NO PARA DE DAR FUNCIONES
Las Pascualas, el dúo que imprime saracatunga al teatro barilochense
Helena Benito y Flor Mazzone armaron una obra breve para bares cuando no podían dar clases de teatro a raíz de la pandemia. Desde entonces, puesta y dupla no hacen más que crecer y crecer.
Las Pascualas irrumpieron en escena en agosto último y hay que creerles cuando dicen que, desde entonces, no paran. Su calendario próximo da fe: jueves y sábado estarán en Casa Taique (Mitre 321) a partir de las 21 y el viernes (14) se presentarán en Estación Araucanía. Habrá más shows en Bariloche durante el resto de enero, pero en febrero, Flor Mazzone y Helena Benito apuntarán hacia Las Grutas. ¿Qué hay detrás de semejante dinamismo?
El Cordillerano dialogó con las actrices, quienes repasaron los orígenes del dúo. “Comenzamos a dar clases juntas en marzo del año pasado. En el medio, hubo un confinamiento otoñal que nos trajo una crisis teatral bastante importante, ante la imposibilidad de desarrollar nuestro trabajo. Las salas aún no estaban habilitadas, así que decidimos armar un número pequeño para actuar en bares. Ahí nacieron Las Pascualas, la manera que encontramos para sacar adelante nuestro trabajo”, sintetizaron.
La historia puertas afuera arrancó cuatro meses atrás. “En agosto fue nuestra primera presentación, que duraba unos 15 minutos. A partir de entonces, no paramos. Nos entusiasmó el proyecto y fue creciendo muy rápidamente, se convirtió en una obra de 60 minutos que hoy en día, presentamos en salas, centros culturales, bares, restoranes, cumpleaños o diversos eventos. También volvimos a la actividad docente, con Las Pascualas en pleno crecimiento”, señalaron.
La propuesta lleva como título “Pascualas: teatro, humor y saracatunga”. Propone “una especie de zapping teatral, con diversos personajes caricaturescos, estereotipados y grotescos, todos en relación a la pandemia y la actualidad”, apuntaron. “Nos interesa hablar de aquellos frentes o temas sociales que nos convocan a partir del humor, porque el canal que encontramos para comunicar es la risa”, proclamaron las jóvenes actrices.
Para la dupla, “pese a lo espeso, duro y terrible que puede ser el presente, la risa se vuelve vehículo a la hora de llevar estos temas a la escena. Nos divertimos mucho trabajando, realmente disfrutamos hacer Las Pascualas y el intercambio con el público. Para nosotras Las Pascualas es un puente, una ventana hacia el otre (sic). Hacer teatro también es tener consciencia de que estamos comunicando un mensaje. Llevar a escena aquello que queremos defender es muy importante”, subrayaron.
“Pascualas” la obra, no termina de cambiar. “Como en un principio fue pensada para el contexto de un bar, adoptó una forma bastante dinámica. Tiene ritmos y matices que cambian en lapsos cortos y cada uno de los personajes lleva una intensidad particular que nos caracteriza”, resaltó el tándem. “Dar clases nos hace estar cerca de muchas edades y estas experiencias nos ayudan a acercarnos a los temas que están en boga en las nuevas generaciones. A la hora de crear, tratamos de tener muy presente este costado de la sociedad”, señalaron las artistas.
Juzgó la dupla que “hoy en día, la adolescencia, la niñez y la juventud están rodeadas de estímulos constantes. Disparadores sonoros y visuales aparecen por doquier, algo de esto intentamos extraer para llevarlo a la escena y constituye también el espíritu pascualero. Es una historia detrás de otra, son diversos personajes que encarnamos entre las dos, serán unos 17 en total, que van variando función a función. Algunos aparecen específicamente para contar algo y otros perduran”, describieron.
En la faena, “Las Pascualas somos Flor y Helena armándose y desarmándose, poniéndose y sacándose vestuarios, para estar al servicio de lo que queremos contar. Convirtiéndose en vehículo para comunicar, a disposición de la escena, para hacer llegar la risa. Hoy ya estamos más corridas del formato bar, por lo que nos permitimos jugar otros ritmos y silencios, dado que los espacios que estamos habitando también lo permiten”, admitieron.
Como podría preverse, “nunca es la misma función, porque cada una está teñida por el presente. Si es invierno, si es verano, si pasó algo a nivel climático o político, si estamos en épocas festivas, laborales o de vacaciones. Lo que nos sucede en nuestro día a día es terreno fértil para la creación”. De ahí que “las cuestiones pandémicas se encuentran intrínsecamente relacionadas con la obra”.
Nombre tan casero tiene una explicación de la misma índole. “Pascuala era la bisabuela de Helena. Resulta que había una amiga de Pascuala que siempre que llegaba a la casa decía: ¡ay, Pascuala! ¡Cómo comen estos chicos! El término ay Pascuala fue adoptado por la familia y, en consecuencia, por amigos cercanos. Al instante de conocernos, lo incorporé y en cada nuevo encuentro, se transformó en saludo: ¡hola Pascuala! De a poco se fue metiendo en nuestros juegos diarios y así llegó a la escena”, comentó Mazzone. En todas las escenas y a un ritmo vertiginoso.