2024-07-26

ESTUVO 10 DÍAS EN RÍO NEGRO, DOS AÑOS ANTES DE FALLECER

El recuerdo que dejó Evita en Bariloche y Línea Sur

La excusa oficial del viaje fue supervisar el desarrollo del plan nuclear en isla Huemul, pero en realidad, se trató de buscar un alivio para la enfermedad que le costaría la vida.

Hoy se cumplen 72 años de su fallecimiento y dada la actualidad política de la Argentina, probablemente su recuerdo no ocupe lugar alguno en la agenda gubernamental. También es probable que los medios de comunicación consagren menos espacio que en los períodos anteriores, pero difícilmente pase desapercibida la efeméride: en la noche del 26 de julio de 1952 buena parte de la Argentina irrumpió en llanto y se dejó ganar por la tristeza cuando supo de la muerte de Eva Perón. Asimismo, es verdad que no poca gente celebró su deceso. Contaba con apenas 33 años.

Dos años antes del doloroso desenlace, estuvo en Bariloche y según los pocos datos con que se cuentan, el viaje estuvo directamente relacionado con la detección de la enfermedad que le costó la vida. No obstante, cuando “la abandera de los humildes” estuvo por aquí, todavía no conocía la verdadera naturaleza de la dolencia. Recién estaría al tanto de su gravedad a fines de 1951, ocho meses antes de fallecer.

Además de plasmar un cuento con elementos de ficción sobre aquel periplo -el único que la pareja presidencial haría hacia el norte de la Patagonia- el escritor y periodista de Carmen de Patagones, Carlos Espinosa, reconstruyó el itinerario y sus pormenores. Juan Perón y Evita partieron desde Buenos Aires a bordo de un tren especial que siguió el recorrido del Ferrocarril Roca. Hoy sería imposible.

A partir de sus diálogos con ferroviarios que prestaban servicios en aquel entonces, Espinosa estableció que el viaje se hizo en uno de los denominados “trenes blancos”, que, desde fines de la década de 1940, unían Viedma con Bariloche. Base de la formación fue un “coche motor” Ganz. Si bien la excusa institucional era una suerte de inspección sobre las instalaciones que se construían en la isla Huemul, también existía otra razón que, por entonces, se disimuló.

En enero de 1950, Evita sufrió un desmayo mientras visitaba un hogar para niños que sostenía la Fundación Eva Perón. Otras versiones aseguran que fue el 9 de enero de 1950, cuando inauguraba el nuevo local del Sindicato de Conductores de Taxis, que Evita perdió el conocimiento. En primera instancia, los médicos detectaron un cuadro de fuerte anemia. Días después, profundizaron los estudios y a través de una biopsia, se detectó cáncer de útero, aunque según otros datos, el verdadero diagnóstico recién se le dio a conocer a fines del año siguiente.

Con la hipótesis de la anemia, el viaje al sur del país por un lapso de 10 días tenía como cometido que Evita pusiera una pausa en su intenso ritmo de vida. Al parecer, esa fue la sugerencia de los médicos para intentar una recomposición de su estado. Especulaban con la posibilidad de someterla posteriormente a un tratamiento con rayos, pero la paciente, no quiso practicarlo.

Vecino de Carmen de Patagones, Espinosa afirma que el recuerdo entre sus habitantes es vívido en cuanto a la formación férrea se detuvo en la localidad bonaerense. El tren llegó a la medianoche y si bien era otoño, esa noche hizo calor. Evita aprovechó para saludar desde la puerta del coche donde viajaba. Vestía un traje amarillo y no hubo discursos, apenas si el intendente maragato, Carlos Tessari, tuvo oportunidad de entregar algunos presentes.

Cuando el convoy retomó su marcha, se repartieron entre la asistencia paquetes de ropa. Después, continuó por la Línea Sur, pero no se conocen registros en los que consten las escalas. Leandro Inda, era por entonces jefe de estación en Clemente Onelli. A instancias de Espinosa, compartió parte de sus recuerdos: “Recibimos precisas instrucciones de que todo el personal debía estar sobre el andén, de punta en blanco, para saludar el paso del convoy”.

El ex ferroviario recordó que “ese día, el tren venía con un poco de atraso, justificado por supuesto, porque en cada pueblo el general y Evita salían a saludar por una de las puertas del coche motor y sus asistentes repartían paquetes con ropa”. A Inda le tocó uno de esos obsequios, que contenía un pantalón y tres camisas. Confió que las prendas duraron mucho tiempo.

Como ya mencionó en repetidas oportunidades El Cordillerano, en Bariloche, Perón y Evita concurrieron al Centro Cívico. En la única foto que circula relacionada con el acontecimiento, la pareja presidencial aparece en el balcón, junto con el gobernador del Territorio de Río Negro (faltaban unos años para la provincialización) Emilio Belenguer; el intendente Giordano Andrigo y el cura párroco Enrique Monteverde. Luego, los visitantes navegaron en la “Modesta Victoria” y desembarcaron en la isla Huemul.

Supuestamente se iba a desarrollar allí el plan nuclear argentino, pero la mirada de Evita se detuvo en los pies de las colimbas, soldados conscriptos que trabajaban en la construcción de las instalaciones, solo abrigados por alpargatas. Se dice que ordenó la distribución de botas adecuadas para los fríos y las nieves y que, además, dispuso que recibieran la misma paga que los albañiles del gremio de la construcción.

Una reacción similar adoptó cuando supo que, en cierta escuela barilochense, la mayoría de los niños concurrían prácticamente descalzos. Al retornar, Perón y Evita visitaron otro establecimiento educativo en Ramos Mexía, donde asumieron gestos semejantes ante las situaciones de pobreza. El 26 de julio de 1952, dos años y meses después de su presencia en Bariloche, su corazón dejó de latir. Imposible que aquellos maragatos, colimbas, paisanos de Línea Sur y alumnitos barilochenses puedan olvidarla.

Te puede interesar