¿QUIÉN FUE EL PRIMERO EN HACER CUMBRE EN EL TRONADOR?
Una historia de hallazgos, muertes y sorpresas
Si bien se conocía la existencia del cerro hacía mucho, con finalidades científicas se empezó a merodearlo a fines del siglo XIX y principios del XX. No obstante, recién en 1934 develó íntegramente sus secretos.
La exploración con finalidades científicas del cerro Tronador comenzó en la época de las comisiones de límites, cuando la Argentina y Chile trabajaban para establecer sus fronteras, a fines del siglo XIX y principios del XX. Al parecer, el primer visitante en este marco fue Federico Juan Steffen en 1893, cuando reconoció el ventisquero del río Frías, “descubrió” el Paso de la Nubes y especuló sobre el recorrido que hacían los cursos fluviales que nacen al sur y sudeste de la montaña.
Los primeros intentos por mapear al Tronador con alguna precisión corrieron por cuenta de Leo Wehrli y, más tarde, por integrantes de la expedición que lideró Bailey Willis. Pero profundizó su conocimiento con ocho intentos de escalamiento Federico Reichert, a partir de 1909. En compañía de Robert Helbling y Fritz Bade, la primera tentativa partió de Casa Pangue (Peulla) y, luego, siguió el ventisquero que desemboca en el valle lateral del río Peulla.
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En aquellos tiempos, no había posibilidades tecnológicas de prever el comportamiento del clima y los expedicionarios desistieron de su cometido a los 2000 metros. No obstante, sacaron como conclusión que esa ruta no era conveniente, ante la probabilidad de avalanchas de hielo, según estableció Juan Martín Biedma en “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004).
El segundo intento se puso en marcha el 28 de enero de 1911. En esta oportunidad, Reichert partió con la compañía exclusiva de un caminante oriundo de Chiloé. Repitieron el trayecto anterior, atravesaron el glaciar del río Blanco Chico y llegaron a los 3360 metros sobre el nivel del mar, a tan solo 80 metros de la cumbre. En ese punto, dieron con “una muralla de rocas lisas casi perpendiculares” que les impidió “alcanzar la cumbre principal, muy cercana”.
Además, el compañero del montañista alemán estaba prácticamente ciego, como consecuencia del brillo de la nieve. En consecuencia, se decidió el retorno. Desde 1934, el trayecto que separa el pico Principal del Chileno o Matteoda, se denomina Portezuelo Reichert. En 1922, al protagonizar otro ascenso, el andinista encontró partículas de azufre de origen volcánico, hallazgo que confirmó “la naturaleza volcánica” del Tronador.
Reichert había llegado a la Argentina por invitación de Wenceslao Escalante, ministro del Interior en la segunda presidencia de Julio Roca. Era químico y sociólogo y, como docente, enseñó en el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria. Antes de llegar al país, ya tenía experiencia como alpinista e inclusive, conocía las montañas del Cáucaso. A los Andes los recorrió desde Atacama hasta el estrecho de Magallanes.
A pesar de sus antecedentes y destreza, tocó que otro montañista fuera el que conquistara la cumbre del antiguo Anon. En efecto, corría 1934 cuando “se produce la increíble hazaña de Germán Claussen, que conquista solo la cumbre en la cual pasa la noche, venciendo la mole andina que había derrotado a tantos escaladores y aún cobrando vidas”, sintetizó Biedma. Claussen dejó el relato de su hazaña.
Entre otras cosas, anotó: “Durante la noche me concreto a observar el pico principal, que se compone de cuatro mogotitos agrupados hacia el oeste, abarcando la cumbre unos 40 metros de largo, aproximadamente. Piedra viva no aflora en el pico y calculo que el espesor del hielo en la cumbre es de unos 40 metros y de mucha edad; siglos posiblemente”. A las 7:30 del día siguiente, emprendió el regreso. Tanta historia merecería un poco más de respeto del que recibió el monte Tronador en las últimas semanas.