2024-07-07

PREOCUPACIONES DE LA PRIMERA COMISIÓN DE FOMENTO DE BARILOCHE

Conseguir asado para las fiestas patrias y limitar un “bar de mala vida”

Se conformó en 1907 para gestionar los destinos vecinales del pueblo. De sus cuatro integrantes, solo uno era argentino. También se ocupó de conseguir vacunas.

Conseguir carne para el asado en las fechas patrias, mantener a raya las actividades en un “bar de mala vida” y obtener “vacunas contra la difteria y la escarlatina”. Tales fueron las preocupaciones de la Comisión de Fomento que rigió los destinos vecinales de Bariloche antes de que fuera reconocida como Municipalidad, a comienzos del siglo pasado. Agenda tan variopinta como el origen de sus primeros integrantes.

“La administración comunal estaba confiada a una Comisión de Fomento. Se inició en 1907, presidida por Luis Horn, secundada por Federico Reichelt, José de García y Rubén Fernández”, reconstruyó Juan Biedma en “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2003). Los dos primeros eran de origen alemán y trabajaban para la empresa todopoderosa de aquellos años.

En efecto, “Horn y Reichelt, antiguos vecinos, habían venido de la colonia chileno-germana del sur de Chile y eran empleados de la Compañía Comercial y Ganadera Chile Argentina”, puntualiza el relato del investigador. “Horn era gerente y Reichelt contador”. Por su parte, “José García, bilbaíno, arribó desde General Roca en 1902 como escribiente de la Policía. Luego, en sociedad con Carlos Roth, abrió un almacén”.

Llamativo es que, para entonces, 22 años después de que formalmente finalizara la Campaña al Desierto, “el único argentino era Rubén Fernández”. También se desdobló entre funciones públicas y actividades privadas. “Nacido en Córdoba fue, desde 1902 a 1906, jefe de Correos y Telégrafo, fecha en que se dedicó al rubro tienda y zapatería”. Además, fue “juez de Paz con general beneplácito, entre 1908 y 1910”, destaca el texto.

Más cerca de Chile que de Buenos Aires, “diversos problemas solicitaban la atención de la Comisión. La forma de festejar dignamente las fechas patrias, asado popular con reses donadas por los hacendados de los campos vecinos, carreras cuadreras y de sortija y palo enjabonado”, asevera la descripción. Pero esas preocupaciones un tanto simbólicas, convivieron con imperativos más concretos, como “conseguir vacunas contra la difteria y la escarlatina”, objetivo que “no fue un problema menor”.

Durante su funcionamiento, la Comisión de Fomento también debió “cuidar la moral pública, cuando un bar céntrico se convirtió en un bar de mala vida”, asevera Biedma, sin mencionar el antro de fama dudosa. Hubo que esperar a 1913 para que las autoridades de los territorios nacionales, entre ellos Río Negro, reglamentaran el funcionamiento de la prostitución, que estaba generalizada en Patagonia desde la década anterior.

“Abundaron aquí argentinas, francesas, rusas y polacas”, dice una investigación de la historiadora Laura Méndez, en relación con las mujeres que ponían en vilo “la moral pública” en Bariloche y demás poblados de la región. “En muchas de las jóvenes comunidades patagónicas -en especial las petroleras y las carcelarias en las que predominaban los hombres- se establecieron casas de tolerancia, habitadas por prostitutas, en las que ejercían su comercio”. Claro que “el negocio lo ejercía el dueño de la casa”.

Ante tantas preocupaciones que debía atender, “distinguidos vecinos prestaron su desinteresado apoyo a esta comisión”, añade el racconto de Biedma. “El holandés Cornelio Hageman, comerciante, quien en 1928 autorizó los gastos para perseguir la pandilla de Rojas Foster” fue un ejemplo, junto con “el suizo Schumacher, pionero en el rubro panaderil (sic), el maragato Benito Crespo, juez de Paz de Bariloche y el infaltable y dinámico Primo Capraro, a veces no muy sutil en diferenciar sus intereses personales de los comunales”, cuestiona no elípticamente el texto.

La Comisión de Fomento perduró hasta 1930. Una ley de 1884 “establecía que las poblaciones que cuenten con más de 1000 habitantes tenían derecho a elegir un Concejo Municipal de cinco miembros”, suma la narración de Biedma. En los últimos meses de 1929 se autorizó al Territorio Nacional de Río Negro a constituir los concejos municipales de Bariloche y Choele Choel y más tarde, se puso en marcha el primer proceso electoral de carácter local.

“Las elecciones tuvieron lugar el 3 de marzo de 1930 en el edificio de la Escuela 16, y resultaron elegidos Benito Crespo, Evaristo Gallardo, Rubén Fernández y Julio Comesaña de la UCR (Unión Cívica Radical) por la mayoría y Primo Capraro por la minoría. Esta (la minoría) se negó a firmar el acto, denunciando fraude. Como primer intendente fue elegido Rubén Fernández”, quien 23 años antes, fuera el único argentino de la Comisión de Fomento. Como jefe comunal, tuvo que hacer frente a preocupaciones más candentes que el asado para las fiestas populares.

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