2023-08-11

UNA SEMANA PARA 17 KILÓMETROS Y 12 YUNTAS DE BUEYES

¿Quiénes cruzaron al vapor “Cóndor” por la cordillera?

Fue la embarcación que trabajó para Carlos Wiederhold en el Nahuel Huapi. Se construyó en Valdivia, pero se trajo hasta Puerto Blest desarmada. La travesía demandó un esfuerzo enorme.

Doce yuntas de bueyes. ¿Y quiénes las condujeron por el camino cordillerano? La historia del vapor “Cóndor” y su traslado entre Valdivia y el lago Nahuel Huapi es relativamente conocida por quienes tienen como inquietud el pasado de la región. Pero, ¿por qué no llegaron a nuestros días las identidades de quienes cargaron y descargaron los buques o de quienes se sentaron en los carros para guiar a los animales?

Como se sabe, Carlos Wiederhold encargó la construcción de la embarcación en la localidad trasandina, porque las que existían por aquí a comienzos del siglo XX era precarias para su movimiento comercial. Legó un relato sobre la pequeña epopeya su sobrino, Alfredo Wiederhold Rotter, que fuera reproducido en el libro “Las colonizaciones del Nahuel Huapi. Patagonia-Argentina”, por el barilochense Cristian Müller.

El empresario había nacido en el vecino país. “En Chile, la ciudad más cercana con astilleros para la construcción de esa nave era Valdivia. Mi tío solicitó entonces que se iniciara la obra en esa ciudad de una embarcación de 60 toneladas. Una vez terminada la construcción en los astilleros ese vapor tenía que ser trasladado desde allí hasta su puesto base, es decir, el lago Nahuel Huapi, en otros términos, hasta Puerto Blest”, reconstruyó.

Como es imaginable, “para efectuar este traslado, en aquellos tiempos, se requería mucho sacrificio, audacia y valentía. Este traslado era dirigido personalmente por mi tío, quien fue asesorado por 25-30 hombres, la mayor parte de ellos chilotes. El transporte de todo el material desde Puerto Montt a Puerto Blest demoró cerca de un mes. Se requirió para ellos mucha tenacidad, empuje y firme decisión de todos los participantes para vencer las dificultades, tanto topográficas como climáticas de esa región”.

¿Qué tanto personal se involucró en el asunto? “El vapor no se armó en Valdivia, sino que se trasladó por piezas, plancha por plancha de fierro y también la caldera y demás accesorios metálicos. A principio de este siglo (por el XX) no existía todavía el ferrocarril de Valdivia a Puerto Montt. Era necesario efectuar entonces el transporte por vía marítima desde Corral a Puerto Montt. Desde esta ciudad el vapor desarmado se llevó a Puerto Varas. Un vaporcito en el lago Llanquihue conducía las diferentes piezas a La Ensenada. En un viaje especial se llevó la caldera atada al remolque por el vapor”. Ese fue solo el comienzo.

En efecto, “desde La Ensenada todos estos elementos eran llevados en carreta y la caldera, por 5-6 yuntas de bueyes en un viaje muy penoso hasta Petrohué. En este lugar, todos los elementos del vapor construido fueron transportados por el vaporcito Tronador a través del lago Todos los Santos hasta Peulla. Al igual que en el lago Llanquihue la caldera fue llevada a remolque”, desmenuza el relato de Wiederhold Rotter.

Todavía, del otro lado de la cordillera. “Desde Peulla, siguiendo a lo largo del lecho del río del mismo nombre se llevaron las diferentes piezas con carretas y bueyes hasta Casa Pangue. El trayecto de 17 km se recorrió en varios días. Desde aquí hasta Puerto Blest les esperaba la tarea más difícil de esa magna empresa”, valoró el sobrino del “fundador” de Bariloche. “Las diferentes piezas por partes debían ser conducidas desde Casa Pangue, que está a 250 m de altura sobre el nivel del mar por el paso Los Raulíes, que está a 1500 m de altura hasta Puerto Blest, que está a 770 m sobre el nivel del mar. Por lo tanto, el recorrido del lado chileno era el más laborioso”.

Hubo complicaciones adicionales. “Estas dificultades exigían aún mayor esfuerzo para llevar la caldera de vapor. Tuvieron que reunir todos los bueyes de los alrededores para realizar esta tarea. Según me dijo mi tío Carlos, ocuparon 12 yuntas de bueyes que se demoraron una semana para dejar la caldera en el lugar de destino. Este era una pequeña playa al pie de los Tres Hermanos cerca de Puerto Blest, muy apropiada para este fin”.

Después, quedó el trabajo de armar el pequeño buquecito, que todavía demandó “muchas semanas de intensa labor”, aportó Wiederhold Rotter. Finalmente, la botadura se hizo ya en 1900. El resto, es historia más o menos conocida, pero los nombres de aquellos “25-30 hombres, la mayor parte chilotes”, aún permanecen en las penumbras. Fueron los que pusieron músculos y pericia al servicio del “Cóndor”.

Te puede interesar