NO SOLO EL FREY ANDUVO DE FESTEJOS
El Jakob también cumplió años
El refugio que se alza a pasos de la laguna que le da nombre, cumplió 70 años, el pasado 16 de febrero. Se inauguró ese día de 1952, también con la presencia de Emilio Frey y otros veteranos montañistas.
El Jakob también cumplió años recientemente, uno de esos aniversarios que, por ser exactos, se consideran más relevantes: el 70°. En efecto, el refugio, que en realidad se llama General San Martín, se inauguró el 16 de febrero de 1952, casi en la misma fecha que el Frey (17 de febrero), pero cinco años antes. Tan significativo cumpleaños se produjo el miércoles de la semana pasada.
La laguna en cuyas cercanías se encuentra “recuerda al doctor Christofredo Jakob, un científico que dictó clases en las universidades de La Plata y Buenos Aires” y que, además de sus tareas docentes, “exploró la zona de Tronador, Pampa Linda y los lagos Moreno y Nahuel”. En “Las montañas de Bariloche” (Editorial Caleuche-2021), Toncek Arko informa que cuando el ferrocarril llegó a esta ciudad, Jakob eligió alejarse. “Hay demasiados turistas, demasiado ruido”, decía. ¡Qué no diría hoy!
Después de hacer montañismo en los Andes cuyanos, “Jakob fue el descubridor de la laguna que, años más tarde, fue bautizada con su nombre por Otto Meiling y José Federico Finó, cuando la visitaron en enero de 1941”, establece el racconto de Arko. En tanto, “el refugio comenzó a construirse en el verano de 1950. Los trabajos estuvieron a cargo de Santiago Mulazzi, secundado por Emilio Hernández y Pedro Strukelj”. El último sería, unos años después, el primer refugiero del Frey.
“La comisión directiva del CAB apoyó con entusiasmo la construcción del pequeño refugio, de 30 metros cuadrados, y a su inauguración subieron unas 50 personas, entre las cuales se encontraban los ya octogenarios Carlos Markstahler y Emilio Frey”. El segundo dejó su parecer en el anuario 1953 de la entidad montañera y resaltó “la generosidad de los asociados que nos han ayudado en la obra y cuya nómina de donantes figura en el libro de oro del refugio, para que sirva de ejemplo a las futuras generaciones, pues habiendo voluntad, es posible hacer obra”.
Tocó que también Strukelj fuera el primer refugiero, quien fue sucedido por Pedro Heinzle, Anselmo Weber, Mario Piccolli, Mario Podestá y Alberto Toroba, Félix González Bonorino, Gerardo “Chulengo” y Andrés Lamuniere, Claudio Fidani y Osvaldo “Cepillo” Gentile. Junto con su familia, Fidani continúa a cargo de la concesión en la actualidad. La primera ampliación se hizo a fines de la misma década: una cocina y un pequeño salón comedor de 4x3 metros.
Luego, en 1981, una reforma más significativa corrió por cuenta de los hermanos Lamuniere: sumaron un depósito y dependencias para el refugiero. Más tarde, “entre 1985 y 1990, Fidani y Gentile se encargaron de la ampliación grande del refugio. La obra se hizo con el sistema tradicional y la mayoría de los materiales se subieron por el sendero, a caballo y a ‘lomo de mochilero’”, ironiza el texto de Arko.
En efecto, “decenas de amigos de Claudio y Osvaldo subieron troncos cortados en el bosque inferior. Varios subieron 3 o 4 ‘palos’ en un mismo día. Un trabajo muy agotador, pero habitual en montaña”, aclaró el autor. En esa oportunidad, “el refugio también se construyó a pulmón, con decenas de voluntarios colaborando con los profesionales que dirigieron los trabajos. Fue el último refugio grande construido en el Parque (Nacional Nahuel Huapi) con este sistema, usado en el antaño para construir los refugios Frey, Laguna Negra y Otto Meiling”.
La síntesis de Arko no rehúye la polémica página reciente de la historia. “En julio de 2017, el refugio fue incendiado, lo mismo que el Neumeyer, por un grupo de delincuentes que pretenden ocultarse detrás de la comunidad mapuche. Desde el CAB promovieron su reconstrucción, medida que fue apoyada por Claudio Fidani y toda la comunidad de montaña”, asevera.
Los tiempos habían cambiado. “Merced a la experiencia adquirida con la construcción del refugio Agostino Rocca (Paso de las Nubes) se diagramó un ejecutivo plan de acción y el inmueble fue reconstruido durante el verano. El 21 de abril se inauguraron las nuevas instalaciones”. En marzo de 2020 se estableció un paréntesis al que todos conocimos. Cuando se cerró, la historia del Jakob –nadie le dice San Martín– retomó su escritura.