TRES ETAPAS DE SU TRAYECTORIA ARTÍSTICA
Bárbara Drausal expone los regalos que recibió de la vida
Hasta el próximo 24 de abril se podrán apreciar las pinturas que conforman “Inmersiva”, la muestra que está en exposición desde febrero en Vertiente-Café con Ideas.
En las obras de Bárbara Drausal la pintura parece deslizarse en libertad más allá de su voluntad. En ocasiones, las figuras –cuando las hay– terminan de definirse por un gesto apenas mínimo. En otras, las texturas y las gradaciones se entrecruzan aparentemente sin sentido, aunque en realidad, aparecerá si se persiste en la observación, con una vocación de deriva similar a la que originó cada creación.
Hasta el próximo 24 de abril podrá visitarse “Inmersiva”, la muestra que la plástica tiene en Vertiente-Café con Ideas desde febrero pasado. Para alimentarla, “saqué algunas cosas que había pintado hace bastante. Es como una evolución porque hay dos o tres cuadros de una de mis primeras etapas con esmalte sintético. Después pasé por el fibrofácil y más tarde, el PVC, que debe tener un nombre más elegante, pero no sé cuál es”, señaló, en charla con El Cordillerano.
Ocurre que “en el PVC, el esmalte sintético funciona de otra manera, porque en el fibrofácil la pintura se puede raspar y en el PVC no tanto, la manera en que fluye es más bien acuífera”. Ese comportamiento líquido puede apreciarse a simple vista en varios de los trabajos de Bárbara. “Después, empecé a pintar con papel, no como collages, sino como si la pintura llamara al papel: el papel se impregna y entonces, pinta”, definió.

"Inmersiva" en Vertiente. Foto: Matías Garay.
De manera que en el reducido pero amigable espacio frente a Plaza Belgrano, “son tres etapas” de la artista las que conviven. “Yo voy pasando de una cosa a la otra y lo que me va surgiendo, es lo que encuentro”. De hecho, “al papel lo encontré debajo de una mesa, era de calcar y pensé que se podía romper en tiritas. El cuadro que después hice está aquí y tiene una historia interesante que, en ese momento, no vi”.
La trama que condujo a esa obra es sencillamente, conmovedora. “Pinté con negro y pegué tiritas, finitas, de papel de calcar”, compartió la artista. “En ese momento, yo iba al taller de Pablo Cortondo y me dijo: ese cuadro indica que estás velando… Para mí fue muy interesante y no me había dado cuenta, porque en ese momento, mi marido estaba muy, muy enfermo”. Se trataba del recordado y querido biólogo, Eduardo Rapoport, quien falleció en 2017.
A partir de la definición del tallerista, “fui a buscar la palabra velar”. Bárbara también encontró que igualmente podía aludir a “tomar el papel y velar la pintura. Ahí surgieron tres o cuatro cuadros en blanco y negro, pero yo no tengo la idea de pensar”, es decir, de calcular previamente a la obra. “Nunca lo hago y me sorprende lo que surge, me parece maravilloso que sucedan cosas así”, completó.
No hablábamos con ella desde fines de aquel año, cuando junto con Luisa Peluffo, alumbraron “Soplo aire viento”, un libro que reunió poesía y dibujo. Vaya que pasaron cosas desde entonces, sin embargo, “me muevo por mi propia inspiración, entonces, a la época de la pandemia mucho no la sufrí”, aclaró la plástica. “Antes, me rompí una pierna en Estados Unidos, había ido a Aspen en el intercambio de artistas, pero nunca llegué, porque dos semanas antes tuve una quebradura expuesta”.
A la distancia, Bárbara recordó aquel infortunio con humor. “Me operaron dos veces y fue una experiencia maravillosa que no me significó ningún problema. Fue complejo, pero aprendí muchísimas cosas de mí misma en todo el periplo. Fue un viaje diferente y escribí un relato, que se llamó Viaje glamoroso, porque el glamour venía de otro lado, del hospital, con caños y conexiones”, ironizó.
Contó con ayuda para enfrentar la situación de esa manera porque “antes de la pandemia, hice varios cursos de clown, que ayudan mucho a reírte de vos mismo. Así que me reía sola de todo lo que pasaba”, concedió. “Cuando volví en octubre (de 2020), estaba incapacitada, primero con un andador, después con una bota y bastón. Fue super interesante, yo vivo entre el kilómetro 6 y 7, entonces, esa sensación de paz total, de encierro y de no ver ni un solo auto en la calle ni a nadie, me generó una sensación de gran libertad”.
Admitió Bárbara que resulta “muy notable lo que fue (la pandemia) para ciertas personas y lo que fue para mí”. Además, “tenemos un grupo de amigas y con ellas, nos encontrábamos dos veces a la semana para reírnos a carcajadas por WhatsApp y eso, a las cinco nos salvó”. Llamativamente, no surgieron nuevas obras plásticas de ese período intramuros. “No”, dijo simplemente nuestra interlocutora.
“Ahora me preguntan mucho si estoy produciendo y esa palabra a mí me remueve el trigémino, como decía Edy (risas). Realmente, yo creo que nunca produje nada, para mí ha sido siempre un regalo de la vida que, de repente, de poner un punto sobre blanco, salga algo que me conmueva”, ilustró. Ahí están, a disposición de quienes quieran conmoverse los regalos que recibió Bárbara Drausal.
