PILCANIYEU, 152 AÑOS ATRÁS
Borracheras de chicha, intentos de robo y política
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En marzo de 1870 confluyeron en el sitio donde hoy se emplaza la localidad de Línea Sur, grupos mapuches, tehuelches del sur y del norte. Iban en dirección a Las Manzanas, a parlamentar con Sayhueque. En pocos días, pasó de todo.
Mientras centenares de mapuches, tehuelches del sur y del norte permanecieron en Pilcaniyeu (Geylum), tuvieron lugar acontecimientos festivos, intentos de robo entre toldos, almuerzos más bien frugales y hechos políticos. Las alternativas tuvieron lugar en marzo de 1870, cuando caravanas de los tres pueblos se dirigían hacia la ruca de Sayhueque, sita por entonces en cercanías del arroyo Quemquemtreu (no confundir con el de nombre similar, cercano a El Bolsón).
Sabemos de esos pormenores gracias al diario de viaje que legó George Musters, marino inglés que estaba inserto en la partida de los aonikenk (tehuelches del sur), en particular, en el toldo del jefe Casimiro. “Al día siguiente de nuestra llegada a Geylum vino del norte una partida de manzaneros o araucanos con sidra fabricada por ellos y guardada en cueros de oveja, manzanas y piñones, para traficar con eso”. Según el europeo, la abundancia de chicha provocó “una francachela escandalosa”.
Quizá fuera el exceso alcohólico el que indujo un hecho delictivo, finalmente frustrado. “A la noche se hizo una tentativa, casi afortunada, para robar en nuestro toldo; pero una de las mujeres, que estaba despierta, oyó al ladrón en sus esfuerzos por introducirse en la parte trasera de los dormitorios, donde estaban depositadas unas mantas recién concluidas. La mujer dio la alarma a dos de los hombres, que trataron de apresar al ladrón en ciernes, que, al sentir las voces, huyó velozmente”. El sorprendido cosechó además “una herida profunda en el hombro”, que más tarde, permitió su identificación.
Siempre el mismo día, “Foyel me invitó a beber a su costa, pero solo me dejé estar en su toldo lo suficiente para no faltar a la etiqueta; y me retiré a hacer compañía a Hinchel, que no quería beber y se había quedado al lado del fuego”. El primero era la célebre autoridad mapuche, hijo del lonco Paillacan y pariente tanto de Sayhueque como de Inacayal, quien aguardaba a los viajeros del otro lado del Limay, a la altura de Paso Flores. En tanto, Hinchel aparece en otras crónicas como Sinchel, y era jefe entre los gününa küna (tehuelches del norte).
El marino se entretuvo en una charla con su compañero de fogata: “Conversamos esa vez, me contó que, muchos años antes, aquel lugar había sido teatro de una gran batalla entre los tehuelches y los manzanares, en la que él, aunque solo era un muchacho entonces, había sido volteado por una bola perdida y había recibido un lanzazo estando en el suelo; esa batalla había terminado con la victoria de los tehuelches”, resaltó Musters.
Al día siguiente, el europeo compartió el almuerzo con Margarita Foyel, célebre hija del lonco, en un episodio al que ya nos referimos meses atrás en El Cordillerano. Luego, se enviaron dos mensajeros en dirección a los toldos de Sayhueque, quienes retornaron el 25 de marzo. Recordemos que transcurría 1870. El gran parlamento se fijó para el 2 de abril, en el actual sur neuquino.
El marino británico no guardó un buen recuerdo de su estancia en el espacio donde hoy se erige Pilcaniyeu. “Pasamos en Geylum varios días desagradables de mucha hambre antes de la partida; había poca caza en las inmediaciones, y el tiempo era frío y húmedo, con una que otra nevada”. Y eso que recién comenzaba el otoño… “Durante dos días enteros, Casimiro, Meña y yo, que éramos comúnmente compañeros de mesa, no tuvimos para comer más que un armadillo y unos cuantos pescados que saqué yo de un charo en el arroyo”. El nombrado en segundo término era un acompañante chileno de la partida.
Las penurias terminaron cuando “partimos todos, completamente equipados, en viaje a Las Manzanas; los indios unidos sumaban 250 hombres, e íbamos sin toldos ni bagaje, y preparados para una marcha ligera, con solo unos cuantos caballos de repuesto. Se cargó algunos caballos con cubiertas para toldos, mantas, etcétera, que las mujeres esperaban vender con ventaja a los araucanos”.
Si bien la mayoría permaneció en las tolderías de Pilcaniyeu, “unas cuantas mujeres formaban parte de la expedición para hacer el negocio, quedándose en el campamento una guardia de cerca de cuarenta hombres para proveer de alimento a las mujeres y niños que iban a esperar allí nuestro regreso”. Los aonikenk tenían previsto continuar hacia Carmen de Patagones, después del gran parlamento en Las Manzanas. Pero esa, esa es otra historia, que también tiene bastante más que 101 años de antigüedad.