2023-03-12

SU LIBRO FUNCIONÓ COMO LA PRIMERA GUÍA TURÍSTICA DE BARILOCHE

¿Qué Morales? ¿El de la calle?

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Después de descubrir al Nahuel Huapi en el verano de 1917, el periodista dio una conferencia al respecto y condensó sus apreciaciones en un volumen que editó Imprenta Peuser.

A Bariloche llegaron noticias sobre las tareas de divulgación que emprendió Emilio Morales, después de viajar por la zona en el verano de 1917. Incluso antes de publicar su libro, el periodista brindó una suerte de conferencia que versó sobre los atractivos de la región. Cuando por aquí se conoció el tenor de la iniciativa, se constituyó una comisión para gestionar ante el Gobierno nacional una suerte de campaña que pusiera en común “datos ilustrativos relativos al clima y fertilidad del suelo”. Como puede advertirse, todavía no primaba la faceta turística.

En junio del mismo año, La Prensa publicó un cable que se había despachado desde aquí. El texto puntualizaba que “con motivo de la conferencia que dio en esa (Buenos Aires) el señor Morales acerca de las bellezas del lago Nahuel Huapi y su comarca, se ha nombrado una comisión para que gestione ante el Gobierno nacional la difusión de conocimientos sobre esta región con datos ilustrativos relativos al clima y fertilidad del suelo”.

Otra nota que remitió para el mismo ejemplar el corresponsal, retrata cuáles eran las prioridades de las y los barilochenses de entonces, más allá de atraer turistas o no. Según el despacho, el vecindario “ha resuelto pedir al ministro de Instrucción Pública que interese al Consejo de Educación sobre la necesidad de crear aquí una escuela superior”. Quiere decir, que por entonces faltaba un establecimiento de esa índole.

En otros párrafos, el cable daba a conocer que personal policial al mando del comisario inspector territorial Héctor Moffat, trabajaba en la reparación del camino Bariloche-Comallo con la intención de mantener el funcionamiento del servicio de correos durante el invierno. Dos aclaraciones: como el propio Morales atestiguó, por entonces la ruta entre Neuquén y esta ciudad cruzaba el Limay por Plottier, se adentraba en la estepa rionegrina, llegaba a Mencué y luego a la localidad de la actual Línea Sur, para torcer decididamente al oeste y arribar al Nahuel Huapi. Es decir, si las nevadas hacían de las suyas sobre el recorrido de la actual Ruta 23, Bariloche quedaba aislada. La otra aclaración: el tren recién hizo su arribo en 1934.

Por entonces, vivían aquí 1250 personas. Dos años antes (marzo de 1915), otras informaciones de La Prensa había dado cuenta de una gira que efectuaron el director de Territorios Nacionales, Isidoro Ruiz Moreno, en compañía del gobernador Eduardo Elordi, junto a Juan O’Connor, Juan Wotts y Eduard Luck. El primero comentó el interés del Gobierno nacional por “dotar a la región de medios cómodos y rápidos de transporte para fomentar el turismo”. Por entonces, gobernaba Victorino de la Plaza. Al momento del viaje de Morales, Hipólito Yrigoyen.

Morales había fundado La Razón en 1905 y seis años después, vendió el diario a José Cortejarena. Claro que siguió escribiendo para otros medios y quedó en la historia del periodismo por iniciar la quinta edición de Crítica. En ese punto hay que aclarar, sobre todo para las nuevas generaciones, que los diarios impresos salían por la mañana. Algunos se reimprimían con las últimas novedades en las primeras horas de la tarde y otros aún, salían a la calle cuando finalizaba la jornada laboral, a eso de las 18. La quinta edición era la del mediodía y la sexta, la vespertina.

Sin embargo, desde la perspectiva barilochense, el principal legado de Morales fue que su libro “Nahuel Huapi” funcionó como guía turística de hecho, casi durante dos décadas. A las excursiones que llevó a cabo por aquí las hizo por tierra, a pie o a caballo. También navegó: pagaba el combustible que requería la lancha de la Policía y llegó a la isla Victoria, que por entonces era una suerte de emporio que ostentaba Aarón Anchorena. También estuvo en Puerto Sábana (orilla neuquina), donde se obtenían las truchas que luego se vendían en el puerto San Carlos.

Después de su permanencia en Bariloche, Morales continuó con sus viajes. Además de tomar nota, sacaba fotos y llegó a poseer el mayor archivo fotográfico de paisajes turísticos. En 1924 se valuó en 90 mil pesos cuando se consideró su incorporación a un museo. Murió el 7 de diciembre de 1929, doce años después de dejarse cautivar por el Nahuel Huapi y su entorno todavía de maravilla.

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