EL GOBIERNO INSISTE EN ELIMINAR EL PRECIO UNIFORME DE VENTA AL PÚBLICO
Las librerías de Bariloche defienden ley que ampara la actividad
Ante declaraciones del ministro Sturzenegger, libreros de La Barca y La Sede hicieron votos porque continúe en vigencia la Ley 25.542. “Si quieren mejorar la situación, la clave es el precio del papel”, deslizó la impulsora de la segunda.
Una cumplió 30 años de funcionamiento en Bariloche y la otra está cerca de arribar a los dos. Tanto los impulsores de La Barca como de La Sede defendieron categóricamente la continuidad de la Ley 25.542 que fija el Precio Uniforme de Venta al Público (PVP) para libros en la Argentina. Sobre fines de la semana anterior, el nuevo ministro de Desregulación y Transformación del Estado anunció que buscará su derogación para supuestamente, propiciar rebajas. Con sus declaraciones, Federico Sturzenegger reabrió un debate que había recalentado todavía más los primeros meses del año, al debatirse la finalmente fallida Ley Ómnibus.
“Claramente, nosotros también estamos en contra de que se voltee esta ley porque básicamente es beneficiosa para toda la cadena del sector, tanto para librerías como para, sobre todo, editoriales más pequeñas”, le dijo a El Cordillerano Ricardo Sardo, uno de los fundadores de Librería La Barca. Su expresión se suma a la que dieron a conocer en los últimos días la Cámara Argentina de Librerías Independientes (CALI) y la Cámara Argentina del Libro (CAL).
Para el librero barilochense, “la caída de esta ley favorecería a grandes cadenas, nacionales o internacionales, como Amazon. Es obvio que la capacidad de negociación que pueda tener cualquiera de estas cadenas comparada con la de una pequeña librería frente a uno o varios proveedores editoriales, es muy diferente”, razonó. “Está comprobado que de la mano de estas facilidades que se les quiera otorgar, apuntan a eliminar la competencia”.
El objetivo se logra “primero bajando los precios de una forma artificial, pero con el tiempo, en la medida que van quedando más solas en la provisión de libros, los precios vuelven a su nivel y la ganancia queda exclusivamente para ellas (las grandes cadenas). Por otro parte, la Ley del Libro, tal como la tenemos hoy, nació de la mano de libreros independientes en Francia y España, donde tuvo muy buenos resultados”.
De hecho, en los países europeos “fue la herramienta que encontraron para, justamente, no ser pisoteados por las grandes compañías”, destacó Sardo. Ante la nueva arremetida, “se seguirá en la lucha para ver si se logra convencer de que esta no sería una buena medida. No creo igual que signifique el fin de las librerías, pero sí sería un golpe duro para muchas medianas y pequeñas. También para algunas editoriales”, estimó el hombre de La Barca.
Por su parte, Gianina “Tani” Covezzi compartió su angustia al observar que “gente que no es del sector se meta con una ley que es un acuerdo sectorial, con ejemplos de su buen funcionamiento en este y otros países”, compartió. “No perjudica a nadie y mantiene al ecosistema del libro argentino en un sano equilibrio”. Para la joven librera, es “maquiavélico” que “nos tilden de malvados por no querer vender los libros más baratos”, dijo, en relación con las palabras del ministro.
De prosperar la iniciativa del gobierno nacional, “además de empobrecer la oferta” y “hacer desaparecer espacios valiosos para la cultura”, se llenará “de galpones desde donde saldrán las camionetas con los envíos conseguidos en un clic a precios injustos. No hay abuso en el precio del libro, hay abuso en el precio del papel”, recordó. “Si quisieran mejorar la situación ahí hay una clave”, invitó la gestora de La Sede.
En efecto, “si de verdad les preocupara el acceso a los libros deberíamos estar debatiendo cómo mejorar esta ley, cómo aligerar los costos de transporte del centro a la periferia, qué políticas de promoción de la lectura fomentar o en cómo defendernos ante el monopolio del papel. Está claro que no están pensando en estos temas sino en hacer negocios, lo único valioso para este gobierno”, cuestionó.
La Sede aspira a lograr el Premio a la Mejor Labor Librera en la próxima edición de la Feria de Editores, que se llevará a cabo el mes que viene, en un clima nuevamente enrarecido para el sector. “Barrer la ley significa una sola cosa: beneficiar a los grupos económicos más poderosos y con menos interés en la literatura. Este gobierno alienta a hacer el mejor negocio posible en todos los sectores de la vida, incluso en aquellos donde hacer dinero no es el fin último”, añadió la librera.
Aclaró que “quienes nos dedicamos al libro no somos gente trabajando ad honorem, queremos vivir de esto, pero la diferencia es que la mitad de nuestra ganancia no es monetaria, sino una satisfacción proveniente de la experiencia estética que brinda la lectura, de la felicidad que te da recomendar un libro y que resulte en la compañía que ese lector o lectora necesitaba”. Experiencias así también se nutren “del sentido existencial que puede darse en el encuentro de una comunidad alrededor de cosas tan intangibles pero vitales como un recitado de poesía”, ejemplificó. Difícilmente Sturzenegger esté en condiciones de entender satisfacciones de esa índole.