HASTA DE UNA INTERVENCIÓN ALIENÍGENA SE HABLÓ
¿Cómo se perdió y por qué sobrevivió el joven extraviado en el Challhuaco?
Nahuel González Canosa nunca estuvo muy lejos de un sendero. Su buen estado de salud y rápida recuperación generaron suspicacias en el Bariloche de (casi) 20 años atrás.
Dos décadas atrás, la utilización del GPS no estaba generalizada como hoy, pero los rescatistas que ubicaron a Nahuel González Canosa después de 10 días de angustiosa búsqueda se valieron de la tecnología para puntualizar su hallazgo. Con información precisa, Juan Pablo Falaschi, experto en orientación en montaña, estableció que el joven “estaba en línea recta a 3,2 kilómetros del refugio y a solo 1600 metros del sendero que baja por el valle del (arroyo) Botella”.
Al extraviarse a comienzos de 2005, el excursionista proveniente de La Plata motivó el operativo de rescate más multitudinario en la historia de las montañas barilochenses. A los 200 rescatistas que caminaron y volvieron a caminar uno y otro sendero, hubo que sumarles aviones, helicópteros y hasta motos enduro que aportó la provincia de Buenos Aires. Finalmente, fue encontrado por brigadistas del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Después de recibir el alta médica al día siguiente de su internación, se organizó un asado con carácter festivo para resaltar la llegada a buen término de la búsqueda. Antes del festejo, Nahuel participó de una ronda de prensa con el entonces intendente, Alberto Icare, y los responsables de los diferentes grupos e instituciones que habían participado del rescate. En la opinión pública de Bariloche, la expectativa era muy alta.
Refrescó la historia que está a punto de cumplir 20 años Toncek Arko para el libro “Rescates en montaña. 90 años de la Comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche”, importante volumen que salió de imprenta unos meses atrás. Aunque finalmente fue hallado por personal de Parques, los montañistas expertos del CAB participaron activamente de la búsqueda desde el primer momento.
Perros rastreadores también participaron de la búsqueda. Gentileza: Toncek Arko.
“Nunca tuve miedo. Sí mucha angustia. Ese era el sentimiento que circulaba por mi cabeza permanentemente. Angustia por los demás, porque yo no volvía. Pero siempre pensé hacia adelante, creyendo que iba a salir del problema. Pensaba que en algún momento me encontrarían y trataba de buscar los mejores lugares para estar y ayudar en eso”, le dijo el joven a la prensa, aquel enero.
Por entonces, todo el mundo se preguntaba no solo cómo pudo perderse en ámbitos tan transitados, además quería saber cómo se las había arreglado para sobrevivir durante tantos días. Según el relato de Arko, el joven “recordó que el primer día caminó mucho, zigzagueando entre los árboles, pues había extraviado el sendero. Estuvo todo el día buscando algún cartel, alguna señal. Sintió angustia al anochecer, constatando que estaba perdido. Reconoció que tuvo hambre”.
“Pero hambre en serio”, subrayó el rescatado. No como cuando uno va a un restaurante y la cena tarda más de la cuenta. No, esto era apetito real, concreto, que se siente en la boca del estómago. Reina (la perra con la que subió) se comía hasta los tábanos. No había peces, una pena. Yo miraba los pájaros y pensaba qué sabor tendrían. Una tarde arranqué unas hierbas que parecían tiernas y me las metí en la boca. Un asco. No comí más de dos y después estuve descompuesto un buen tiempo. Entonces, solo me dediqué a mantenerme hidratado”.
Recuerda la reconstrucción que “el buen estado de salud de Nahuel y su inmediata recuperación llevaron a que algunas personas especulen que pudo haber estado en otro lugar, tal vez trasladado por extraterrestres. Algunos dudaban y aparecieron teorías insólitas sobre dónde estuvo”, resaltó nuestro colega. “En la práctica, adelgazó unos 5 kilos, un valor razonable en 10 días sin comer”.
Cinco días después del rescate, el equipo periodístico de un medio provincial “volvió al lugar donde encontraron a Nahuel”. También formaron parte del grupo “Sergio Martín, uno de los brigadistas que lo encontró junto a Natalia Velázquez, y el periodista barilochense de Canal 13 y TN, Raúl Saliva”. Además de ubicar el lugar preciso “también encontraron la chocita descripta por Nahuel, distante 500 metros más arriba, en el mismo vallecito”.
“Junto a la casita construida con ramitas y flores de amancay había agua fresca. Ello fue el principal motivo para no alejarse, ya que en otros sitios no hay agua”, admite el relato de Arko. La versión de los alienígenas perdió verosimilitud, si es que alguna vez la tuvo. “No hay dudas de que Nahuel y Reina estuvieron allí”, concluye la evocación de Arko. No era una película de Hollywood, pero al final todos sonrieron.