2024-06-23

EL PILOTO NAVEGÓ POR LA ZONA, PERO…

¿Conoció Villarino el lago que lleva su nombre?

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Para la década de 1780 el desconocimiento que tenían en Buenos Aires o Madrid sobre el actual noroeste patagónico era proverbial. Para moderarlo, partió una expedición fluvial desde Patagones hacia la cordillera.

A la vista del siglo XIX, tanto en Buenos Aires como en Madrid temían que alguna potencia europea competidora de España siguiera la recomendación de Tomás Falkner, según la cual era posible navegar el río Negro y caer bélicamente sobre Valdivia (Chile) por la espalda. Para alejar esa chance, el virreinato dispuso el levantamiento de algunos enclaves fortificados sobre el litoral, entre ellos, el fuerte de El Carmen.

Hacia 1777 se consolidó la posición y desde allí, se organizó una expedición que, al mando del piloto de la Real Armada Basilio Villarino, debía entrometerse en territorios desconocido para los súbditos del rey. Las cuatro embarcaciones se hicieron a la vela el 28 de septiembre de 1782, aunque enseguida su jefe debió optar por avanzar con remos y a la sirga, es decir, con la ayuda de cuerdas desde tierra y el empuje de caballos o de sus propios hombres. Las aguas del río van en dirección contraria a la que llevaban los hispanos y ya transcurría la primavera.

El 25 de octubre, al perder contacto con su apoyo terrestre, Villarino se inquietó y salió en persona a caballo aguas arriba. Mientras buscaba a su gente, encontró “una senda muy vieja por donde han transitado (los indios). Pero el camino que regularmente siguen pasa tierra adentro y separado de dicho potrero más de dos leguas”. Preocupaba a los viajeros el avistamiento de un fuego a cuyo autor apenas si divisaron de lejos.

Poco después dieron con dos toldos, donde se encontraban “otro indio más en ellos y unas cuantas chinas”. Los recién llegados preguntaron por el cacique Francisco y las informaciones fueron contradictorias: unos dijeron que “se había ido para la tierra de las Manzanas, y otras que estaba cerca”. Más allá de la ambigüedad, probablemente intencionada, nótese que ya existían referencias al País de las Manzanas 70 años antes de que Valentín Saihueque asumiera su liderazgo político. Los quehaceres de los hispanos se llevaron a cabo bajo la atenta vigilancia de otro “indio”, que estuvo “encima de un cerro observándonos”, consignó el marino.

Anotaciones posteriores permiten dilucidar dónde tuvieron lugar esos acontecimientos. En el transcurso de una cena a la que asistieron varios integrantes de tolderías vecinas, Villarino pudo saber que los toldos de Francisco estaban en las inmediaciones y que desde su emplazamiento hasta el río Colorado, mediaban dos jornadas. En tanto, aún restaban 10 para arribar “hasta el Choelechel”, de resultas que la expedición estaba en el actual Valle Medio.

Más adelante en su esforzado periplo, el piloto real y su gente interactuaron con gente que residía habitualmente en cercanías del lago que en nuestros días se conoce como Huechulafquen. Después de la conversación, Villarino extrajo las siguientes conclusiones: “Que Chile está de Huechun-lauquen mucho más lejos que Valdivia: que estos indios viven en toldos, y que siembran trigo, cebada y habas: que los que tienen ranchos de paja bastante capaces, viven más arriba por la falda de la cordillera, los cuales además de las semillas referidas, siembran lentejas, porotos, garbanzos, y todo género de vituallas. Uno de sus caciques se llama Román”.

Además, anotó el oriundo de Galicia que “estos indios jamás han estado en nuestro establecimiento del río Negro: si bien dicen tienen noticia de habernos establecido, pero que ellos para caminar a sus tierras, atraviesan el campo desde el Colorado a este río por el Chuelechel, 70 leguas al poniente de nuestro establecimiento. Que en su tierra hay muchísimos pinos y que los piñones son casi tan grandes como dátiles, y muy gustosos; de cuyo fruto hacen los indios prevención […]; me dieron noticia del río Lime-leubú, y de sus moradores, los limeches. Los nombres de los parajes, que jamás pudieron entender otros indios leyendo a Falkner, éstos los nombran del mismo modo que en su diario, y convienen con él en las noticias, diferenciándose sólo en la distancia de Huechun a Valdivia, que dicho diario pone dos jornadas, y estos indios dicen que cuatro”.

Son apreciaciones valiosas, de las cuales resulta que para 1782 o 1783, la gente mapuche que vivía en las cercanías del lago hoy neuquino llamaba Chile a territorios que estaban bastante más al norte de Valdivia. También se concluye que además de tolderías, había rucas al este de la cordillera y que sus pobladores sembraban y cosechaban, en coincidencia con las aseveraciones de otras fuentes.

Por otro lado, parece claro que aquellos interlocutores de Villarino residían en zonas con presencias de pehuenes porque se valían de sus piñones para enriquecer sus dietas. Al momento de producirse la charla, las chalupas españolas todavía no ingresaban al Limay, al que finalmente navegarían hasta su confluencia con el Collón Cura. Al que hoy lleva su nombre en la Ruta de los Siete Lagos, el piloto jamás llegó.

 

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