EN EL HOTEL TUNQUELÉN Y EN EL MESSIDOR
El Nahuel Huapi, lugar de “destierros dorados” para presidentes depuestos
Después de sendos golpes militares, dos figuras relevantes de la política argentina pasaron varios meses de encierro en Bariloche y Villa La Angostura, respectivamente. Felizmente, no hubo más golpes de Estado.
Tal vez en la actualidad no tenga mayor sentido porque las comunicaciones evolucionaron con tanta rapidez que las distancias se acortaron. Si bien los aproximadamente 1700 kilómetros que separan a Bariloche de Buenos Aires siempre son los mismos, transitarlos en el presente implica menos tiempo que en 1963 o 1976. Además, y felizmente, desde ese último año no hubo más golpes de Estado ni la supuesta necesidad de encarcelar a los presidentes depuestos que experimentaron los interruptores de la legalidad.
Pero en dos ocasiones, el Nahuel Huapi funcionó como lugar de reclusión para figuras prominentes de la política argentina. “Después de un año de reclusión en la isla de Martín García, el depuesto presidente Arturo Frondizi llegó a esta comarca el 3 de marzo de 1963. El presidente José María Guido había dispuesto en principio trasladarlo a la laguna El Trébol, cerca de San Carlos de Bariloche, pero por razones de seguridad, se cambió el destino por el Hotel Tunquelén en Llao Llao”.
Que las autoridades de facto dispusieran que su confinamiento continuara en esta ciudad, demuestra que aproximadamente 60 años atrás, se percibía que la cordillera quedaba muy lejos de los centros neurálgicos del poder. Reconstruyó mínimamente la estancia del fundador del desarrollismo en Bariloche Juan Martín Biedma en “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2003).
Oscar Alende y Frondizi en caminata cerca del lago.
En forma llamativa y “por ser todavía temporada de turismo, el hotel estaba concurrido, sin embargo, el concesionario Amadeo López, destinó el tercer piso y dependencias del cuarto para el ilustre huésped, su familia y su custodia. Al principio el confinamiento fue muy estricto porque “no se le dejaba salir de la habitación, pero luego se le autorizó a pasear por los jardines, por los alrededores y asistir a misa a la vecina capilla San Eduardo”.
Una auténtica jaula dorada: “Podía también recibir visitas de amigos y correligionarios y hasta excursionistas que gustaban fotografiarse junto con él”. Frondizi había ganado las elecciones que funcionaron como parcial restitución democrática después del golpe de Estado de 1955. Asumió la presidente el 1° de mayo de 1958, pero ante el descontento militar con su gestión, fue apartado el 29 de marzo de 1962.
“El empleo del tiempo ocioso nos puede retratar a una persona”, estimó Biedma en su reconstrucción. “Un trabajo de investigación sobre la obra de Exequiel Ramos Mejía y Bayley Willis nos delata su decidida vocación de estadista”, consideró el investigador. En efecto, Frondizi escribió “Breve historia de un yanqui que proyectó industrializar la Patagonia (1911-1914)” en referencia al segundo.
El Cordillerano dio varias veces cuenta de ese volumen, pero el que firma desconocía que su redacción se concretó a orillas del Nahuel Huapi, en el silencio de la zona de Llao Llao. Según Biedma, el expresidente terminó de redactarlo en julio “y se imprimió en Buenos Aires al año siguiente”. El exmandatario aprovechó el tiempo porque cinco meses después de su llegada al Tunquelén “emprendió el regreso a Buenos Aires”.
El presidente depuesto con personal del hotel.
Sucedió que “ya se habían realizado las elecciones nacionales de julio y no era pertinente mantener alejado de Buenos Aires al expresidente”, consideró el autor. Aquellos comicios fueron prácticamente una interna radical: en nombre de la Unión Cívica Radical del Pueblo, Arturo Illia se impuso a Oscar Alende, de la Unión Cívica Radical Intransigente. De todas maneras, el ganador también fue depuesto por otro golpe militar tres años más tarde.
10 años después de la asunción del dictador Juan Carlos Onganía “otro confinado de igual cargo, pero diferente sexo” se hizo presente involuntariamente en la región. Isabel Martín de Perón “llegó en un avión Fokker, sin custodia, solamente la tripulación y con lo puesto, ropa liviana propia del verano porteño, tanto que quienes la recibían en el aeropuerto le suministraron una campera como abrigo”, detalló Biedma.
En esta ocasión, “su destino fue el chalet El Messidor, residencia oficial del gobierno de Neuquén”, aporta el relato. “La custodia quedó a cargo de un gendarme en la casa y de fuerzas del Ejército en el entorno. Una gobernanta, de Villa La Angostura, atendía la residencia y el médico de la guarnición de Bariloche la visitaba periódicamente. Incesante fue el desfile de visitantes”.
Visitaron a Isabelita “un obispo, magistrados de las causas que se iniciaron, funcioneros y empleados de la Fundación Eva Perón y muy pocos allegados personales”, estableció Biedma. “Siete meses duró el dorado destierro patagónico” para la viuda de Juan Perón. Se había hecho cargo del Poder Ejecutivo al producirse su fallecimiento el 1° de julio de 1974, al que ejerció hasta el tristemente célebre 24 de marzo de 1976. A diferencia de Frondizi, se desconoce si aprovechó para escribir libro alguno.