2023-08-18

UNA CREENCIA INDÍGENA DE LA PATAGONIA QUE LLEGÓ HASTA BRASIL Y BOLIVIA

El Gualicho tenía, en realidad, perfume de mujer

El mate podrá tener gualicho y habrá quienes tengan poder de engualichar, pero, en sus orígenes, era más bien un ser femenino que se “desdobló” con el paso de los años.

Hasta hay un tema de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que la invoca. “Gualicho de olvidar / apretado en las manos”, dice la línea de la que toma su nombre. Decimos “la” porque si bien en el uso corriente se utiliza el género masculino -el gualicho-, originalmente, la expresión denominaba a un ser de género femenino. Al menos, a esa conclusión arribó Rodolfo Casamiquela en sus investigaciones.

Para el estudioso, la voz “gualicho” alude a una “figura mítica de los tehuelches septentrionales”. Si bien publicó un trabajo más extenso, que precisamente se titula “En pos del Gualicho” (EUDEBA-1988), tomamos como fuente para estas líneas de El Cordillerano sus escritos de “Estudio de la Toponimia Indígena de Río Negro” (Edición del Autor-1998). En particular, los puntualizó para el Bajo del Gualicho (Departamento San Antonio).

Según Casamiquela, “se trata del Alto Dios de los tehuelches septentrionales y su nombre correcto -del que deriva gualicho- era Watsiltsüm”. El oriundo de Ingeniero Jacobacci tradujo esa expresión como “la giradora” o “circonvolucionadora” (sic). “El género, porque la figura era femenina, y el significado, debido a que era guía en el laberinto que conduce al Más Allá”, completó el estudioso.

También afirmó que “como originante (sic) del linaje tehuelche septentrional, era denominada además Gayau a künna”, que, precisamente, se traduciría como “ser del linaje” o bien como “la dinástica”. Gayau sería una abreviatura y Gayau a ahway querría decir “casa del gualicho”. A fines de los 90, escribió Casamiquela que “hoy se habla del Bajo del Gualicho, Salina del Gualicho, incluso Salamanca del Gualicho, que corresponde precisamente a la guarida aludida del Alto Dios”, interpretó.

Se trata de una expresión cuyo significado cambió con el correr del tiempo y los contactos con la cultura europea. Aquella guarida pasó a ser “del monstruo, porque en tiempos históricos, por una acentuación de su faceta de castigador, la figura comenzó a descender del panteón para hacerse netamente terrena y hasta infernal. De allí la connotación de hechizo, encantamiento, que hoy tiene el nombre: se habla de mate con gualicho, engualichar”, consignó en sus relevamientos.

Por “tiempos históricos”, hay que entender al momento en que empezó a escribirse en estas latitudes, es decir, a la llegada de los españoles y su bagaje cristiano. “De paso, consigno que es esta una de las rarísimas voces que la lengua tehuelche septentrional impuso a la española y que incluso exportó largamente fuera del ámbito”, ya que pueden encontrarse referencias al gualicho “hasta el Brasil, Bolivia, Paraguay, amén de Chile y Uruguay y desde luego, todo el norte de la Argentina”, según Casamiquela.

“Pero he dicho mal antes: la figura no descendió, en verdad, sino que se desdobló”, se corrige el texto a sí mismo. “Una edición, por así decirlo, permaneció ortodoxa”, es decir, de carácter “celeste pero también terrena”. El rionegrino la llamó “Diosa de los Cerros”. En tanto, la otra “edición” o versión “sí decayó. La segunda arrastró consigo el nombre primitivo, deformado como sabemos. La primera se llamó Ulüngasüm, nombre que aparentemente significa otra vez la giradora y que conocían los últimos tehuelches hablantes”.

Entonces, la segunda versión de Gualicho, la que finalmente prevaleció, es “el autor del arte rupestre del Norte de la Patagonia, del viento de los cañadones, de la sal de la sierra, de la vizcacha de la sierra, etcétera”. También tenía otras facultades más preocupantes: “secuestraba a los niños, seguramente ya en su fase de decadencia”, arriesgó el recopilador. Además, “poseía el poder de petrificar y autopetrificarse”.

“En su faz maligna se la evoca como gigantesco, femenino -claro- y pétreo”, interpretó. “A él pertenecen los huesos petrificados -de mamíferos terciarios- tan frecuentes en la Patagonia septentrional, envueltos en su carne petrificada”. Además, “es él quien se manifiesta en los algarrobos aislados”, en donde los viajeros indígenas hacían ofrendas. También era responsable de “la muerte de sed en las travesías” y por esa razón “había que propiciarlo”.

Por último, anotó Casamiquela que la o el Gualicho se expresaba “en las petrificaciones de seres”, por ejemplo, “una tribu entera en marcha en el paraje El Serrucho, en el Norte de Chubut”. Pero tampoco tenía problemas en petrificarse a sí mismo: hay formaciones que reciben su nombre en Collón Cura (Neuquén), Mencué y Pilcaniyeu (Río Negro). “¡Gualicho de olvidar!”, claman por su parte, Los Redondos.

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