2022-03-06

LA CACICA QUE TRATÓ CON FITZ ROY Y DARWIN

María marcaba la cancha a loberos y exploradores

Ejerció el poder político entre su gente en las primeras décadas del siglo XIX. No hay registros de otra mujer que condujera pueblos indígenas, ni antes ni después.

Lee también: La sorprendente historia de la cacica María

Única en su tiempo, es posible que la así llamada cacica María accediera a la jefatura entre los aonikenks por cuestiones hereditarias, pero en las primeras décadas del siglo XIX, debió reunir muchas otras cualidades para permanecer en el ejercicio del liderazgo. De hecho, se dice que alcanzó a disfrutar de considerable reconocimiento entre sus pares masculinos y, además, entre los rioplatenses o europeos con los que trató.

Aportó nuevas perspectivas sobre la historia de tan singular personaje la historiadora Silvana Buscaglia, autora de un texto académico al que tituló “El origen de la cacica María y su familia. Una aproximación genealógica (Patagonia, siglos XVIII-XIX)”. Su contribución está disponible en la revista electrónica Corpus-Archivos virtuales de alteridad americana, edición enero-junio de 2019. Buscaglia es investigadora del CONICET.

“Indagando en la bibliografía y la documentación histórica, María podría llegar a ser el único caso registrado –al menos hasta el momento– de una mujer detentando una jefatura indígena en la Patagonia meridional”, resalta su texto. Sobre cómo accedió al cacicazgo, especuló la historiadora que “posiblemente, María llegó a ocupar un lugar de liderazgo entre los tehuelches meridionales como resultado de prácticas consuetudinarias relacionadas al carácter hereditario del poder, al menos en el caso de su familia y su linaje. Sin embargo, ello no habría resultado suficiente para alcanzar el reconocimiento que tuvo entre sus pares”.

En efecto, muy lejos del estereotipo del indígena ignorante, “María supo entender los cambios que se estaban produciendo en la Patagonia de la primera mitad del siglo XIX, de la mano del implacable avance del capitalismo internacional en la región”, aportó Buscaglia. “Entre otras cosas, organizó de forma sistemática el comercio activo con loberos y tripulaciones de todo tipo de embarcaciones que circulaban por la costa patagónica”.

En su desempeño como portavoz de su gente, María trató con el mismísimo Robert Fitz Roy y sus camaradas. “Fue precisamente la habilidad de María para relacionarse con marinos, exploradores, comerciantes y viajeros, uno de los principales aspectos que la han posicionado como un personaje singular y a la altura –en términos de estatus y poder– de renombrados caciques patagónicos”, resalta la investigación.

Si intercambió con Fitz Roy, obviamente también debió llamar la atención de un pasajero relevante de aquellos bajeles. La bahía de San Gregorio fue “escenario para el encuentro de María y su gente con la tripulación del buque oceanográfico HMS Adventure, el bergantín HMS Beagle y la goleta Adelaide, que integraron la exploración hidrográfica de las costas meridionales de América del Sur”. A bordo del segundo, iba un joven Charles Darwin, “a quien María tratara durante su corta estadía en suelo patagónico”, estableció Buscaglia.

Para la investigadora no hay dudas sobre el origen tehuelche del sur o aonikenk de la lideresa. Ya desde fines del siglo XVIII, su familia se había relacionado con “reconocidos marinos”, entre ellos, Alejandro Malaspina. Además, mantenía tratativas con los establecimientos coloniales de Puerto Deseado (Santa Cruz) y otros. Los datos sobre la parcialidad a la que pudo pertenecer, se remontan a fines de 1789 y principios de 1790.

Existen pocas referencias a su niñez y primera juventud. Las únicas que se conocen hasta el momento se remontan a 1792 y se deben a un oficial de la Armada. Según los escritos de José de Elizalde y Ustariz, María sería hija de un cacique a quienes los españoles llamaban Vicente y de una mujer que respondía al nombre de Cogocha. Lamentablemente, no anotó el nombre aonikenk de la niña, futura líderesa de su gente. Se calcula su nacimiento alrededor de 1789.

Se considera al de María un caso único: después de su gestión, no hay registros sobre el acceso al cacicazgo de otras mujeres entre los aonikenks. Tampoco se sabe de loncos mujeres entre los mapuches y, menos aún, entre los tehuelches del norte. Otra singularidad de la Patagonia, aunque sus antiguos moradores no la llamaban así: la cultura de los mal llamados patagones –que en Europa se consideró atrasada– era capaz de concebir a una mujer en el ejercicio del poder. Al menos, en algunos aspectos, estaba a la vanguardia.

Te puede interesar