquellos años participaban de otra banda que frecuentaba los mismos tugurios: Strómboli.

En la actualidad se abusa de la palabra, pero es verdad que las noches de viernes o sábado eran épicas a la vuelta de la esquina del retorno democrático. “Poner en la pantalla ahora aquello que se vivió en esos años, por un lado, es contar parte de lo que fue mi desarrollo como persona”, compartió el director. “Contar una manera que preservo y que deseo que los jóvenes de ahora tomen: la cosa de vivir la cultura, el arte y la vida misma de manera intensa”, subrayó.

Se trata de “no desperdiciar ningún centímetro cuadrado de la vida, esa intensidad que tenía aquella época y tenían Don Cornelio y La Zona, con Palo Pandolfo en particular. Para mí, me parece un ejemplo de vida a tener presente en los momentos en que uno decide qué caminos andar”, destacó el músico y cineasta. Tal vez no esté de más recordar que Roberto Pandolfo dejó de existir prematuramente a la salida de la pandemia (2021), aunque su fallecimiento nada tuvo que con el COVID19. Precisamente, estaba por terminar la grabación de un nuevo álbum solista.

Por “mis estudios académicos tengo título de Músico. Me dedicaba a la música en esa época, tocaba en una banda de rock and roll y estudiaba en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, donde me recibí”, compartió Piterbarg. “Esa época me tuvo como protagonista también como músico, no llegué a tocar con Don Cornelio, pero sí con Los Visitantes, compartiendo escenarios en el Parakultural o La Luna. Soy contemporáneo de esa época y habitante de los mismos sótanos y lugares culturales (sonrisas) que curtían Cornelio y sobre todo Los Visitantes”, enmarcó el director.

Convengamos que no siempre los cineastas se desplazan más allá de Buenos Aires para defender sus trabajos. “Me gusta acompañar la película todas las veces que pueda porque como decía una actriz, no es muy común que, quienes las hacemos, tengamos la oportunidad de compartir con quienes las ven. Entonces, son lindos encuentros. Acá en CABA estuve en varias de las proyecciones, estuve en Trelew, Mar del Plata y ahora en Bariloche, El Bolsón, Villa La Angostura y San Martín de los Andes”, precisó.

“La verdad, es muy lindo. Muchos de los asistentes son gente de mi edad, gente que vivió en Buenos Aires y volvió a sus lugares, entonces han vivido esas experiencias y compartirlas, a todos nos gratifica”, resaltó Piterbarg. “Me alegra mucho que estas personas que conocen lo que fue aquello, se sientan agradecidas por la película y muy representadas”, señaló. De todas formas, para el director no es raro salir a la ruta: “trabajo en un programa que se llama El cine argentino va a la escuela, que se hace desde la Fundación Directores Argentinos Cinematográficos (DAC)”.

En ese contexto, “hace 10 años que lo acompaño y coordino el programa, en el que soy responsable de llevar cine nacional a todo el país. Es algo que me gusta mucho, no sólo por el viaje, sino por compartir con la gente las historias que contamos los que nos dedicamos a hacer cine”. Entonces, “intenté y sigo intentando estar en las proyecciones de Cenizas y diamantes lo más posible. Las trato de armar para poder estar”.

Pareciera no tratarse de una apelación a la nostalgia: “más que recordar, la película hace revivir. Entiendo que no te lleva a un recuerdo sino a sentir lo que sucedía en esos momentos, en esos ensayos o recitales. Eso es muy grato”, resaltó Piterbarg. “También, ver que algunos jóvenes, en general veinteañeros hijos de contemporáneas de Don Cornelio, quedan sorprendidos gratamente e impactados. Eso me pone muy contento”, concluyó. “Son cantos de gloria / sonidos secos / son ríos huecos. / Controlan mi memoria / cenizas y diamantes”.

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