MOZETICH, KERHART Y ROCHA EXPONEN EN SALA FREY
“Hierofanías” o de lo sagrado en la cotidianeidad
Con curaduría de Débora Alegret, cada artista aborda desde sus lenguajes conexiones “con el lado misterioso de la vida”. Se puede visitar hasta el 28 de febrero.
Hasta el 28 de febrero se podrá visitar en la sala Frey “Hierofanías, revelaciones de lo posible”. La muestra reúne trabajos de Moma Mozetich, Walter Kerhart y Cris Rocha, con curaduría de Débora Alegret. Como suele suceder en las muestras conjuntas, conviven distintos lenguajes plásticos, aunque con el hilo conductor que propuso la curadora: a través de sus trabajos, los tres artistas “evidencian una búsqueda que devela ciertos estados de conciencia mística”, según el texto que da la bienvenida al visitante.
Con un ritmo de exposición envidiable en los últimos meses, Mozetich participa con “dos instalaciones y una obra de grabado. La primera instalación se llama Cruda, es un barco con una vela, una pintura y un dibujo que tiene 10 por 1,50 metros”, le dijo a El Cordillerano. “La segunda se llama Territorio y está compuesta por linos dibujados con tinta y pintados con acrílico”, describió.
En cuanto a los conceptos, “Cruda es una especie de autorretrato en el que abordo mi proceso productivo desde que empecé a pintar, o sea, el lugar donde me encontré por primera vez con el barco o con el naufragio. Por eso hay un retrato que se llama Yo nave, es algo que engloba toda la obra que he ido produciendo a lo largo de todos estos años”. Quizás haga falta recordar que la artista es oriunda de Necochea, en la costa bonaerense.
Desde ya, “la selección la hicimos junto con Débora, tratando de trabajar lo sagrado en lo cotidiano. En el caso de la serie Territorio, es mi caminar diario para hacer un duelo y en el otro caso, es más críptico, así que lo voy a dejar ahí”, se excusó. Los gofrados presentes en el espacio, refieren a “la casa como refugio, el lugar, la montaña, el caminar, el juego de la casa que se porta, la propiedad horizontal absurda. Lo mínimo, la síntesis como elección, lo importante, lo que queda al final del camino, poco, pequeño, finalmente un refugio de hogar”. Toda una proclama.
En primer plano, uno de los aportes de Kerhart. Foto: Facundo Pardo.
En cuanto a Rocha, las y los observadores se encontrarán con siluetas familiares. “Estoy exponiendo dos trabajos diferentes. Uno es el que vengo desarrollando hace muchos años: los altares de mis santas paganas. En este momento, estoy exponiendo 11, pero a diferencia de otras muestras, están todos juntos en un gran altar, cada pequeño altarcito termina conformando un gran altar”. Su presencia es imponente.
“Me mueve a hacer estas santas el tiempo desacralizado en que vivimos, cuando nos cuesta encontrar algo en qué creer y a la vez, hay una necesidad en todos de, justamente, tener a alguien en quien confiar, en quien creer y remitirnos cuando alguien necesita o está buscando algo más espiritual”, definió la artista. “Al gran altar lo llamé Santas paganas. Tiempos de invocación. Creo que la gente, cuando ve ese altar, siente algo en profundidad, porque recibí muchas devoluciones muy hermosas. Provoca una sensación de que algo está en orden, así lo siento”, compartió.
Su otro aporte, sito antes de ingresar al último ambiente de la sala, “se llama El enigma de las piedras. Pienso que para todo lo que nos rodea, sean plantas, animales o minerales, mi mirada es horizontal. No por ser humana me considero por encima, el sentimiento que tengo es que somos iguales. Las piedras siempre me llamaron la atención, muchas veces camino y voy juntando, tengo un montón que después dialogan entre ellas y juegan”.
Con la recolección y disposición, “empezó la cosa de empezar a pensar qué pasa con las piedras como algo enigmático, que pertenece al mundo terrestre y aéreo”, estimó Rocha. “Es empezar a ver las cosas desde otro lugar, sacar al ser humano del centro único del universo”, definió. La serie en cuestión “es un trabajo nuevo, está en desarrollo y lo muestro con mucho pudor, pero también tuvo repercusión, porque mucha gente me hizo comentarios”.
“Las tres propuestas nos muestran un curioso desvío, las obras se adentran con destreza en nuestra realidad para dar luz a cada vivencia sagrada, la propia y la colectiva”, añade por su parte, el texto de Alegret. La sala Frey puede visitarse de lunes a viernes de 8 a 15 y de 18 a 20, más los sábados, también de 18 a 20. Los conceptos que compartió Kerhart pueden leerse en otro espacio de El Cordillerano, ya que fue la primera vez que intercambiamos con el artista. Como todo rito, “Hierofanías” hace de nuestro pequeño mundo, “un lugar fiable”.