2022-01-06

ASTRÓNOMOS ANTES QUE MAGOS Y SACERDOTES ANTES QUE REYES

Los enigmáticos orígenes de Gaspar, Melchor y Baltasar

En los escritos bíblicos no hay menciones a su número ni a su nombre. Muy probablemente, se llamaron de otra manera y provinieran de sitios que hoy se perciben como conflictivos: Irán e Irak.

La tradición que celebra a los Reyes Magos a veces coincide con los relatos bíblicos, pero en general no. La narración que convierte en festivo al 6 de enero tiene su origen en una cita de San Mateo, uno de los cuatro evangelios que la Iglesia admite como válidos. Sin embargo, el texto no hace mención alguna al número exacto de magos que concurrió a Belén para honrar a Jesús; el apóstol tampoco se refirió a su condición real ni mencionó a Gaspar, Melchor o Baltasar, menos aún a sus orígenes o nacionalidades, fecha de la visita ni destino posterior.

La ausencia de definiciones motivó que en distintas representaciones iconográficas que se realizaron durante los siglos III y IV, aparecieran dos, tres y hasta cuatro magos. Sin embargo, en los primeros tiempos la interpretación fue bastante libre, ya que otras fuentes cristianas, en particular sirias y armenias, imaginaron doce reyes, porque asociaron a los adoradores con las doce tribus de Israel o los doce apóstoles.

Los cristianos de Egipto los calcularon en 60. Recién a partir del siglo III comenzó a institucionalizarse la tríada. Le correspondió esa tarea al teólogo Orígenes, quien vivió entre 185 y 253 y precisamente, estableció que los magos eran tres. Como el texto de Mateo menciona que Jesús recibió la misma cantidad de regalos, es decir, oro, incienso y mirra, terminó por aceptarse su versión.

No obstante, puede argumentarse que como se trata de sustantivos incontables, pudieron ser decenas los adoradores que coincidieron en regalar diversas cantidades de oro, de incienso o de mirra. Gramos o kilos… El mismo relato se reprodujo en Israel y Palestina, pero adquirió formas singulares en Siria, Egipto y Armenia. Por otro lado, es casi seguro que Melchor, Gaspar y Baltasar no se llamaron de esa manera.

Como mencionábamos, Mateo no se tomó el trabajo de estampar su identidad. Es más, esos nombres son relativamente nuevos. Los investigadores apuntan que tales identificaciones aparecieron por vez primera en un códice del siglo VII que se encontró en la Biblioteca de París. Y como podría suponerse, cada tradición cristiana llamó a los enigmáticos personajes de diversa manera.

En griego recibieron las denominaciones de Appellicon, Amerín y Damascón. En hebreo, Magalath, Galgalath y Serakin. Aunque la veracidad de esos apelativos también es muy relativa porque según las interpretaciones más difundidas, los Reyes Magos no eran hebreos, más bien se les atribuye el carácter de astrólogos babilonios o sacerdotes persas. Quiere decir que difícilmente llevaran nombres en hebreo.

También se considera que eran hombres ilustrados en materia de astronomía, pero no desde la perspectiva de las ciencias modernas, sino desde un ángulo espiritual. Dos milenios y monedas atrás, se consideraba magos no a los que tiene la capacidad de sacar conejos del interior de una galera, sino a quienes sabían interpretar el mensaje de las estrellas. “Magoi” es un término de origen griego que puede significar matemático, astrónomo o astrólogo.

Mucho tiempo después, Tertuliano afirmó que los magos debían ser reyes que procedían de Oriente, de las mismas latitudes que en tiempos recientes, Occidente ahoga en sangre periódicamente. De hecho, Persia es Irán y Babilonia, quedaba en el actual Irak. Fue después de Tertuliano que se impuso la postura de considerar reyes a quienes adoraron a Jesús en el pesebre de Belén. Pero insistimos en que Mateo no afirmó nada al respecto, aunque es verdad que los magos -en el sentido histórico- poseían mucha influencia.

Visto desde hoy, parece mentira, pero dos milenios atrás, babilónicos y judíos tenían muchas cosas en común e Israel sufría la ocupación romana. Otros relatos consideran a los magos hombres de Persia, es decir, Irán, porque en verdad, muchas de las costumbres que se recrean en Navidad tienen su origen en tradiciones culturales anteriores al cristianismo. No hay nada de malo en esa continuidad.

En los comienzos de la narración de los Reyes Magos, se representaba a los tres como pertenecientes a una misma raza. Con el paso del tiempo, se los pensó como un anciano (Melchor), un joven blanco (Gaspar) y un afro de barba espesa (Baltasar) para simbolizar la universalidad de la humanidad. Más allá de la frontera borrosa entre realidad histórica y construcción cultural, que ningún niña o niño se quede sin su regalo.

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