LA USINA ERA DE BENITO BOOCK Y QUEDABA EN LA MITRE
El primer servicio eléctrico de Bariloche facturaba por cantidad de lámparas
En 1927, las instalaciones sufrieron un siniestro y el pueblo se quedó sin luz. Resolvió la contingencia Primo Capraro con un generador que tenía en su aserradero. Tres años después, ya se generaba desde Puerto Moreno.
En los albores de Bariloche, Otto Goedecke vivía miserablemente y el primer servicio eléctrico corrió por cuenta de Benito Boock, quien, como contrapartida del alemán, se convirtió en uno de los vecinos más potentados. Facturaba sin medidor, por la cantidad de lámparas que había en cada domicilio, hasta que la usina sufrió un siniestro y todo el pueblo se quedó sin energía eléctrica. Resolvió la contingencia Primo Capraro.
Estas y otras peripecias pueden leerse en “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2003), libro de Juan Martín Biedma que se publicó por primera vez en 1987. De la suerte de Goedecke habíamos hablado en El Cordillerano cuando se encontraron restos de un cementerio en cercanías del colegio Ángel Gallardo, en marzo del año pasado. Pero no está de más repasar aspectos de su vida y traer a colación otros.
“En la vecindad, en la falda del cerro Otto, llamado así en su recuerdo, se estableció Otto Goedecke, en fecha anterior a 1897”, estableció Biedma. “Había nacido en Sajonia, Alemania, y después de pasar unos años en América del Norte, se estableció con una majada de ovejas y una huerta de papas y arvejas. Era un misántropo. A pesar de ser un hombre ilustrado y tener recursos, hasta una renta que recibía de Alemania, vivía en forma miserable. Un camastro por cama y un tronco ahuecado por baúl”.
¿Cuáles serían las razones de Goedecke para optar por la pobreza? “Uno de los actuales lagos Anasagasti llevó su nombre por haber sido el primero, junto con Tauschek, en recorrerlos. Tuvo un triste fin. Don Otto regresó la noche del 1° de enero de 1928, antes de la hora en que acostumbraba hacerlo, y para su desgracia, sorprendió a un muchacho que estaba robándole manzanas en la chacra, quien le descerrajó un tiro mortal”. Su tumba estaba en aquel cementerio.
Un contemporáneo suyo tuvo mejor suerte. “Otro colono que se estableció por esa misma época fue don Cristian Boock. Lo hizo en Puerto Moreno en la orilla izquierda del arroyo Gutiérrez. Hijo de alemanes del Schleswig-Holstein, había estado en la colonia que se había formado en Fuerte General Roca. Se instaló en terrenos fiscales con hacienda vacuna y plantaciones de trigo y verdura”, rescató el investigador.
En primera instancia, aquella geografía fluvial no recibió del todo bien a los recién llegados. “En las postrimerías del siglo, en 1899, la gran inundación del valle del río Negro produjo considerables pérdidas y trajo como consecuencia la emigración de muchos damnificados a esta comarca. Entre ellos se contaban los hermanos Benito y Bernardo Boock, quienes instalaron una herrería para carros”.
Ya en Bariloche, “Benito, hombre de empuje y capacidad empresaria, llegó a ser uno de los vecinos más ricos del pueblo. Se dedicó al comercio instalando un almacén de ramos generales, actividad que amplió luego con un molino harinero y un aserradero. A él se debe la primera usina eléctrica, en la calle Mitre, donde hoy está la tienda Bariloche”. El hoy de Biedma debió ser la década de los 80 o antes aún. El negocio en cuestión dejó paso al actual Paseo de la Catedral.
“Para el servicio domiciliario tendió una red distribuidora y el cobro del fluido se efectuaba sin medidor, sobre la base del número de lámparas instaladas. Para el año 1927 se quemó la usina y el pueblo se quedó sin luz hasta que Capraro restableció el alumbrado público mediante un generador de su aserradero”. Para 1930, prestaba el servicio eléctrico San Martín y Compañía, desde una usina que funcionaba en Puerto Moreno.
“Siguiendo con el tema de los servicios públicos, aunque avancemos en el tiempo, consignamos que el primer servicio telefónico fue instalado en 1927 o 1928 por la empresa constituida por Alberto Zimmermann, Dodi y Arosti, todos naturales de Patagones. Los teléfonos eran manuales y el número de abonados, unos veinticuatro. La señora Zimmermann oficiaba de telefonista y luego la reemplazaron sus hijos mayores, Alberto y Arturo”. Apenas 24 domicilios privilegiados… La recordada ENTEL recién se constituyó en 1946.